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El 9 de abril, o la semántica de la paz en Colombia

domingo 05 de abril de 2015 Este 9 de abril, Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas en Colombia, miles de personas marcharán con la palabra paz en camisetas, pancartas y gritos. Pero… ¿hablan todos el mismo lenguaje? ¿Significa lo mismo paz para unos y otros?

Por Equipo Otramérica

Hay muchas posibilidades de ver el 9 de abril. En este 2015 se cumplirán 67 años desde que en esa misma fecha fuera asesinado el político liberal Jorge Eliécer Gaitán y arrancará, de algún modo, el ciclo de violencia interna que no parece tener fin.

Este jueves 9 de abril habrá movilizaciones animadas desde la Alcaldía de Bogotá… una especie de performance alrededor de una palabra ‘paz’ enraizada en los pactos de élites que pueden concluir con la firma de un acuerdo de paz entre el Gobierno que preside Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Pero también se saldrá a la calle para exigir el cese inmediato y bilateral del fuego, para recordar a las víctimas y exigir su participación en ese proceso o, por ejemplo, para defender los servicios públicos.

La ‘paz’ formal empieza a mostrar sus posibles contenidos. La Marcha Patriótica es la punta de lanza de la versión más reivindicativa y política de la movilización de este 9 de junio. Tanto que abiertamente pide una Asamblea Constituyente basada en el poder popular. En los diferentes departamentos de Colombia se están armando de argumentos aquellos colectivos que, aún lejos de la mesa de negociación bilateral, llevan meses trabajando en propuestas de base para que la ‘paz’ no signifique sólo un acuerdo entre bandos armados, sino una oportunidad para reconstruir las estructuras excluyentes y violentas del país.

La versión oficial del #9deabril es impulsada por el Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, la Alta consejería para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación de la capital y un comité de personas. La jornada, que se apoya en la palabra ‘paz’ sin dotarla de mucho contenido, pretende poner en las calles de Bogotá a, al menos, 300 mil personas y concluirá con conciertos en homenaje a las víctimas (con personajes como Rubén Blades o Petrona Martínez), mensajes. Una forma de mostrar el apoyo al proceso de paz de La Habana que será complementado por las acciones de las organizaciones de base (como la Marcha Patriótica) y de los diferentes territorios que sí hablarán de política en ese día de banderas blancas.

También la Unidad de Víctimas del Gobierno Nacional se suma a la "fiesta de la paz" cuando aún el conflicto armado y social desgarra al país. Su convocatoria es aún más genérica y utilizando el lema casi electoral del gobierno de Santos: "Todos por u n Nuevo País, paz, eeuidad, educación".

Las negociaciones

Esta movilización se produce en el momento en que en la mesa de La Habana se trata uno de los temas más delicados, y es el cómo integrar a las Fuerzas Armadas y a la Policía en este proceso, cuando los señalamiento de crímenes de Estado son permanentes y las posibles comisiones de la verdad harán aflorar mucha más información de la que ya está disponible. Las consecuencias jurídicas de el proceso en las fuerzas de seguridad del Estado tendrán que ser ‘medidas’.

Aunque la mesa ha avanzado mucho, a finales de marzo, el negociador de las FARC Pablo Catatumbo matizaba el optimismo de algunos sectores de la sociedad colombiana al recordar que quedan 28 puntos pendientes para llegar a un acuerdo: “En resumen, hay mucho por transitar y muchas más voluntades que sumar, antes de expresar que ya casi todo está listo. Faltan por abordar temas sumamente complejos como la definición de la comisión del esclarecimiento de la verdad y no repetición, el cese al fuego bilateral, la ya mencionada dejación de armas, el esclarecimiento del fenómeno del paramilitarismo y la guerra sucia, la urgencia de que las Fuerzas Armadas se aparten de la criminal Doctrina de la Seguridad Nacional y de la concepción del enemigo interno (…) También está el caso de que, si no se resuelve el problema del latifundio y si no se frena la extranjerización de la tierra, que atropella los intereses de los campesinos y lesiona la soberanía nacional, sencillamente demoraríamos más la concreción del acuerdo”.

 

 

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