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Cumbre de poder, cumbre de realidad

lunes 19 de noviembre de 2012 El abismo entre Gobiernos y pueblos se volvió a evidenciar en Cádiz. Dos cumbres. Una, cubierta por los medios hasta el cansancio. Otra ignorada desde el descaro. Pero las dos dieron pistas. Terminaron la Cumbre Iberoamericana y la Cumbre La Hora de los Pueblos. Un primer balance.

Por Equipo Otramérica / Varias fuentes

El Gobierno de España se encargó de separar suficientemente ambos encuentros. La Cumbre Alternativa La Hora de los Pueblos debía estar más cerca de la XXII Cumbre Iberoamericana. Es más, si todo hubiera transcurrido como estaba previsto, una marcha reivindicativa de la primera podía haber acercado la voz de los pueblos a la de sus gobernantes. A última hora, las autoridades españolas obligaron a mover la cumbre alterna a casi 10 kilómetros del centro de Cádiz y su voz, ya sin marcha, fue doblemente silenciada por la indolencia no involuntaria de los medios de Comunicación Masiva. Sólo encontrarás crónicas de lo ocurrido en la Cumbre Alterna en Prensa Latina, Cubainformación o Telesur; un síntoma de la importancia de los medios alternos y de la ceguera nada casual de los convencionales.

El diario El País, habitual canalizador de los intereses empresariales españoles en Latinoamérica, ha publicado entrevistas con los presidentes de Ecuador (Rafael Correa), Perú (Ollanta Humala) y Brasil (Dilma Rousseff). Esta última se ha quedado en España tras la Cumbre porque, precisamente, participa en un foro económico organizado por El País y dirigido por Juan Luis Cebrián, el mismo que va a coordinar el Foro. En este baile mediático en el que se mezclan intereses e información hemos podido leer a Humala presumiendo de ser el único país del mundo con consulta previa (mentira fácil de comprobar incluso para un periodista) y calificando la agricultura y la ganadería como prácticas “arcaicas” frente a la “moderna minería del siglo XXI” que se desarrolla en su país; en una línea parecida, Correa calificaba de ingenuos a los “indigenistas que idealizan la pobreza” frente a la explotación de los recursos naturales de Ecuador por parte del Estado, y el propio Correa, junto a Rousseff y a Evo Morales han aprovechado para criticar las políticas de austeridad europeas y dar ciertas lecciones de cómo gestionar un país en momentos de crisis.

Nada más. Eso era lo visible. Porque lo invisible se había anunciado pero no lo hemos conocido: una intensa agenda de negocios en la que las empresas españolas buscaban buenos negocios en el Sur Global y los gobiernos latinoamericanos querían concretar nuevas Inversiones Extranjeras Directas (IED); el fortalecimiento de la Alianza del Pacífico que, a la sombra de Washington, van construyendo México, Colombia, Perú y Chile (el nuevo eje coordinado con Estados Unidos); y ciertos encuentros de alto voltaje como el que mantuvieron durante horas Juan Manuel Santos y el ex presidente español José María Aznar (incluido un viaje juntos en el avión oficial colombiano).

 

La hora de los pueblos

Mientras, en el campus de la Universidad de Cádiz en Puerto Real, una treintena de organizaciones sociales de España, Portugal y Latinoamérica celebraban, a pesar de las trancas oficiales, la cumbre alternativa La Hora de los Pueblos.

La agenda estaba cargada y trataba temas como la situación de conflicto armado de Colombia, la situación postgolpe de Estado en Paraguay, el bloqueo a Cuba, los vigorosos movimientos estudiantiles del Sur, el feminismo o el impacto del “segundo desembarco” de las multinacionales europeas en países como Perú. La asistencia superó las expectativas de las organizaciones y tuvo momentos álgidos, como la intervención del miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), Diego Cañamero, o la intensa mesa sobre las relaciones entre Europa y América Latina (“La orientación de la UE es depredadora para el mundo, donde el factor humano no tiene la menor importancia”, dijo el eurodiputado de Izquierda Unida Willy Meyer).

La declaración final de la cumbre fue contundente y denunció el expolio de Latinoamérica por parte del extractivismo y de las empresas multinacionales. En la clausura participaron voceros de diferentes organizaciones y, entre ellos, se puede destacar al ex secretario general de Vía Democrática de Marruecos y ex preso político, Abdalá Al Harif, y el secretario general de Alternativa Nueva Nación y ex comandante de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, Pablo Monsanto, o los poetas españoles Fernando Macías o José María Gómez Valero.

La única conexión entre ambas cumbres fue, quizá, el discurso de Rafael Correa en la Cumbre oficial. La única voz discordante en un espectáculo dispuesto para mostrar una supuesta hermandad “iberoamericana” y un buen clima de negocios.

 

En un comunicado de prensa, Ecologistas en Acción denunciaba ayer que hay un reclamo del sector empresarial y de algunos mandatarios en Cádiz de profundizar las políticas neoliberales a favor de una minoría y desregular –todavía más- normativas de protección a los derechos sociales y laborales y al medioambiente,y todo esto mientras “se está aprovechando la crisis para imponer feroces ajustes estructurales que el poder económico viene exigiendo desde hace tiempo”. “La disminución de los salarios y la protección social o la privatización de servicios públicos son medidas que han sido aplicados durante décadas en América Latina y han generado gravísimas desigualdades y violencias”. Según Ecologistas en Acción, el gobierno español, igual que sus socios de la Unión Europea, pretenden “salir de la crisis” exportando más a Latinoamérica e importando –barato- materias primas.

Decían los organizadores de La Hora de los Pueblos en su página de Facebook: “Que la cumbre oficial se lleve la corrupción, el dinero, las comidas en restaurantes y la hipocresía; que por su lado ‘la hora de los pueblos’ se llevara la solidaridad, la fraternidad, la lucha diaria... y aunque con una camiseta del Ché Guevara en lugar de con un traje de chaqueta, todo el esfuerzo merece la pena si ese mensaje más popular, más realista y más crítico llega a la gente”. Todo queda dicho. 

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