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Entre todos la mataron pero ella sola se murió: sobre el asesinato de una mujer en fuga llamada Ana Angélica Bello Agudelo

lunes 11 de marzo de 2013 El pasado 18 de febrero murió en extrañas circunstancias Ana Angélica Bello Agudelo, directora de la Fundación Nacional Defensora de los Derechos Humanos de la Mujer en Colombia. Tras denunciar amenazas, Bello Agudelo vivía acosada y perseguida. Hoy, su compañera de lucha Ángela María Botero Pulgarín va más allá del suceso y nos explica qué significa esta terrible muerte.

Ana Angélica Bello Agudelo

Ana Angélica Bello Agudelo

Por Ángela María Botero Pulgarín

Esta frase, esta sentencia, esta manera de decir tan terrible queda que ni pintada para resumir lo que ha pasado con la vida, tortura y muerte de nuestra compañera Ana Angélica Bello Agudelo, hoy más que nunca compañera a la que nunca miré a los ojos y que siempre tendré en la retina de mi corazón.

No voy a narrar lo que ella nos contó entre lágrimas, entre amenazas, entre huidas. No voy a olvidar lo que los asesinos le hicieron a ella y a sus hijas pretendiendo que ellas no contarán. Pero ellas cuentan, nosotras contamos lo que nos pasa ya que para la justicia y para la sociedad no contamos. Pareciera que somos mujeres no contadas aunque nos cansemos de contar lo que nos hacen ante nuestra imposibilidad de defendernos de este concierto para delinquir en nuestro cuerpo lastimado por siglos de ignominia. 

El violador sexual tortura siempre, no sólo en el acto de imponer su pene, en el acto de eyacular en y dentro de nuestro miedo. Miedo e indefensión que nos convierte en un hueco, en orificio, en una cosa sobre la que se venga e impone el poder del machismo entero. (El) los violadores que hacen del sexo su arma de dominio y control, saben que están más protegidos que la víctima. Saben que el patriarcado y los patriarcas jurídicos pedirán las pruebas a la víctima y por eso nos hacen tragar las pruebas de su excremento para hacer el mayor daño posible borrando las evidencias que saben que nadie se va molestar en encontrar. Ellos saben que el miedo como telón de fondo ya está asegurado y también saben que el acceso a la justicia por parte de las mujeres es una violación más, saben que es tan vergonzoso lo que nos hacen que rara vez nos atrevemos a contar y saben más aún, por ejemplo que el estupro es un mito que el patriarcado fórmula para mantener la amenaza sobre las mujeres que cuentan. 

A las mujeres que nos atrevemos a contar se nos pone en duda, se nos re-contra-victimiza. El miedo, la duda, la religión, las leyes nos revictimizan a tal punto que muchas de nosotras parimos hijos del enemigo por miedo al castigo divino y hasta los curas nos convencen de que así lo quiso dios, pero NO mujeres: así nos quiere el patriarcado, heridas, desempoderadas y pariendo hijos para sus guerras. La colonización de nuestros cuerpos nos ha llevado a que las mujeres mismas nos sintamos culpables y a que, muchas veces, la familia, la sociedad y los aparatos judiciales así lo respalden para no hacer nada pensando que negar la acción oculta el problema cuando lo que hace realmente es culpar a la víctima y convencernos de no pedir justicia, de que para eso no hay tiempo ni ganas. El pacto de silencio llega, es mejor no decir nada, pues nosotras las mujeres violadas en nuestra carne y en nuestra alma tampoco nos lo queremos creer. Todas luchamos por olvidar lo que el cuerpo recuerda.

Sí señores y señoras del poder patriarcal, las mujeres le tenemos miedo a la violencia y sobre todo a la violación de nuestros cuerpos y de nuestra vida, eso ustedes lo saben y abusan de su poder y crueldad para que las victimas les guarden el secreto pues es como se nos ha enseñado: “si no quiere caldo se le dan dos tazas”, por eso a Ana Angélica le dieron más de lo mismo hasta agotarla.

Ella, la matada a tramos, la asesinada a cálculo perfecto, tenía mi misma edad, 45 años y la mayor parte de ellos huyendo, corriendo de aquí para allá. Yo, contrario a ella estoy viva y atravesé la frontera, pues todas las mujeres violadas queremos huir, unas lo logramos, otras no. Para muchas de nosotras es posible la seguridad al atravesar fronteras, para otras es imposible y solo pueden atravesar fronteras entre pueblos y entre ciudades.

Emigrar, desplazarse, irse obligadas por las circunstancias y empujadas por la violencia es una obligación para salvaguardar la vida y los recuerdos. Mi madre me dice que la única de la familia que puede correr sola soy yo que no he tenido hijos, pero ella, Ana Angélica Bello Agudelo, no podía correr sola, pues tenía tres mujeres y un varón a los que proteger en su huida. Es muy difícil correr con cuatro encima y sin embargo ella los logró poner a salvo de la muerte pero no de la vida asignada de tortura permanente y violencia sexual. La fabricación de la muerte de la abogada Ana Angélica Bello Agudelo ha sido lenta, truculenta, sediciosa, ensañada. Porque sea como sea estoy segura que ella no decidió matarse, la decisión la tomaron otros por ella y desde hace mucho tiempo y no la supimos proteger.

Así que: señores machistas de la injusticia pueden hacer algo o todavía, con todas las pruebas a mano, ¿quieren seguir argumentando que esto nos pasa por bocazas, por atrevernos y porque nos lo merecemos? y no por ser mujeres, y que ustedes lo hacen por venganza y no por ser machos. Cabe en este plural quienes son capaces de justificar y defender las violaciones y los asesinatos de las mujeres que sólo queremos justicia, libertad y bienestar para la humanidad.

Dejo aquí mi reflexión sólo por el cansancio y para descargar mi rabia y mis saberes como una oración a las muertas y a las sobrevivientes de esta masacre, de este FEMINICIDIO anunciado, de esta represalia, de esta triste realidad con un conocido titulo de García Marquez “ la increíble y triste historia de Ana Angélica Bello Agudelo y los violadores desalmados”. Hoy que me siento más huérfana que ayer y a la vez más fuerte para escribir sin miedo.

 

**Ángela María Botero Pulgarín pertenece a la Red Colombiana por los Derechos Sexuales y Reproductivos y en España a las asociaciones Génera y Enlaces

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