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Las formas de morir de Rafael Menjívar Ochoa

jueves 28 de abril de 2011 El Salvador ha perdido varias letras de su nombre con la muerte de Rafael Menjívar Ochoa. Autor destacado de la Generación del Desencanto, Menjívar dejó de perseguir a la muerte el pasado 27 de abril.

Los héroes tienen sueño, 13 o Cualquier forma de morir son obras emblemáticas del salvadoreño Menjívar Ochoa. Tiempos de locura es un ensayo detallado sobre el periodo de guerra entre 1979 y 1981.

Por Redacción Otramérica

Los escritores escriben. Escriben y escriben y provocan palabras y paren imágenes y todas esas palabras e imágenes empiezan a comparecer a sus pies cuando el aliento se acaba, cuando la tierra cierra sus párpados antes de tiempo, o a tiempo, que nadie es quién para determinar cuándo es cuando.

Rafael Menjívar Ochoa (San Salvador, 18 de agosto de 1959-27 de abril 2011) escribió en su blog hasta el pasado 25 de febrero, dos meses antes de acabar la fiesta con la que quiso combatir al final la muerte que tanto había rondado. Escribía uns días antes del fallecimiento el escritor salvadoreño y compañero de la denominada Generación del Cinismo o del Desencanto: "La recurrencia de la muerte es evidente en muchas obras literarias de Rafael. Pero no es la muerte la gran perseguidora, sino más bien es Rafael quien ha venido persiguiéndola a ella, como uno de aquellos detectives que merodean en sus cuentos y novelas".

El hecho es que un cáncer pudo con este salvadoreño que llevaba tatuado la reciente historia de su país a su piel. Tenía acento mexicano porque su familia debió refugiarse en ese país después de que los militares obligaran a su padre, Rafael Menjívar Larín, a exiliarse en 1972 tras ser ocupada la Universidad de El Salvador que éste dirigía. Desde 1976 a 1999, Rafael Menjívar Ochoa estudió, trabajó y desarrolló una intensa actividad como escritor, periodista y traductor en México aunque entró de lleno en esa Generación del Desencanto, aquella que cogió la pluma en plena guerra y en cuya lista aparecen creadores tan importantes para la historia literaria centroamericana como el propio Miguel Huezo, Horacio Castellanos Mora o Jacinta Escudos.

El escritor deja un inmenso vacío en la vida literaria de El Salvador porque, además de sus 19 títulos propios publicados, fue el fundador y agitador de La Casa del Escritor, espacio de formación para literatos jóvenes creado en 2001. Pocos días antes de su muerte, la editorial Revuelta reeditó "Un mundo en el que el cielo cae y cae" como parte de una serie de actividades de homenaje que, al tiempo, servían para recaudar fondos para los gastos médicos a través de una red de amigos denominada Fuerza Rafa.

El escritor y fotógrafo hondureño Fabricio Estrada cuenta, aunque él no estaba presente, que en sus últimas horas de vida, Rafael Menjívar Ochoa dijo a los atribulados amigos que o acompañaban en el hospital: "Aquí no hay tristeza, vamos a irnos de aquí y vamos a armar una gran fiesta". Y murió en su casa. Estrada le escribía para que no lo alcanzara a leer: "Todo ha sido fiesta, Rafael, la fiesta brava en la que todos estamos metidos, esa muchedumbre zumbante en la que te encontraste dando mandobles a diestra y siniestra sin dejarte amedrentar. Eso es de toreros, de segador de mieses, eso es de torbellinos y de cantores arrechos, Rafael, no le parés bola si no estás, vos sabés que la música y la letra la pone Krisma y tus hijos, la poesía pues, la que tanta vida te dio".

Su compañera, la poeta salvadoreña Krisma Macía se despedía así de él en un post consignado en la red de apoyo en Facebook: "Hoy, Rafael Menjívar Ochoa emprendió su viaje hacia un lugar mejor. Mi oso gris, dejó en la tierra un legado importante para el país. Te extrañaré, corazón. Viviste lo mejor que pudiste, amaste a más no poder y te fuiste de la mejor manera: tranquilo y en paz. Yo te seguiré en algún momento, te lo prometo".

 

 

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