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personajes Agustín Carstens

Los tiburones tienen hambre

sábado 11 de junio de 2011 México está jugando duro. Quiere al director de su banco central, Agustín Carstens, al frente del FMI y denuncia que Europa ‘juega sucio’ en esta carrera por la sucesión de Strauss-Kahn. Carstens, un Chicago boy en toda regla, es un doctor en economía cuyas previsiones y políticas se encuadran con el neoliberalismo más puro. Los tiburones quieren más poder.

Por Paco Gómez Nadal

En México lo conocen como ‘doctor catarrito’. El chiste es local pero de consecuencias dramáticas. En plena crisis de mediados de los 90, Agustín Carstens, aseguró que por primera vez en la historia los catarros económicos de Estados Unidos no provocaban una neumonía en México. La historia no solo lo contradijo sino que lo rebautizó a pesar de que él después insistió en que es doctor en economía no en medicina.

Carsten es famoso por sus frases crípticas, sus metáforas forzadas y sus críticas a todo aquel que no vea la economía como él.

El que fuera Secretario de Hacienda de México ha peleado con tres premios Nobel y con la mitad de su país, que no entiende como la salida de la crisis económica pasa por gravar con impuestos a los ciudadanos de a pie y no a las instituciones financieras de riesgo. Las previsiones del secretario de Hacienda de Felipe Calderón (hasta diciembre de 2009) fueron un desastre. Primero consideró el crecimiento de México en 2009 en un 3%, después tuvo que corregir (1,5%) y la cosa terminó en un batacazo del -6%.

Con ese currículum, y con las desigualdades económicas más radicalizadas en la sociedad mexicana, a Carsten no le gustaron las críticas del Nobel Joseph Stiglitz, quien en noviembre de 2009 dijo públicamente que el manejo de la crisis en México había sido un desastre y que las subidas del IVA o del Impuesto sobre la Renta supondrían un duro golpe para la economía y, ante todo, para los mexicanos.

"Stiglitz está mal porque piensa que el único instrumento para promover el crecimiento es la política fiscal. Ése es un instrumento útil pero de alcance limitado", respondió Carstens. Otros premios Nobel de economía han criticado las decisiones económicas protagonizadas por Carstens. James Heckman calificó la economía mexicana de "lenta, altamente regulada, con alta dependencia del petróleo y enorme impacto negativo de los monopolios", Robert Engle criticó que la carga impositiva no fuera a bancos e instituciones de riesgo y en la misma línea han hablado Edmund Phelps o Eric Maskin. Y el actual director del Banco Central de México y gurú económico de Calderón, Agustín Carstens…. Sin inmutarse.

Según reseña Radio Nederland, “El debate Stiglitz-Carstens tiene en el fondo la disputa libre comercio vs. comercio justo. El 28 de mayo del 2010, en Madrid, Joseph Stiglitz ratificó sus críticas al gobierno de México y advirtió que el exceso de austeridad puede derivar en una economía débil que al final no resuelva los problemas de la sociedad, según informó el periódico La Jornada”. 

Quizá por todo esto y por su terquedad de ‘doctor en economía’, el candidato mexicano al FMI  fue abucheado por los asistentes al Espacio Puebla 2011, un foro donde volvió a insistir en que en México “no hay crisis”, aunque si reconoció que  “el reto más importante es la pobreza y los millones de mexicanos que no se han podido insertar en la modernidad y que no logran oportunidades de desarrollo”. Tal y como recuerda Radio Nederland, su sustituto al frente de la Secretaría de Hacienda, Ernesto Cordero, irritó más a la opinión pública cuando, en febrero de este año, aseguró que con 6 mil pesos al mes (equivalentes a 420 dólares), hay familias mexicanas que tienen el crédito para una vivienda, que tienen el crédito para un coche y mandan sus hijos a una escuela privada. Las declaraciones produjeron indignación o hilaridad y mostraron lo lejos que está el funcionario de la vida cotidiana de la gente.

Ya cuando Carstens pasó al Banco Central (Banxico) con un cargo que tendrá al menos hasta 2015 y Cordero se quedó en la Secretaría de Hacienda voces autorizadas, como la de José Luis Navarro, de la Universidad Popular de Puebla, fueron muy críticas con  la decisión de Calderón de nombrar a personajes “no reconocidos por una mayoría de la población mexicana”.

Carstens es, pues, un tiburón del neoliberalismo, bien visto por las instituciones internacionales y muy mal visto en México. Ha sido el representante de una mirada del mundo, basada en el Consenso de Washington y en las recetas de la Escuela de Chicago que, hasta en el FMI se están revisando por sus desastrosos resultados para la equidad y la calidad de vida de una amplia franja de la población.

Las posibilidades de que el mexicano sea el director del FMI son remotas, pero es bueno conocer quién está en la carrera.

 

 

 

 

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