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personajes Colombia

Juan Manuel Santos, el regreso de la burguesía

viernes 21 de enero de 2011 Santos nació para ser presidente. O al menos para tener poder. Miembro de una de las familias más influyentes en la política bogotana, el heredero de Uribe es, en realidad, su sepulturero.

Por Equipo Otramérica

Juan Manuel Santos (Bogotá, 1951) aprendió a dominar los círculos del poder desde niño, y a disfrutar haciéndolo. Heredero de la política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe, devolvió el mando de Colombia a la tradicional oligarquía bogotana y se rodeo de tecnócratas para centrar su gestión, según declara, en la economía y el desarrollo del país (Prosperidad democrática), después de liderar durante años, como ministro de Defensa de Uribe,  una política de mano dura contra la guerrilla salpicada de éxitos populares, como la liberación de Ingrid Betancourt, y de escándalos cuyo pago político supo eludir, como los falsos positivos.

Santos llegó a la presidencia de Colombia en 2010 tras 20 años de carrera política durante la que se arrimó a tres presidentes de muy diferente perfil (Gaviria, Pastrana y Uribe) e intentarlo con un cuarto, sin éxito (Samper). Sus defensores dicen que todo responde a una brillante hoja de ruta planificada desde hace años, sus detractores atribuyen su éxito a un acertado manejo de la prensa (su familia es dueña de El Tiempo y sus detractores le acusan de manipular este canal en beneficio de su carrera) y de su imagen. Todos le reconocen su habilidad para la estrategia, que lo hizo jugar una compleja partida de ajedrez político con el antioqueño Álvaro Uribe de la que salió ganador (hasta el momento).

Le acusan de pasar por encima de lo que sea, de arrogante, megalómano y egocéntrico, de trabajador duro obsesionado por el poder. Pero también de haber sido el único ministro de Defensa con un verdadero poder sobre los militares; la formación de equipos eficaces, o de no achantarse ante las decisiones difíciles. “Soy un tomador natural de riesgos”, dice de si mismo. Es  un pragmático de centro, un liberal clásico,  no necesariamente progresista.

Durante su gestión como ministro de Uribe, Santos se vio inmerso en el falso señalamiento contra el candidato del Partido Liberal Rafael Pardo (en 2006 lo acusó de estar aliado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC-, algo que las autoridades desmintieron después); en el bombardeo a campamentos de las FARC dentro de Ecuador (que acabó con la vida de Raúl Reyes, uno de los principales líderes, pero que no contó con la autorización de ese país creando un grave conflicto en la relación entre ambos Estados);  en la ‘Operación Jaque’ (donde se usó sin autorización el logo de la Cruz Roja en la liberación de Betancourt y 14 secuestrado más), y en los falsos positivos (el secuestro y asesinato de cientos de jóvenes civiles -2.436 según la Fiscalía- ajenos al conflicto armado que luego eran consignados por el Ejército como guerrilleros abatidos) que omitió por mucho tiempo, pese a que eran una práctica denunciada. Santos trató de mantenerse al margen de la parapolítica (la vinculación de numerosos cargos públicos y políticos con los paramilitares y el narcotráfico) durante años, pero acabo salpicado cuando Salvatore Mancuso Gómez, antiguo máximo jefe de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) aseguró que durante el Gobierno de Pastrana se había reunido con Santos.

Santos nació en una familia unida a la política y al periodismo desde El Tiempo, cuando éste medio marcaba la vida del país, y su  tío Eduardo Santos fue presidente de la República. Desde niño fue criado con disciplina y austeridad.

Formado como Economista y Administrador de Empresas en Estados Unidos, Santos ingresó en 1972 a la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia y durante nueve años la representó ante la Organización Internacional del Café en Londres. En 1981 regresó al país y se hizo cargo de la subdirección de El Tiempo, posicionándose como uno de los miembros más influyentes de su generación en la familia Santos.

