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El circo del fútbol (I): prohibido cuestionar

lunes 18 de julio de 2011 La Copa de América se interna en la fase final sin Argentina ni Brasil. El drama, las emociones y las interminables crónicas deportivas ocultan otras realidades. Un negocio controlado por entidades privadas, la pobreza que rodea el circo de las estrellas, el ‘ruido’ deportivo que tapa situaciones políticas…

Los espectadores pagan entre 30 y 200 dólares por ver un espectáculo diseñado a la medida de Traffic Sports, la empresa brasileña que comercializa el circo del fútbol.

Por Paco Gómez Nadal

Dicen los diarios que la Copa de América que se celebra en Argentina sufre de pobreza goleadora. Es posible. Pero esto no preocupa a la comunidad Wichi, en Salta, donde en lo que va de año han muerto 10 menores de edad por causas relacionadas con la desnutrición. Tampoco a los latinoamericanos que viven con menos de un dólar al día y que jamás se plantearían sentarse en un palco del festival futbolístico (a un precio individual de 190 dólares).

La pobreza o la denutrición jamás generarán tantas horas de televisión ni tantas páginas de periódico pero es que el deporte rey en Latinoamérica tiene ese poder anestesiante absoluto de los fenómenos de masas: España olvidó la dramática crisis económica durante unas semanas gracias al Mundial de Sudáfrica; Brasil va a invertir 14 mil millones de dólares solo para la orgía mundialista de 2014; Paraguay no necesita nada después de haber eliminado a Brasil en Cuartos de final…

Un reconocido bloguero argentino, ante el cuestionamiento de Otramérica, hace esta dura descripción del torneo: “es nada más que la pretemporada de las ligas europeas y, además, no sirve para nada: solo para alimentar ese ego de comarca que divide en esa síntesis de pelotita, himnos y banderas como si fuera un puesta en escena de la geopolítica [latinoamericana] por otros medios. Un juego menor, sin el menor brillo ni mayor importancia que ser parte de ese espectáculo mediático multimillonario en la grama y paupérrimo en los bolsillo de los hinchas, que ni siquiera llegan a fin de mes. En fin, esa es la Copa”.

El agrio desahogo nos obligó a rastrear la información y sacar algunas conclusiones.

Primera conclusión. Los beneficiados

No es verdad que la Copa de América no sea un buen negocio. Al menos para la empresa brasileira Traffic Sport, quien comercializa la Copa de América y decide casi todo (al igual que la mayoría de los beneficios van para esta empresa).

Traffic ha obligado a cambiar la iluminación de los estadios para transmitir en HD; ha impuesto unos horarios criminales para el invierno argentino para no competir con la telenovela “Insensato corazón” que vuelve locos a los brasileños y que transmite la todo poderosa Rede Globo; decidió por la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) el modelo del torneo y la invitación a selecciones de otras zonas del mundo para incrementar los ingresos…

Bueno, y Traffic Sport metió un gol ganador al Gobierno de Cristina Fernández al otorgar la producción televisiva de los partidos a Torneos y Competencias (CYT), la productora de Clarín que tuvo el monopolio del fútbol argentino entre 1991 y 2009, hasta que el Gobierno argentino obligó a la AFA (Federación argentina) a rescindir el contrato.

Los derechos televisivos de la Copa de América supondrán unos ingresos de 160 millones de dólares. Otros 160 millones de dólares entrarán en caja por concepto de mercadotecnia, 60 millones por patrocinio y unos 30 millones en entradas. Las estimaciones optimistas de Traffic indican que el turismo puede suponer unos ingresos al sector privado de Argentina por 475 millones de dólares.

