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personajes Entrevista a María Galindo

“No nos matan por sometidas, nos matan por desobedientes del mandato patriarcal”

lunes 28 de agosto de 2017 Incómoda, polémica, políticamente incorrecta, típicamente atípica, censurada pero no callada. Entrevistamos a María Galindo en el lanzamiento de su libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’, antes de la censura de su obra “El milagroso altar blasfemo” en Quito.

"Hay una tecnocracia de género, un conjunto de ONGs, expertas y políticas públicas que (...) imponen agendas a lo largo y ancho del continente, agendas políticas que no podemos discutir soberanamente".

Por Jenifer Rodríguez garcía

María Galindo es una mujer que incomoda, que cuestiona, que te revuelve. No es una mujer políticamente correcta para una sociedad patriarcal que domina la imposición hacia los cuerpos de las mujeres, hacia la política o la educación, entre otros tantos ámbitos de la vida. Se autodefine como la primera lesbiana pública de Bolivia y defensora de lo que ella denomina como “la  lucha por, con y desde la mariconada”. María Galindo, artista feminista del colectivo boliviano Mujeres Creando, estuvo en Quito hace unas semanas y otra vez incomodó, cuestionó y revolvió a la sociedad quiteña.

Galindo llegó a Quito junto a sus compañeras del colectivo para participar de la exposición de arte feminista denominada La Intimidad es política, parafraseando al famoso lema Lo personal es político de la feminista radical Kate Millet. La muestra recopila diferentes obras feministas alrededor del mundo que se basan no sólo en el lema de Millet sino también en la percepción de Simone de Beauvoir -“no se nace mujer, se llega a serlo”-, analizando las fuertes estructuras de dominio y exclusión que establece el patriarcado a las mujeres de diferentes culturas, edades y contextos.

“El milagroso altar blasfemo”, la obra censurada, apenas fue exhibida unos días. Una obra fuerte y reivindicativa donde se cuestiona la relación entre el patriarcado y la religión y que, por otra parte, ha dejado claro que los hombres y la iglesia quieren seguir llevando los pantalones en Ecuador. La excusa para retirar la obra de la exposición fue “un problema a la hora de concesión de los permisos”, según algunos diarios locales. Sin embargo, ninguna de las otras obras, también feministas y blasfemas a su manera, han sido censuradas ni retiradas.

No es la primera vez que sucede. En 2016, cuando el colectivo Mujeres Creando presentó el altar en Bolivia se produjeron fuertes entrentamientos consiguiendo que el mural fuera tapado de blanco. María Galindo lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a ser el centro de la polémica, ha vuelto a incomodar y a revolver a una sociedad ecuatoriana dirigida por el patriarcado y la religión católica.

Ha sido censurada pero no callada. Con el mural, Mujeres Creando  ha conseguido su incómodo objetivo y gracias a ello se ha evidenciado que estos temas molestan y enfurecen a las instituciones patriarcales, entre ellas la iglesia que pretenden invisibilizar y ocultar estos patrones de violencia en todas sus formas. El lema de la muestra lo confirma -“La intimidad es política”-, los cuerpos de las mujeres, el espacio íntimo, la sexualidad, todo es tan político que la iglesia y el estado pueden obtener poder sobre ello.

Antes de la censura, tuvimos la oportunidad de entrevistar a Galindo en la presentación de su nuevo libro No hay libertad política sino hay libertad sexual.

 

¿En qué espacios vas a participar en la ciudad de Quito?

Estoy en Quito por invitación de Rosa Martínez, una curadora de arte española para una muestra de arte que se va a desarrollar hasta octubre en el Centro Cultural Metropolitano.

En este sentido quiero manifestar que existe un circuito muy extraño y colonial en todo esto, nos guste o no.  Rosa me conoce en la escena cultural Española y, prácticamente, desde Ecuador le invitan a ella y ella viene desde España para que yo venga desde Bolivia, con lo que podemos apreciar el sentido colonial. Respeto mucho el trabajo de Rosa y me interesó tanto participar en este espacio porque tenemos muy pocas ocasiones para realizar un intercambio cultural-político “sur-sur”. Existe una visión eurocéntrica, estamos mirando al norte, disciplinados con esto y no tenemos oportunidades.

Es fundamental que entre nosotras y nosotros nos leamos, nos conozcamos, discutamos, porque tenemos problemas en común y podríamos poner en común diferentes estrategias.

¿Piensas que existe un feminismo eurocéntrico más predominante que un feminismo decolonial?

