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La hoja que confunde a la ONU

jueves 19 de mayo de 2011 La Convención sobre Estupefacientes de Naciones Unidas de 1961 considera a la hoja de coca como droga ilegal. La contradicción es total y se realza justo cuando se celebra la X Sesión del Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de la ONU. Bolivia lleva una larga lucha para lograr la descriminalización de la hoja sagrada, aunque también hay contradicciones en tierras andinas.

Estados Unidos y la ONU siguen considerando a la hoja de coca, la hoja sagrada de los pueblos andinos y amazónicos, como una droga ilegal. La ignorancia y la publicidad del norte han jugado en contra de las tradiciones ancestrales.

Por Equipo Otramérica

Bartolomé Clavero, el experto estudioso de la justicia indígena, explica así en su blog la sorprendente escena que se produjo a la entrada de la sede de la ONU en Nueva York hace unos días: “En el primer día del periodo de sesiones de este año del Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones Indígenas, el lunes día dieciséis de mayo, a varias personas que acudimos a una convocatoria sobre “El masticado de la hoja de coca y los Derechos de los Pueblos Indígenas” nos para personal de seguridad para interrogarnos: “¿Llevan Ustedes hoja de coca? ¿Piensan masticar hoja de coca en dependencias de las Naciones Unidas?”. Iba en serio. Parecía haber recibido instrucciones. La Convención Única sobre Estupefacientes sigue proscribiendo la hoja de coca en su estado genuino, aquella a la que no se le hubiera ‘extraído toda la ecgonina, la cocaína o cualesquiera otros alcaloides de ecgonina’, tal y como si la cocaína fuera un componente natural de esa especie vegetal. Si llevásemos hoja de coca, estaríamos introduciendo droga ilícita. Si la fuéramos a picchear, mambear o masticar, o simplemente exponer, estaríamos cometiendo un delito de derecho internacional en las mismas entrañas de las Naciones Unidas”.

Resulta así que en un Foro sobre Derechos Indígenas se viola el derecho fundamental a la cultura, porque la hoja de coca no es sólo una ayuda física para los pueblos andinos, sino que forma parte intrínseca de su cosmovisión y de su relación con la Pachamama.

El acullico, el mambe, la forma tradicional de mascar coca de los pueblos originarios de América Latina es un acto ilegal en la sede de la misma institución que en su Declaración sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007 reconocía (en el artículo 8) el derecho que “Los pueblos y las personas indígenas tienen derecho a no sufrir la asimilación forzada o la destrucción de su cultura”.

La criminalización de un elemento cultural que ha sido combatida con actos simbólicos. Cuenta Clavero que en el coloquio de Nueva York, “el Embajador [del Estado Plurinacional de Bolivia ante la ONU, Pablo] Solón comparte el recuerdo de haber acompañado al Presidente Evo Morales en una visita a la sede de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefaciente en Viena. Siguiendo el uso ceremonial andino, desplegaron hojas de coca sobre la mesa de la reunión. Fueron advertidos de que, si a esas hojas no se les habían extraído todos los alcaloides, estaban atentando contra el derecho internacional. Es algo así como si se proscribiera el café en su estado genuino, el no descafeinado, y se persiguiera internacionalmente su cultivo, comercio y consumo. Por lo menos esa Junta de las Naciones Unidas no hizo detener a Evo Morales y Pablo Solón por contrabando de droga ilícita entre América y Europa”.

Los cambios en la Convención Única de la ONU no llegan porque los votos en Naciones Unidas no pesan igual y porque, en materia de lucha contra las drogas lícitas, hay muchas verdades que se prefieren callar. Aunque, algunos defensores de la coca, como hoja sagrada, también critican el doble rasero de las autoridades de La Paz al interior del país. Especialmente, la vista gorda que hay sobre la producción de hoja de coca en Chapare ajena a la tradición y al uso lícito.

Frans Bronkhorst, del Instituto de Paz de Drogas de Amsterdam, cree que hay un doble discurso al impulsar una campaña internacional para el reconocimiento de la hoja de coca y su uso ancestral y la permisividad con el uso ilícito de, según este investigador, casi el 80% de la hoja cultivada en el Chapare cochabambino (según la legislación boliviana sólo se puede producir hoja de coca en el Chapare y en los Yunglas del departamento de La Paz). Escribe Bronkhorst: “Si el Estado Plurinacional de Bolivia busca de verdad el respeto para la hoja de Coca de la comunidad internacional, si quiere triunfar en su deseo de corregir los errores en los tratados sobre drogas de la ONU, entonces este mismo Estado tendrá que dar el primer paso cultivando orgánicamente todas las hojas de coca, las que solamente pueden servir para el acullico, y erradicando todo cultivo hecho con agroquímicos. Mientras el Gobierno del MAS no ajuste el Cambio en este sentido, nadie en el mundo ‘libre’, personas o gobiernos, menos aún los idealistas, tomarán este gobierno en serio cuando de coca se trate”. A principios de mayo, y dando respuesta quizá a las críticas desde sectores cercanos al propio Ejecutivo boliviano, Felipe Cáceres, viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, anunciaba la puesta en marcha de un nuevo plan integral contra el usu ilícito de los cultivos de coca.

Lo cierto es que el discurso dominante ha querido asociar coca a cocaína y esto es un error (intencional o no) desde todo punto de vista.

Las políticas de lucha contra el narco, impulsadas y financiadas por Estados Unidos en América Latina (especialmente, en Colombia, Perú y Bolivia) no solo han resultado un fracaso sino que han afectado gravemente a la supervivencia física y cultural de los pueblos originarios (hay que recordar que Bolivia echó del país en 2008 a la Agencia Estadounidense contra las Drogas, DEA). La Asociación Interamericana para la Defensa del Medio Ambiente pone de ejemplo este cálculo sobre la relación costo-beneficio de las fumigaciones: “entre 2000 y 2005 se invirtieron unos 1,200 millones de dólares en rociar más de 713 mil hectáreas de cultivos de coca y amapola, pero con eso apenas se logró reducir las hectáreas cultivadas en 26 mil. Por contraste, en el mismo periodo se gastaron unos 213 millones de dólares en programas de desarrollo alternativo con los que se logró “proteger o erradicar exitosamente cultivos ilícitos de 1.6 millones de hectáreas”.

Las fumigaciones químicas ha afectado especialmente a Colombia, donde se calcula que hay 163.000 hectáreas de coca y la mayoría se dedican a usos ilícitos. En Bolivia se estima que hay unas 40.000 hectáreas de hoja de coca que, según el viceministerio de Coca y Desarrollo Integral son dedicadas, en su mayoría, al uso tradicional.

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