 

Segunda conclusión. Los perjudicados

A pesar de estas multimillonarias ganancias, la Copa de América sigue tirando de los voluntarios para las ocho sedes del torneo (al igual que en la Copa del Mundo). La organización le pedía a cada uno de los 3.500 voluntarios seleccionados “(…) tu tiempo, tu sonrisa, tu energía positiva, tu compromiso y participación, tu entusiasmo sin límites, tus conocimientos, tus habilidades y experiencias, tus deseos de participar en un equipo ganador, tus deseos de contribuir a que tu ciudad y país les den a los espectadores y visitantes la mejor imagen de un evento deportivo de estas características...”. A cambio: un uniforme y un ticket para un refresco en cada partido. Ni viáticos, ni alimentación, ni transporte, ni un asiento para ver algún juego.

Los voluntarios, movidos por una mezcla de patrioterismo y fanatismo por el fútbol, son parte de los perjudicados. La mayoría de los aficionados al fútbol en Argentina (y son muchos) se han quedado fuera e los estadios. Las 700 mil entradas puestas a la venta cuestan entre 30 y 200 dólares. Además, ha habido fuertes críticas a la forma de comercializarlas. El legislador Javier Mor Roig, candidato a intendente de La Plata) denunciaba: “Los platenses seguimos afuera y el torneo nos pasa de costado”. Criticaba, además, que la AFA haya llevado a aficionados de las peligrosas barras bravas a los partidos “con entradas y seguridad”.

La Copa tampoco ha supuesto una gran inversión en infraestructuras públicas. Los 88 millones gastados en los estadios de las 8 sedes han estado destinados, fundamentalmente, a mejorar la iluminación para satisfacer las exigencias televisivas.

 

Tercera conclusión. Los de siempre

Las orgías deportivo-empresariales suelen dejar de lado a una buena parte de la población. Son los excluidos. El Gobierno argentino quiere que vean el deporte por televisión sin  pagar conexión a una empresa privada de cable, así que, coincidiendo con la Copa América, lanzó el programa LCD para Todos, la financiación pública de la compra a plazos de televisores con decodificador de señal digital que permitirá ver 14 canales de televisión digital gratuitos.

El televisor quizá tenga un efecto anestesiante similar al fútbol para los millones de argentinos que ingresan menos de la canasta básica. La que calcula el Ejecutivo (1.243 pesos, unos 303 dólares) no entra en el hogar del 11,7% de los argentinos. La que contabiliza la Universidad Católica (1.790 pesos, unos 436 dólares) no es conocida por el 40.5% de la población. Y la canasta básica soñada por la CGT (Confederación general del Trabajo), que trepa hasta los 4.000 pesos (casi 1.500 dólares), no es accesible para el 80% del país.

El fútbol, uno de los leitmotiv argentino, no puede ocultar la escalada de la inflación (que en 2011 puede rozar el 30%) ni dramas más reales como el hecho de que casi el 30% de los argentinos que trabajan lo hacen en el mercado negro.

[Entre los de siempre también podemos contar a las federaciones de fútbol locales y sus negociados. Un ejemplo es la de Chile, que gastó 85.000 dólares en invitar a dos dirigentes de cada uno de los 32 clubes a presenciar tres partidos en Argentina a gastos pagados.]

 

Epílogo

Según  la periodista Soledad Gallego, “los argentinos le han dicho adiós a la Copa de América con frustración, claro está, pero sin grandes dolores. Más que perder, lo que les molestaría de verdad es que la ganara Brasil”. Y eso ya no va a ocurrir. La Copa de América sigue su curso casi sin críticas públicas. Los medios de comunicación convencionales de América Latina dedican páginas y páginas y horas de radio y televisión a analizar con profusión cada detalle de cada juego: la debacle argentina y brasileira; el milagro venezolano o paraguayo… pero la tinta no se usa para hacer preguntas sobre el torneo, su organización y sus réditos.

Una sola nota crítica, la del periodista uruguayo José Mastandrea, generó toda la rasquiña imaginada. Al cuestionar a los organizadores por las experiencias vividas en la sede de San Juan, escribió: “Sin vuelos, con pocos taxis, sin monedas y con una organización que da ganas de llorar. La Copa de América de Argentina es el fiel reflejo de un país del tercer mundo. Es triste, pero es la realidad. Y duele escribirlo”.

 

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