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radar Asesinato de Douglas Rodrigues

El riesgo mortal de ser joven y negro en Brasil

jueves 31 de octubre de 2013 La muerte de Douglas Rodrigues, estudiante afrobrasileño de 17 años, por el disparo de un policía en São Paulo ha encendido la indignación popular. Desde el pasado domingo, hay manifestaciones, barricadas e incendios de vehículos. Aunque la Policía achaca las protestas más violentas a la mano negra de bandas de delincuentes, lo cierto es que detrás de ella se esconde en gran media una indignación frente al racismo y la discriminación que padecen estas periferias.

La posibilidad de un adolescente negro de ser víctima de un homicidio en Brasil es 3,7 veces mayor que la de un blanco

Por José Manuel Rambla / Brasilia

Los hechos que han desencadenado esta ola de protestas en la capital paulista ocurrieron este domingo cuando algunos vecinos denunciaron el ruido que ocasionaba un grupo de jóvenes, estacionados en un coche con la música muy elevada. Sin embargo, según la versión oficial, la patrulla de la Policía Militar que se personó en la zona de Novo Mundo, al norte de la ciudad, para interceptar el vehículo actuó pensando que se trataba de una tentativa de asalto. En la acción, siempre según la versión oficial, el arma de uno de los agentes se disparó de forma accidental alcanzando al joven estudiante de 17 años, Douglas Rodrigues, que murió pocas horas más tarde. Su hermano de 12 años, que estaba junto a él cuando resultó mortalmente herido, afirma que las últimas palabras de Douglas fue una pregunta contra ese policía: “Señor, ¿por qué me ha disparado?”.

El agente implicado ha sido procesado por homicidio involuntario, pero esto no ha servido para calmar a la población que ve en lo sucedido un caso de violencia policial. La propia presidenta de Brasil ha salido al paso de estos hechos desde su cuenta de twitter, reconociendo que la muerte del joven evidencia que “la violencia contra la periferia es la manifestación más fuerte de las desigualdades en Brasil”. Además de dar su pésame a los familiares y amigos de la víctima, Dilma Rousseff lamentó que “igual que Douglas, millares de otros jóvenes negros son víctimas cotidianas de la violencia”.

Esta violencia estructural contra la población negra y pobre es uno de los grandes problemas que atenaza a la sociedad brasileña. Precisamente, la pasada semana se conocía un estudio del Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (Ipea) sobre racismo en Brasil donde se revela que la posibilidad de un adolescente negro de ser víctima de un homicidio es 3,7 veces mayor que la de un blanco. Así, según el informe, la tasa de homicidios entre la población negra es de 36,5 por cada 100.000 habitantes, mientras que entre los blancos es de 15,5. Además, las víctimas de estas muertes violentas resultan ser cada vez más jóvenes. En este sentido, el estudio destaca que si en los años 80 del siglo pasado la edad media de los fallecidos era de 26 años, en la actualidad no pasa de los 20.

Ante estos datos, Almil Oliveira y Verônica Couto, autores del estudio, no dudan en afirmar que en Brasil “ser negro implica formar parte de una población de riesgo, pues de cada tres asesinatos dos son de negros”. En la misma línea se pronunciaba Daniel Cerqueira, director de la Directoria de Estudos e Políticas do Estado das Instituções e da Democracia. A su juicio, en las más de 60.000 personas que cada año son asesinadas en Brasil existe “un fuerte sesgo de color y raza” ya que “el negro es discriminado dos veces: por la condición social y por el color de la piel”. Ante todo esto, incluso, se preguntaba: “¿cómo se puede hablar sobre la preservación de los derechos fundamentales y la democracia?”.

Además, se da la circunstancia en que en muchas de estas muertes, como la del joven Douglas en São Paulo, están implicados miembros de la Policía. O como el caso del albañil carioca Amarildo de Souza, cuya desaparición sigue conmocionando a la sociedad brasileña. Amarildo fue detenido el pasado 14 de julio por miembros de una Unidad de Policía Pacificadora (UPP) en la popular favela de Rocinha como sospechoso de colaborar con el narcotráfico. Aunque, según la primera versión oficial, el albañil habría sido puesto en libertad, hasta este momento ya son 25 los policías detenidos por el testimonio de otros agentes y acusados, entre otros delitos, de torturas y ocultación de cadáver. Mientras tanto, el cuerpo de Amarildo sigue sin aparecer.

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