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Evo Morales, la mirada al frente

miércoles 23 de marzo de 2011 Hay un antes y un después en Bolivia marcado por el acceso a la presidencia de Evo Morales. probablemente sea un punto de inflexión en toda América Latina. Indígena y socialista, Morales busca un modelo propio.

Por Equipo Otramérica

Campesino, sindicalista cocalero y primer indígena que se hace con la presidencia de Bolivia, Evo Morales Ayma (1959, Orinoca) ha sido la sensación de la política latinoamericana de la primera década del siglo XXI. Objeto de pasiones y prejuicios, chanzas y loas, tiene entre sus logros algo tan intangible y poderoso como levantar la mirada del suelo, devolver el orgullo de serlo, a los indígenas de un país en el que aun siendo mayoría (el 62,2% de la población se declara indígena) jamás habían tocado o ejercido el poder público ni decidido sobre los inmensos y codiciados recursos naturales (gas, minería, petróleo). Con Morales se puso fin a la eterna exclusión de las mayorías de la toma de decisiones en Bolivia y hay quien vio en esa victoria la confirmación del 'giro a la izquierda' de América Latina.

“Aymaras, quechuas, chiquitaros, guaranies: somos presidentes, vamos a ser presidentes (...) Empieza la nueva Historia de Bolivia”. Toda una declaración de principios en su discurso de toma de posesión tras ser elegido presidente en diciembre de 2005, con casi un 54% de los votos, en los comicios de mayor participación de la historia del país de América Latina que más golpes de Estado ha sufrido desde su independencia. Para algunos de los pueblos indígenas de Bolivia lo que se está viviendo en este país es el Pachakuty, uno de los anunciados periodos de transformación radical, “el despertar de una nueva conciencia en sincronía vibracional con las deidades sagradas que retornan con la energía revitalizadora de la Pachamana (Madre Tierra) y el Tata Inti (Padre Sol)”.

Morales se ha comprometido a cambiar Bolivia y a no pasar “otros 500 años quejándonos (sic)” y para ello formalizó la nacionalización de la industria gasífera, la instauración de una nueva Carta Magna que define a Bolivia como a un “estado plurinacional y socialista”, el lanzamiento de planes de alfabetización (Yo sí puedo), construcción de viviendas, programas de atención médica a los desposeídos y reparto de tierras. La refundación del país, la defensa del uso autóctono de la hoja de coca (se suceden las campañas para eliminar la coca del listado internacional de narcóticos ilegales), la reivindicación de la tierra para los indígenas y la nacionalización de los hidrocarburos (Decreto de los héroes de Chacro), han sido máximas de sus años de Gobierno, si bien la recuperación de la explotación de la riqueza natural no se ha desarrollado hasta los extremos prometidos. Morales ha puesto al mismo nivel las instituciones tradicionales indígenas y las ‘occidentales’ (tomó posesión en dos actos diferentes siguiendo ambas lógicas o cosmovisiones), una situación que provoca roces pero que envía un mensaje de frescura desde la sede presidencial.

Entre las debilidades de su gestión se puede listar la falta de solidez de los cuadros técnicos institucionales, las fuertes presiones gremiales, los riesgos de las políticas sobre hidrocarburos y las demandas autonomistas lideradas por la derecha conservadora no indígena atrincherada en el oriente boliviano (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando). Y junto a ello, que a pesar de haber crecido en cinco años más que en cinco décadas, Bolivia apenas ha logrado revertir la pobreza de su población (un 40% en situación de pobreza extrema). Su peor momento de popularidad lo ha alcanzado en 2011 con el 'gasolinazo', una subida del precio de los hidrocarburos que llenó las calles de protestas, retrajo sus apoyos al entorno del 30% y le obligó a dar marcha atrás dentro de lo que él denomina su política de “mandar obedeciendo al pueblo”.

