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Suramérica debe integrarse si quiere tener peso en la comunidad internacional

martes 26 de julio de 2011 Muchos ojos miran a Brasil. La potencia de Suramérica hace una política social sin abandonar el sistema capitalista y el desarrollismo. Alabanzas y críticas caen al mismo ritmo y Carlos Tiburcio, asesor de la Presidencia de este país y cofundador del Foro Mundial Social, habla de contradicciones, de retos y de realizaciones.

Carlos Tiburcio

Carlos Tiburcio

"El cambio de sistema, que es necesario, debe ser fruto de un acuerdo global, no puede Brasil frenar sola esta locura". Vea el video de la entrevista

Por Paco Gómez Nadal

Estar en el poder no es gratis. Supone un morral repleto de contradicciones con el que lidiar y un equilibrio difícil entre las ideas y las realizaciones. En esa delgada frontera se mueve Carlos Tiburcio, periodista, escritor, defensor de la Tasa Tobín como miembro de ATTAC Brasil, uno de los cofundadores del Foro Mundial Social y desde hace años asesor especial de la Presidencia de la República Federal de Brasil.

Sabe lo que es resistir a una dictadura, a sus torturas… sabe lo que es inventar un nuevo mundo y, ahora, desde el poder, ve cómo se gestiona “lo posible”. Desde Santander, donde participa en el Seminario sobre Comunicación y Desarrollo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), Tiburcio conversa con Otramérica y plantea algunas claves para entender la mirada del gobierno de Brasil, matizadas por sus opiniones personales.

Integración regional

Brasil le apuesta a una Cooperación Sur-Sur en la que “defendiendo los intereses nacionales, se logre que los vecinos menos desarrollados salgan beneficiados”. Dice Tiburcio que, a veces, “al gobierno le toca hacer de contrapeso a los deseos de parte de la sociedad brasileña” de generar relaciones de dominación. Y pone como ejemplo las negociaciones de Brasilia con Bolivia o con Paraguay.

Luchar contra la herencia genética perversa del modelo de Cooperación Norte-Sur o matizar en el terreno “la actitud agresiva de las multinacionales brasileñas en África o en Latinoamérica” es parte del trabajo del Estado. La cooperación internacional, recuerda el periodista, “aunque no siempre es altruista si parte de un marco conceptual de lograr la equidad, de mejorar a la Humanidad, debe ser positiva para todos los involucrados”.

Sin esa cooperación Sur-Sur, en el caso de Suramérica “es imposible lograr una posición en la geopolítica internacional que corresponda a nuestra importancia”. Todos juntos para ganar “peso” específico en al comunidad internacional. Ese es un cambio sustancial en la política exterior brasileña, reconoce Tiburcio, aunque aún esté preñada de contradicciones y de pruebas difíciles.

El modelo brasileño

El asesor de la presidenta Dilma Rousseff, y antes de Lula da Silva, defiende el legado de Lula. “No es casualidad su alta popularidad y su prestigio internacional”. Según Tiburcio, el principal logro fue incorporar a la ciudadanía a 50 millones de brasileños que han abandonado las estadísticas de la pobreza. “Aún quedan 16 millones de personas viviendo en pobreza extrema en Brasil y esa es la prioridad de Dilma”.

Lidiar con los poderes políticos y económicos tradicionales de Brasil no es fácil. Tiburcio está convencido de que algunos de esos poderes “está cediendo” al recibir los beneficios económicos de la incorporación de tantos millones de personas al universo del consumo.

¿No hay riesgo de que esos ‘nuevos’ ciudadanos se queden siendo solo consumidores? Para el asesor presidencial ese riesgo es real, pero no todo puede ser abordado por el Gobierno y deberán ser otros agentes sociales (su propia organización política –el Partido de los Trabajadores-, ONGs, movimientos sociales de base…) los que afronten “el reto de la formación política de cuadros y multiplicadores que puedan incidir sobre estos ‘nuevos’ ciudadanos”. Si no se hace bien y a tiempo, esos millones de personas pueden optar, ante su mejora económica, por un modelo “conservador, individualista”.

Desarrollismo o paralización

Brasil, desde el punto de vista del periodista, no puede permitirse el lujo de no crecer, de no invertir en energía –como en el caso del polémico proyecto de Belo Monte-, de no empujar la frontera agrícola. Reconoce Tiburcio que su convicción personal es que este sistema desarrollista y capitalista “es absolutamente inviable”, pero matiza: “mientras sigamos en él no podemos parar. El cambio de sistema, que es necesario, debe ser fruto de un acuerdo global, no puede Brasil frenar sola esta locura”. Por eso defiende el proyecto de la represa de Belo Monte ya que, aunque hará daño, según insiste, se ha limitado al máximo el impacto en el ambiente y en las comunidades.

Le preocupan los discursos “paralizantes”, los argumentos que indican que “nada se puede hacer”. “Cuando los movimientos de izquierda llegan la poder deben enfrentar la tarea de hacer, con equidad y con una orientación social, pero sin quedar paralizados”.

La graduación de los retos

Quizá en esa misma lógica “pragmática” y positivista, Tiburcio destaca como los retos de Brasil afrontados por Lula, primero, y Dilma, ahora, se han graduado en el tiempo porque no todos hubieran sido aceptados por la sociedad. Pone como ejemplo el tema de Verdad, Justicia y Reparación respecto a la dictadura militar de la que él mismo fue víctima.

En esa misma línea se enmarca la regulación de los medios de comunicación, “un tema que genera “reacciones terribles de los dueños de los medios tradicionales” pero que es “imprescindible”. Primero, para cambiar el modelo de concentración mediática en Brasil. Segundo, para mediar en la entrada al mercado de generación y distribución de contenidos de las empresas de telecomunicación. Y tercero, porque hay que potenciar y reglamentar el acceso “social” a sus propios medios de comunicación. “El modelo que prioriza a los que más audiencia tiene no es el ideal, tenemos que apoyar la comunicación con criterios más sociales y de interés público”.

Estos son algunos extractos de la entrevista que pueden ver en video en su versión original.

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