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El Circo del fútbol (II): La venda de la FIFA llega a Colombia

miércoles 20 de julio de 2011 El 29 de julio arranca el Mundial sub-20 en Colombia. Coca-Cola y Visa celebran por lo alto el certamen y animan a los colombianos a ser “buenos anfitriones”. En esta segunda entrega del Circo del Fútbol analizamos la ausencia de matices en esta convocatoria en un país que vive entre la guerra y las inundaciones.

La mascota oficial del Mundial sub 20

La mascota oficial del Mundial sub 20

Belisario Betancur se negó en los ochenta a satisfacer "las extravagantes exigencias" de la FIFA. Las cosas parecen haber cambiado. Inversión millonaria y pocos beneficios en un mundial con un fuerte componente de imagen.

Por Paco Gómez Nadal

Algunos mal recuerda al ex presidente Belisario Betancur, reconvertido ahora a honorable poeta, por la sangrienta toma del Palacio de Justicia. Pero la mayoría de los fanáticos del fútbol en Colombia no lo tienen en la memoria por la violenta operación. Para ellos cometió un delito mayor. En 1982, cuando Colombia debía aceptar de una vez la organización de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA de 1986 dijo en una alocución al país: “Aquí en el país tenemos muchas cosas que hacer y no hay tiempo para las extravagancias de la FIFA y sus socios”. La FIFA forzaba pidiendo infraestructuras imposibles una renuncia que deseaba para así favorecer a México, como sucedió.

Betancur fue más allá: “El Mundial debía servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial”. Después de echar otra mirada sobre la Copa América de Argentina queremos preguntarnos: ¿Han cambiado tanto las cosas en Colombia? ¿Qué diferencia hay hoy a unos días del partido inaugural del Mundial sub-20 de la FIFA en Barranquilla, una de las ocho sedes del torneo? ¿Es un Mundial una oportunidad para mejorar las cosas o solo para olvidarlas durante unos días?

La obsesión

Como diría algún comercial, en Colombia el fútbol es pasión. Y el Gobierno de Álvaro Uribe era especialista en diseccionar y utilizar a su favor las pasiones de los colombianos. Quizá por eso, en 2006, Álvaro Uribe anunció en Cartagena que comandaba a su vicepresidente, Francisco Santos, para conseguir el Mundial de Fútbol de 2014 para Colombia.

Las bromas en los siempre incisivos programas de humor radiofónicos de Colombia se multiplicaron, pero Santos insistió hasta conseguir el premio de consolación: su gobierno desistía del Mundial absoluto a favor de Brasil y, a cambio, se quedaba con el sub-20, el que ahora viene. Negoció con Jack Warner, el ex presidente de la Concacaf que debió renunciar ante el cúmulo de escándalos denunciados en la FIFA y que lo salpicaban a él y al sempiterno Joseph Blatter (en la cúpula del fútbol mundial desde 1998).

Si Santos (y Uribe) siguieran en el poder pelearían por el Mundial absoluto de 2026, tal y como ha defendido vehementemente el ex vicepresidente, que ha rechazado la idea de Perú de presentar una candidatura mancomunada con Ecuador y Colombia para esa fecha. No hay noticias sobre las intenciones del Gobierno de Juan Manuel Santos.

Fútbol y guerra

Si un espectador ve las celebraciones de este 20 de julio, día de la independencia de Colombia (un desfile militar propio de un país en guerra orgulloso del camuflaje y la tecnología armada) y ve el anuncio de Coca Cola para el mundial puede tener un cortocircuito mental. Dice Coca Cola, uno de los patrocinadores del Mundial sub-20 que “durante 23 días, las únicas fronteras serán las de cal y no habrá tercer mundo… ni primero”. En el spot, cientos de colombianos vestidos de blanco, con angelicales alas, abren los brazos al resto del planeta. Nueve días antes, la realidad del país parece otra, con hombres de camuflaje haciendo alarde del arsenal con el que se combate la No-guerra de Colombia. El Mundial es una oportunidad de limpiar la imagen del país por enésima vez a pocos días de los mortales ataques de la guerrilla de las FARC en Toribío (Cauca) y en un contexto en que, según la BBC, “los recientes golpes de mano de la organización -que también han incluido secuestros, el bloqueo de carreteras y una emboscada que le costó la vida a un comandante de la policía- han relanzado el debate sobre la capacidad militar del movimiento guerrillero más antiguo de Colombia y la efectividad de la estrategia de seguridad del gobierno de Juan Manuel Santos”.

