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personajes Luis Guillermo Solís

¿Quién es el nuevo presidente de Costa Rica?

lunes 07 de abril de 2014 Otramérica ha tratado de explicar la extraña coyuntura que ha llevado a Luis Guillermo Solís a ser electo como presidente de Costa Rica. Este académico, "socialdemócrata" del siglo XXI, llega de manera sorpresiva y generando muchas incógnitas. Este es su perfil.

Por David Solís Aguilar

Después de la primera vuelta electoral del pasado 2 de febrero, en las que Luis Guillermo Solís, del opositor Partido Acción Ciudadana (PAC), derrotó por un estrecho margen a Johnny Araya, del oficialista Partido Liberación Nacional (PLN) –en tercer lugar quedó la izquierda con José María Villalta-, este domingo se realizó la segunda vuelta entre los dos primeros con un resultado cantado luego de que Araya anunciara el 5 de marzo que se bajaba de la campaña.

Los resultados de la segunda vuelta electoral reafirmaron a Solís como presidente electo de Costa Rica, sobrepasando el anhelo de muchos candidatos en distintas elecciones al superar el millón de votos. El candidato del PAC, primero en alcanzar la presidencia por ese partido, obtuvo en esta segunda vuelta 1.300.304 votos (77,85%), mientras que su rival, el oficialista Araya, luego de "retirarse" de la campaña el pasado 5 de marzo, obtuvo ayer 369.938 votos (22,15%), con un alto abstencionismo que excusó de las urnas al 43.29% de ciudadanos.

Con tal paliza, el presidente electo deberá enfrentar la política real, que es la que hoy inicia con más fuerza, y es la de completar gabinete y abrir caminos de diálogo con el Congreso más fraccionado en la historia del país, donde el PLN es la bancada con mayor minoría (18 escaños), seguida por el partido de Solís (13) y el izquierdista Frente Amplio (9).

Pero, ¿quién es Luis Guillermo Solís? Y, ¿qué lo convirtió en presidente electo? Sobre lo primero, se lo puede considerar como un académico valioso en el campo de las ciencias sociales y como un político algo atípico pero siempre vinculado a las movedizas arenas de la políticas costarricense. Después de formarse como historiador en la Universidad de Costa Rica al final de la década de 1970, realizó una maestría en estudios latinoamericanos en Nueva Orleans, EEUU, lo cual le agregó capacidades para el ejercicio académico de la ciencia política y las relaciones internacionales. Fue designado Jefe Gabinete de la cancillería en la primera administración de Oscar Arias Sánchez (1986-1990) y luego fue Embajador de Asuntos Centroamericanos en el mismo ministerio durante la administración de José María Figueres Olsen (1994-1998). En resumen, una carrera algo discreta pero bien posicionada en el servicio público.

En ambos periodos en los que ocupó cargos fue en gobiernos del PLN, organización a la que perteneció desde su juventud universitaria antes del giro hacia el “realismo neoliberal” en la política económica del país de la mano de los gobiernos del bipartidismo tradicional, con el PLN a la cabeza. Además, Solís ocupó diversos cargos dentro del PLN, fue subsecretario de relaciones internacionales y coordinador de política exterior en los ´90 y después Secretario General del partido entre 2002-2003, donde tuvo importantes roces con las camarillas político-empresariales que controlan hasta hoy el partido.

Solís renunció al PLN en 2005 después de denunciar serias irregularidades en las elecciones internas de la agrupación. Con su renuncia, planteaba la corrupción ideológica y práctica que se apoderó del PLN, quedándose fuera de la actividad política partidaria por varios años.

Reapareció en 2007 con la discusión nacional sobre la aprobación del CAFTA (siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio entre EE.UU., Centroamérica y República Dominicana), que llevó a su aprobación por escasa diferencia de 1% en un referéndum nacional en octubre de ese año. Entonces Solís se mostró a la opinión pública como un intelectual-académico claramente opuesto a dicho tratado, contexto en que encontró espacios de acercamiento con dirigentes del PAC, al punto de llevarle en 2008 a afiliarse al dicho partido político, el cual presentó en las elecciones de 2010 por tercera vez como candidato presidencial a su fundador y también ex dirigente del PLN Ottón Solís Fallas (no emparentados ambos Solís).