Yo no acepto la categoría decolonial porque no la entiendo y no la entiendo porque no me da la gana de entenderla. ¿De qué hablamos cuando hablamos de decolonial? Es algo que no está claro, hay mil respuestas y mil tesis al respecto, cada una más ambigua que la otra. Ahora, esto no quiere decir que el proceso de descolonización sea un proceso político que no sea válido. Una cosa es el proceso de descolonización y otra el conjunto de teorías que se han llamado decoloniales.

Y con respecto a la situación de los feminismos en América Latina, no sabría explicarte. Tenemos dos problemas centrales. El feminismo de vocación eurocéntrica occidental como formato no es el principal problema. Lo más grave es la tecnocracia de género que existe. Esto se refiere al conjunto de ONGs, expertas y políticas públicas estatales que tienen una óptica liberal de lo que sería el lugar y los derechos de las mujeres, y que, con muchos millones de dólares imponen agendas a lo largo y ancho del continente, agendas políticas que no podemos discutir soberanamente y que enarbolan en nuestro nombre. Creo que esto es un fenómeno mucho más grave y que está dentro de las ONGs y de las mujeres que forman parte de las instituciones y partidos políticos estatales.

Paralelamente, tenemos un gran desafío como feminismos latinoamericanos, que los hay y muchos. Desde ya, yo estoy aquí gracias a la Marcha de las Putas de Ecuador, su lucha y sus presupuestos a mí me son suficientes, no necesito que nos tomemos un café porque ya hay un hilo invisible de feminismo circulando por todo el continente es un hilván que hay que coserlo.

¿Estás aquí para presentar tu nuevo libro No hay libertad política si no hay libertad sexual. Qué tratas de transmitir en esta obra?

Yo soy la primera lesbiana pública de Bolivia. Más allá de ello, que puede ser un lugar indeseable o inútil o no tal relevante, una de las luchas importantes en mi vida ha sido la lucha que yo la llamo “por la mariconada, con la mariconada y desde la mariconada”. Es una propuesta y una crítica a todo el universo maricón sobre lo que está sucediendo con nuestras luchas, nuestros horizontes. Existe una falencia conceptual muy grave a lo largo de todo el continente, de interpretación política de la condición marica de la mariconada y de las dinámicas sociales en las que estamos insertos.

El libro es una tesis política, prácticamente, de horizontes de transformación desde la condición marica.

 

¿En Ecuador en los últimos meses ha habido un aumento preocupante de los feminicidios. Crees, cómo se afirma en algunos espacios, que la visibilización del feminismo ha ocasionado, paralelamente, más repudio machista?

Es muy peligrosa esta afirmación y hay que tener mucho cuidado. Yo parto de la siguiente tesis, antes de este libro yo saqué un libro que se llama “No se puede descolonizar sin despatriarcalizar” y planteo que en el continente estamos viviendo un proceso de despatriarcalización de la sociedad por un proceso de destitución de la autoridad del patriarcado a través de la destitución de la autoridad del padre, de la destitución de la autoridad del macho violento.

Creo que hay un proceso muy importante en nuestro continente de formas de rebelión de las mujeres que son subterráneas, que no tienen un estatus de legitimidad, ni mediático porque se insiste mediáticamente en mostrarnos como víctimas, porque todos los discursos oficiales de las sociedades son patriarcales y machistas pero por debajo y sumergidamente están pasando muchas cosas.

Ahora, este proceso no está saliendo del feminismo, está saliendo de las mujeres de sectores populares, no desde un feminismo entendido como una ideología que la aprendes en un libro o en la academia sino desde una rebelión que la escribes desde tu propia vida.

Por supuesto, que hay un proceso de reacción contra esta rebelión subterránea de las mujeres. La última película que hice se llama justamente “13 horas de rebelión”. Existe esta rebelión subterránea y también hay un deseo de castigo colectivo e individual de frenar, impedir, contener este proceso, de sentar un precedente para que nadie más se atreva. Por eso cada mujer asesinada repercute sobre todas nosotras, no es que la compañera a la que mató el hombre X estaba en el día equivocado y no supo reaccionar, esta es una interpretación que hay que cambiar.

Con respecto a ello quiero decir que no solamente nos están asesinando, es una masacre hacia la libertad de las mujeres. El feminicidio es un crimen de estado porque además hay una desvalorización de la vida de cada mujer y, además, nos están robando la interpretación de lo que nos está pasando. No nos están asesinando por sometidas, nos están asesinando por desobedientes del mandato patriarcal.

Me despido con este graffiti para las mujeres ecuatorianas: “De hacerte la cena, de hacerte la cama se me fueron las ganas de hacerte el amor”.

 

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