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2011: algunas batallas ganadas

lunes 26 de diciembre de 2011 Estamos acostumbrados a hablar de derrotas en la lucha por un mundo más justo. Pero no siempre es así. Cada año, los movimientos sociales conquistan más espacio y demuestran que la constancia tiene frutos. Queremos destacar algunos casos de 2011. Una inyección de optimismo para lo que se nos viene en el año 2012.

Son demasiadas las historias duras y negativas que publicamos, quizá por eso, nuestro balance del año es el de las pequeñas gran batallas ganadas.

Por Equipo Otramérica

Educarse es luchar

Los movimientos estudiantiles de Chile, Colombia y de buena parte de América Latina han demostrado su fuerza. No quieren ser estadísticas que rellenan aulas, sino que se han manifestado como jóvenes organizados con propuestas y con fuerza. Si el 12 de mayo de 2011 fue el pistoletazo de salida para las masivas movilizaciones en Chile de la mano de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech); en agosto se confirmó la fuerza de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) en Colombia, que en unas demostraciones desconocidas desde 1971 lograron echar atrás la reforma de la educación superior impulsada por el gobierno de Juan Manuel Santos.

La Confech ha logrado hacer tambalear al gobierno de Sebastián Piñera con unas 40 marchas masivas que han demostrado un vigor estudiantil que ha sorprendido al Ejecutivo. No se ha logrado un acuerdo con el Gobierno, así que se prevé un inicio caliente de 2012.

Aunque los movimientos de Chile y Colombia han sido los más llamativos, también se han registrado acciones en Puerto Rico, República Dominicana o México. De hecho, el 24 de noviembre se produjo la primera y exitosa movilización continental por la Educación. La principal característica de este movimiento, además del número de estudiantes movilizados, es que las protestas han buscado algo más que mejoras en el sector educativo. Quizá, como decía hace unas semanas, Camila Vallejo, uno de los rostro del movimiento chileno: “La nuestra es una democracia coja, débil, que requiere replantearse, reformularse y, en ese cuestionamiento, empiezan a involucrarse otras muchas organizaciones, muchos otros sectores, donde está la principal riqueza del movimiento actual. Se involucran trabajadores, pobladores, movimientos ecologistas, homosexuales, etcétera. Todas las minorías con planteamientos de mayorías”.

La fuerza de la tierra

La tensión entre los procesos de cambio políticos y sociales que acontecen en una parte de Suramérica y el modelo extractivo y capitalista se escenificó este año en Bolivia. Si 2011 comenzó con la marcha atrás del Gobierno de Evo Morales en su intención de aumentar de forma llamativa el precio del combustible, en septiembre tuvo que cancelar –al menos, de momento- el proyecto de la carretera a través del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Natural Isidoro Sécure). Las masivas movilizaciones indígenas en contra de esta carretera –que abría la puerta a los cocaleros y a las empresas extractivas- fueron reprimidas de forma violenta y eso provocó la multiplicación de las protestas contra el Ejecutivo.

El conflicto del TIPNIS ha provocado un intenso debate en Bolivia y en Suramérica sobre la continuidad de las políticas económicas coloniales y capitalistas por parte de gobiernos que, a priori, han mantenido un discurso contrario. También ha generado dudas sobre el papel de Brasil como subimperio que está impulsando un modelo económico y político dependiente en sus vecinos.

Las resistencias territoriales son muchas: desde los pueblos que luchan con tenacidad contra la represa de Belo Monte, en el río Xingu de Brasil a los que resisten a las hidroeléctricas en Mesoamérica. La buena noticia es que perduran ante la angurria y la violencia de gobiernos y empresas transnacionales.

Las putas se toman las calles

Las mujeres no sólo llegan al poder (como en el caso de Brasil y la continuidad en Argentina), sino que se han tomado las calles. La iniciativa de La Marcha de las Putas, se originó en Toronto (Canadá). Allá, el 24 d enero, el policíaa Muchael Sanguinetti tuvo la gran idea de recomendar a las mujeres que evitasen “vestirse como putas para evitar la violencia sexual”. La reacción de las mujeres de Toronto fue contagiosa y América Latina ha vivido Marchas de las Putas desde México a Chile, pasando por Panamá o Colombia.

