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Ecuador ante el monólogo de Correa

viernes 11 de enero de 2013 El próximo 17 de febrero se celebran las elecciones presidenciales y legislativas en Ecuador. Las proyecciones dan un fácil triunfo al actual mandatario, Rafael Correa, quien concurre en un clima de control político, con una derecha sin propuestas y una izquierda crítica criminalizada desde el poder.

Por Equipo Otramérica / Varias fuentes

Hay poca competencia en estas elecciones si hacemos caso a las encuestas. Correa parte con un 60,6% de favorabilidad, muy lejos del ex banquero y político Guillermo Lasso candidato del movimiento Creando Oportunidades (CREO), que sólo logra un 11,2%., seguido por el ex militar y ex presidente Lucio Gutiérrez, con un 4,5%, y por Alberto Acosta, el que fuera presidente de la Asamblea Constituyente y candidato de la Unidad Plurinacional de Izquierdas, con un 3,5%.

La realidad en el país es de ‘control’ oficial. El balance que hacía Alberto Acosta hace dos meses en Otramérica era decepcionante: “El actual Gobierno de Ecuador traicionó los postulados revolucionarios con los que llegó al poder en 2007. El punto más notable del proceso fue la Asamblea Constituyente y la aprobación de la Constitución por parte de la mayoría del pueblo ecuatoriano. Desde entonces vivimos un proceso de regresión política que tiene como resultado la existencia de más de doscientos líderes sociales encausados penalmente e imputados por sabotaje y terrorismo, como demostró un informe de la Defensoría del Pueblo el pasado mes de diciembre”.

Correa, candidato de Alianza País –cuyo programa inicial fue redactado por Acosta-, no disimula su alergia a los balances y en el acto de arranque de campaña, el pasado 4 de enero, afirmó: "No crean ese cuento de que Correa necesita oposición para gobernar mejor. Lo que quieren es rifarse el país como lo hicieron durante tantos años. El pasado nunca más, esta revolución debe ser irreversible. Hoy empieza un nuevo capítulo histórico, glorioso para la democracia del pueblo ecuatoriano".

Las elecciones, sin embargo, son importantes más allá de la Presidencia, ya que los ecuatorianos también eligen a los 137 legisladores de su parlamento y eso determinará el rejuego político en los próximos años. También se enfrentan dos visiones de desarrollo: la desarollista, defendida por Correa y Lasso y apoyada en el extractivismo; y la postdesarrollista, defendida por el conglomerado de organizaciones de base que han postulado a Acosta.

En todo caso, serán unas elecciones que se desarrollarán en un marco de libertad de expresión limitada, con decenas de líderes sociales encarcelados y con un aparato estatal muy poderoso apoyando la reelección de Correa. Tras cinco años en el poder, Rafael Correa es el primer mandatario que logra terminar su mandato presidencial de 5 años desde 1996, después de un periodo muy convulso en lo político. Para lograrlo, Correa ha mantenido un duro discurso político, señalando como antipatriotas a todos los críticos, creando una bolsa de adhesiones al crear entre 80.000 y 100.000 puestos de trabajo públicos y logrando un papel protagónico del Estado en la economía del país, algo novedoso en Ecuador.

Raúl Borja, en su Balance político del gobierno de Rafael Correa: nudos críticos y temas polémicos señala que “Sse plantea, entonces, una suerte de ‘parteaguas’ y se dice: o es una vía tecnocrática y autoritaria, o es una vía popular y democrática con más poder de los movimientos sociales. Si no hay una vía popular de cambio este proceso nuevamente se frustrará, y se instalará un modelo que puede llamarse post-neoliberalismo, neo-desarrollismo, neo-keynesianismo de derecha, estatismo de mercado...”.

La crítica de máximos al modelo de Correa se podría resumir así: Revolución Ciudadana sin Ciudadanos y Democracia Plebiscitaria sin Participación.

 

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