Evento patriótico

En todo caso, casi ninguna crítica se ha deslizado en los medios colombianos sobre la celebración de este Mundial.

El cariz patriótico que el gobierno de Álvaro Uribe logró impulsar en la cultura nacional se ve reflejada en los comentarios ante el mundial. Apenas alguna duda sobre los beneficios (“Colombia no va a recibir un solo centavo […] es un evento de la FIFA”, escribe Andrés Palacios) y críticas a algunas de las desproporcionadas inversiones públicas (como el aún inacabado Estadio de Cali en el que se ha invertido 47 millones de dólares, tres veces lo presupuestado; o el sorteo oficial del torneo en Cartagena de Indias, donde se dilapidaron 900 mil dólares…).

“El mayor evento deportivo organizado jamás por Colombia” sería, según el columnista de El Tiempo Gabriel Meluk, “el mundial para países en vías de desarrollo económico”. Pero los beneficios no están claros. Si bien el Gobierno ha hecho todo lo posible para atraer turismo extranjero (se prevén 30.000 visitantes y se ha suspendido la visa temporalmente a varios vecinos), se espera que la mayoría de los aficionados que llenen las gradas sean nacionales.

Para lograr esto, Colombia ha invertido unos 100 millones de dólares y espera que otros tantos queden en el país por el consumo de los fanáticos del fútbol. También se han hecho algunas inversiones a fondo perdido, como los 3,5 millones de dólares en la terminal aérea de El Dorado en Bogotá, que se perderá ya que será demolida en cuanto se termine el nuevo aeropuerto.

Planeación Nacional también considera que se pueden crear 8.000 empleos indirectos durante el evento. Sin embargo, el grueso de los beneficios del Mundial sub-20 son para la FIFA. El 80% de los que han comprado entradas (ya van unas 300 mil vendidas) lo ha hecho con su tarjeta VISA, uno de los socios principales de la FIFA que, como siempre, utilizará unos 2.000 voluntarios para ahorrar gastos y maximizar ingresos.

La venda

El ocio es un derecho humano y el fútbol es parte del ocio de millones de ciudadanos en el planeta, pero se ha criticado a la FIFA por la organización de los Mundiales, en sus diferentes categorías (como el absoluto de Sudáfrica o el sub 17 de Trinidad y Tobago), poniéndose una venda ante los problemas económicos, sociales o de derechos humanos de los países anfitriones.

Colombia, tal y como adelanta Coca Cola, será un remanso de paz durante 23 días y 53 partidos y los 1.300 periodistas acreditados hablarán de pelotas, de jugadores, de cumbia y fiesta en este país alegre y capaz. Pero nada de los problemas graves internos que enfrenta Colombia, una de las plazas preferidas ahora por los inversores extranjeros pero expuesta a una realidad difícil de violencia estructural, desempleo y una crisis social difícil de abordar, con unos 5 millones de colombianos fuera del país y, al menos, otros 4 millones de desplazados internos.

Si los desplazados o los desempleados no aparecen en el anuncio de la multinacional de las burbujas tampoco se pueden ver a los 3 millones de damnificados por las inundaciones que han asolado 24 de los 32 departamentos del país en el último año. 

La realidad tiene poco que ver con el fútbol, ya se vio en Sudáfrica, pero suele ser terca. Además de los pocos indígenas desplazados por la violencia que venderán artesanías en los hoteles como parte de la ‘generosidad’ de organizadores y hoteleros, las dos caras de Colombia estarán presentes. Para evitar que se cuele la negativa más de lo necesario el Estado invertirá en un gigantesco operativo policial con 55.000 agentes (22.000 de ellos asignados a la capital).

En todo caso, el Mundial se encara con el espíritu que reflejaban las declaraciones de Nicolás Leoz, presidente de las Confederación Suramericana de Fútbol al diario El Colombiano:  "Será la oportunidad de Colombia de mostrarse al mundo, de exhibir su arraigada afición futbolística, sus bellas urbes, la calidez de su gente y el empuje vital de la nación. Y, más allá de los campos de juego, en los que nunca se puede vaticinar al campeón, ya podemos garantizar un nítido vencedor: el país, Colombia". Y así lo ratificaba el joven columnista de El Tiempo Iván Gutiérrez: “Los partidos no solo se jugarán en las canchas, también habrá que mostrar el dominio del balón en todos los frentes y así evitar goleadas que perjudiquen el buen nombre de nuestro país, lo que en últimas debe ser el principal objetivo al termino del Mundial”.  

 

 

 

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