Tras desempeñarse como periodista, incursionó a la política haciéndose miembro del Partido Liberal Colombiano, fue ministro de Comercio Exterior durante el gobierno de César Gaviria, cargo en el que impulso tratados comerciales con numerosos países y dio forma al Banco Exterior. El siguiente presidente, Ernesto Samper no contó con él, pese a que le solicitó el puesto de embajador en Estados Unidos. Durante su mandado, Santos fue protagonista de las fuertes tensiones políticas que sacudieron la presidencia de Samper (el ‘narcoescándalo’). En 1997 oficializa su precandidatura para las presidenciales del 98, aunque luego la retira y en ese año también lidera junto a Gabriel García Márquez una propuesta de diálogo con los movimientos armados. Un diálogo fracasado estrepitosamente que abordó el siguiente Gobierno, con Andrés Pastrana, del que Santos formó parte. Años más tarde, ya con Uribe, cambio drásticamente de posición y desarrolló al máximo las políticas de mano dura contra la guerrilla.

Con Pastrana fue ministro de Hacienda, cargo en el que logró devolver a Colombia una cierta estabilidad a su situación financiera, pero a costa del tejido social: más paro y más pobreza. Después de consolidarse el gobierno de Álvaro Uribe en la presidencia tras su llegada en el 2002, Santos dejó el Partido Liberal y fue uno de los creadores del Partido de la U para lograr la reelección de Uribe (los hizo con el 62,3% de los votos) a pesar de que había sido un duro opositor a la gestión de un presidente que representa todo lo opuesto a Santos (en origen, en educación y en formas de actuar).

Pero la tortilla se dio la vuelta y quienes antes se hostigaban ahora se ensalzan: Santos crea el partido de la U y Uribe le hace ministro de Defensa. Durante su gestión en ese departamento, Santos afianza su imagen de éxito al enlazar una serie de ‘partes victorioso’. También falleció durante su mandato Manuel Marulanda, alias ‘Tirofijo’ y aunque fue por causas naturales, Santos se atribuyó el debilitamiento de las FARC.

Junto a ello, elude verse salpicado por diversos escándalos, como el de los falsos positivos o la moción de censura pedida contra él por su relación con la parapolítica. Ninguno de ellos influyó, después, negativamente durante su campaña electoral para presidente.

Santos es uno de los defensores del Plan Colombia, acuerdo bilateral con Estados Unidos que data del Gobierno de Pastrana para luchar contra el narcotráfico y la guerrilla y que ha supuesto la proliferación de bases militares estadounidenses en el país y que ha generado importantes conflictos con Venezuela.

Tras dos mandatos de su jefe, Santos se presentó a las elecciones del 30 de mayo de 2010 con la promesa de continuar las políticas del uribismo y sus éxitos en la lucha contra la guerrilla, haciendo que la Seguridad Democrática desemboque en una ‘Prosperidad Democrática’, según su discurso. Santos sólo anunció su candidatura cuando la segunda reelección de Uribe se confirmó como imposible, manteniéndose en un discreto plano en la recogida de firmas que pedían un referéndum para permitir un tercer mandato. “Si Uribe decide lanzarse, cuenta con mi total apoyo; si decide no lanzarse, yo seré candidato", indicó en una comparecencia pública. En ese momento, las encuestas concedían a Santos el tercer lugar en las preferencias del electorado, por detrás del imbatible Uribe y del popular ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo Valderrama.

En las elecciones legislativas del 14 de marzo de 2010, el partido de la U logró mayoría en las dos cámaras del Congreso, 47 diputados y 28 senadores, con el 26% de los votos.

En la primera vuelta de las elecciones, Santos logró un 46,7% de los votos, frente al 21,4% de Antanas Mockus, que se reveló durante la campaña como un rival a tener en cuenta a pesar de que no partía con posibilidades. Finalmente, Santos se hizo con la presidencia el 7 de agosto de 2010 con el 69,1% de los votos.

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