Los movimientos feministas, además de retar simbólicamente al patriarcado como putas, han celebrado este año el XII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, una cita clave en la potenciación de las luchas de género. También ha destacado el papel de organizaciones retadoras, que cuestionan incluso la influencia colonial del Norte Global en el discurso feminista. Mujeres Creando, en Bolivia, o La Línea, en México, son ejemplos de la vitalidad de los movimientos feministas.

Sarayaku marca el camino

“Soy hijo de un pueblo que ha sido vulnerado sus derechos, soy hermano de mujeres y hombres que han sido perseguidos tan solo por pedir el derecho a vivir en paz”. Con estas palabras se presentó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos Marlon Santi, ex presidente de la CONAIE y uno de los líderes del pueblo kichwa de Sarayaku (Ecuador), en el mes de julio. Los pueblos de Sarayaku han demostrado que la tenacidad es clave en las luchas por los derechos territoriales.

La sesión en la Corte lega después de 15 años de reclamos desde que en 1996 el Gobierno de Ecuador abriera la puerta a las explotaciones petroleras.

Hoy, sigue la batalla. De hecho, a mediados de diciembre los kichwas fueron reprimidos de nuevo por el gobierno de Ecuador, que mantiene en prisión a decenas de líderes indígenas acusados de terrorismo cuando lo que han hecho es defender su territorio y su autonomía.

La justicia también ha puesto las cosas en su sitio en algunos casos de violencia militar y paramilitar. Es el caso de la condena en contra de cuatro ex militares guatemaltecos por su responsabilidad en la masacre de los habitantes de la aldea de Las Dos Erres (una de las 600 cometidas por el Ejército) es un primer e importante paso que acerca a Guatemala al cumplimiento de la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).

Cada día son más los pueblos organizados de América Latina y el Caribe que denuncian a sus gobiernos ante el sistema interamericano de Derechos Humanos. Quizá por eso, gobiernos como los de Perú, Ecuador o Brasil están cuestionando el Sistema, acosados por la fuerza moral –y legal- de los movimientos sociales.

Otro éxito de los pueblos de Ecuador en la lucha contra las petroleras fue la sentencia del tribunal de la provincia de Sucumbios que condenó a la multinacional Chevron a pagar 9.500 millones de dólares por los 25 años de contaminación en la Amazonía ecuatoriana.

Nace la CELAC, alegres dudas razonables

El 2 de diciembre nació de forma oficial la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC). Este hecho de soberanía ha sido celebrado por casi todo el mundo, pero con dudas sobre el modelo que va a impulsar.

La buena noticia fue la unión de 33 estados de América Latina y del Caribe dejando al margen a Estados Unidos y Canadá, habituales imperios que han controlado “el patio trasero”. Convertidos ahora en dueños de su destino, e incorporando al Caribe no hispano, la CELAC deberá avanzar en sus definiciones, aunque la preocupación de muchos movimientos sociales es la deriva neoliberal y extractivista que puede imponer Unasur, muy marcado por los intereses brasileños.

Con voz propia

En 2011, los medios de comunicación comunitarios e independientes han ganado fuerza. Las comunidades y los movimientos sociales tienen claro que deben tomar el control de sus propias comunicaciones y de los imaginarios que se proyectan sobre ellos.

Desde el encuentro de comunicadores indígenas de México, reunidos en agosto, hasta las nuevas emisoras de radio indígenas de Argentina, autorizadas por la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC). La existencia de medios propios ha sido fundamental en 2011 para contar al mundo realidades ocultas por los medios masivos (como las protestas por las represas de Hidroaysén, la represión en Honduras o las violaciones a los derechos humanos en México, entre otros).

No sólo ha surgido nuevos medios u otros se han consolidado, sino que los dicursos se están renovando. Del victimismo y la queja a un discurso con una propuesta de futuro, con modelos basados en la descolonización y la despatriarcalización del poder y de las sociedades. En este año, voces como la de Silvia Rivera Cusicanqui o Boaventura de Sousa Santos han insistido en que la transformación social no consiste -sólo- en el acceso al poder, sino en la transformación de las estructuras internas del poder.

 

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