En julio de 2013, el PAC desarrolló sus elecciones internas en las que se impuso Solís venciendo los pronósticos que lo colocaban incluso en tercer lugar. El mismo julio de 2013 se iniciaron conversaciones con el candidato presidencial del izquierda José María Villalta y dirigentes de otras agrupaciones políticas minoritarias y sectores sociales con posturas anti-neoliberales. Tales conversaciones no tuvieron éxito y solamente el minúsculo partido Alianza Patriótica apoyó a Luis Guillermo Solís en su candidatura, mientras que Villalta se presentó por el Frente Amplio el pasado 2 de febrero en la primera vuelta electoral.

El candidato Solís fue durante esta larga campaña electoral un transformador “silencioso” de la intención de voto de una buena porción del electorado, y de la dinámica político-electoral misma, ya que al inicio de la carrera en octubre él era un virtual desconocido para la ciudadanía, luchando incesantemente por darse a conocer en actividades públicas televisadas o en giras de campaña, buscando salir del 4° o 5° lugar que para entonces ostentaba en encuestas. Fue para diciembre que con en medio del sorpresivo levantamiento de la intención del voto para el izquierdista Villalta, tan solo detrás del oficialista Araya, el candidato Solís empezó a escalar posiciones a un cuarto lugar, que para enero se convirtió en varias encuestas en un tercer lugar en disputa con el liberal ultra Otto Guevara.

Fue enero un mes clave, ya que en medio de los ataques de Guevara y Araya contra el rival en ascenso, el izquierdista Villalta, por ser comunista (adjetivo demonizador), entonces Solís apareció para importantes sectore del electorado como una persona equilibrada, capacitada –en su experiencias académica y profesional- y al “centro”, o sea moderado, lo cual fue muy conveniente de acuerdo a la cultura política costarricense con alto sentido conservador, pero que en esta campaña electoral demandó cada vez con más fuerza un cambio en el gobierno, o sea salida del PLN y el ascenso de un candidato “potable”, cercano a la gente, con ideas de “cambio” y honesto, elementos que Solís logrado proyectar y convencer.

Después de los resultados de la primera vuelta, Solís ha mostrado clara preocupación por construir canales de diálogo con los sectores económicos con mayor poder del país, además de atender a otros sectores socioeconómicos, posiblemente buscando condiciones de “confianza” que le den una cierta ventaja de gobernabilidad para los primeros meses de su gobierno. Pero la mayor ventaja saltó a la vista cuando el 5 de marzo el candidato oficialista anunció su retiro de la campaña, o sea la omisión de acciones proselitistas, dejando en la orfandad a sus partidarios, mostrando una gran fisura entre la dirigencia vertical-clientelar del PLN, y excusándose en la falta de dinero para hacer campaña de cara a la segunda vuelta, y en la arrolladora ventaja que Solís sacaba en encuestas pos-electorales del mes de febrero. Fue algo así como una “rendición”, pero sin poder renunciar a la segunda vuelta debido a una prohibición constitucional.

 

El país que se viene

Costa Rica tiene a Solís como presidente electo para asumir el 8 de mayo el mandato 2014-2018, hombre caracterizado por medios de comunicación, por partidarios, y por su amplia gama de votantes como honesto, inteligente, y opuesto a algunos de los peores vicios del neoliberalismo en la vida social, algo así como un “socialdemócrata” de inicios de siglo XXI, a lo que algunos le han endilgado el título de “estadista” sin haber tan siquiera iniciado su gobierno.

Pero en medio de las buenas expectativas el presidente electo llega con un fuerte vínculo histórico a su pasado en el PLN, un distanciamiento de la izquierda política y señales vagas hacia las izquierdas sociales costarricenses, y con grandes preocupaciones por ser el presidente de “todos” los costarricenses.

Por tanto, la legitimidad de su gobierno dependerá de cómo lleve su gobierno hacia el segmento importante que le dio la victoria en primera vuelta, al segmento que votó por los demás partidos distintos al PLN, en especial consideración a quienes en el socialista Villalta vieron una esperanza; que en sumatoria es la aplastante mayoría que le reafirmó en esta segunda vuelta. Pero Solís deberá buscar legitimidad más aún entre el alto porcentaje de costarricenses que se abstuvieron de votar en la primera y segunda vuelta, ya que la abstención está altamente penetrada en las poblaciones de las zonas periféricas del país (costas y fronteras), quienes social y económica han sido relegadas a todo tipo de olvidos y omisiones estatales durante la era neoliberal del bipartidismo tradicional, que tal vez a partir de hoy podría empezar a acabar; a lo que se cruza la extendida apatía de la mayoría para participar en casi cualquier actividad o espacio colectivo, de "acción ciudadana" como el partido de Solís gusta llamar en tiempo electoral.

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