Una de las situaciones políticas más críticas a la que se enfrentó el Gobierno de Morales se produjo en 2008. La Crisis de la Media Luna enfrentó de forma directa al presidente con los estados que aglutinan a su oposición. Morales se negó a reconocer los referendum autonomistas convocados en las regiones del oriente, a los que consideraba ilegales y secesionistas. Todo ello en medio de fuertes episodios de violencia, enfrentamientos armados y agresiones de corte racista. La crisis quedó zanjada con un referéndum revocatorio, junto con ocho prefectos estatales, que ratificó a Morales en su cargo al obtener el 67% de los votos. Esta arriesgada jugada politica consolidó al líder, que desde entonces ha hecho grandes esfuerzos por 'recuperar' estas regiones bolivianas, con frecuentes visitas y más inversiones.

Pero los conflictos de fondo son algo más complejos que las crisis mediáticas. El enfrentamiento entre los indígenas andinos y los de las “tierras bajas”, la excesiva identificación del proceso de transformación del Estado en una entidad “plurinalcional” con la construcción de un Estado autonómico, o las políticas de megaproyectos impulsadas por el Gobierno central versus los intereses de los ayllus (forma tradicional de gobierno comunitario) son dolores de cabeza permanente para Evo Morales quien se debate entre la aceleración del proceso de cambio o la negociación con los diferentes sectores.

En política exterior, Evo Morales ha dejado clara su posición antiimperialista y su oposición a las políticas neoliberales. Algo que marcó incluso desde antes de tomar posesión al realizar sus primeras visitas como presidente electo a Cuba y Venezuela. Y aún así no ha desdeñado acuerdos con la Unión Europea, China y Sudáfrica, donde comparó el apartheid con la eterna exclusión de las mayorías indígenas en Bolivia.

A Morales no le ha temblado la mano en el escenario internacional. En noviembre de 2008 suspendió “indefinidamente” las operaciones en Bolivia del Departamento Antidroga de Estados Unidos (DEA), tras acusarlo de realizar “espionaje” y “conspiración” contra su Gobierno; y  en diciembre de 2009 Morales se sumó al bloque  de países que se opusieron al acuerdo negociado entre bambalinas en la Cumbre del Cambio Climático de Copenhague. Su respuesta fue la celebración de una gran cumbre 'paralela' de movimientos sociales en Cochabamnba, en abril de 2010, previa a la cita mundial de México de noviembre, cuyos resultados Morales volvió a desautorizar. La cita auspiciada por la ONU, "no dejará nada", sentenció entonces.

La biografía de Evo Morales es un repaso a dos décadas de las luchas de los pueblos originarios bolivianos. Fundador del MAS (socialista e indigenista), que ya en 2002 estuvo a punto de dar la presidencia a Morales (el reconoce que entonces no estaban preparados para gobernar); se fajó en las luchas sindicales cocaleras en la década de los 80 y fue un combativo líder opositor, desde que en 1997 llega al Parlamento como diputado.

Evo Morales Ayma desciende de una familia aymara. Desde niño trabajó en tareas agrícolas y era el encargado de cuidar a su rebaño de llamas. Para realizar estudios, trabajó de ladrillero, panadero y trompetero, también mostró sus dotes de buen futbolista. En 1982 su familia emigró desde el altiplano boliviano hacia la zona cocalera del Chapare (Cochabamba), donde en 1988 es nombrado secretario ejecutivo de la Federación del Trópico de Cochabamba. Ocho años después es reponsables de las seis Federaciones del Trópico. En 1997 fue elegido diputado uninominal y en enero de 2002, los partidos neoliberales lo expulsaron del Congreso Nacional. Cinco meses después, en las elecciones, el MAS, liderizado por Evo logra 36 congresistas. En las  municipales de diciembre de 2004, el MAS se convirtió en la primera fuerza política del país y el 18 de diciembre de 2005, Evo Morales rompió con todas las proyecciones políticas al vencer con el 53.7 por ciento de los votos y convertirse en el primer presidente indígena de Bolivia y América Latina.

Vitalista (entra a trabajar a las cinco de la mañana -horario de los campesino- y despacha con sus ministros antes de las ocho), combina la cosmovisión indígena cuya espiritualidad está amarrada a la Pachamama y su autodeclarado catolicismo, aunque sus críticas a la Iglesia han sido reiteradas, acusándola de ser la “principal enemiga” de las reformas que su gobierno.

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