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La información medioambiental se vuelve una profesión de "alto riesgo"

viernes 24 de junio de 2011 Amenazas, corrupción, sobornos, muertes... La reserva natural que supone América Latina para el desarrollo voraz del primer mundo ha hecho que estas palabras se vuelvan cada vez mas habituales al conjugar periodismo ambiental con intereses empresariales.

La región posee el 27% del agua dulce del continente, ocho millones de kilómetros cuadrados de bosques y tres de los países de la Unasur cuentan con la mayor biodiversidad del planeta. El primer mundo mira voraz hacia la 'despensa energetica' de Latinoamérica.

Por Pilar Chato

La proliferación de megaproyectos energéticos y agroindustriales en América Latina y El Caribe ha chocado de frente con los reportajes sobre biodversidad, paraísos verdes o las amenazas globales al planeta. El trabajo de investigación periodística sobre temas de medio ambiente se ha convertido, hoy, en una profesión de “altísimo riesgo”. Los intereses económicos que están detrás de las amenazas son poderosos.

Lo decía esta semana durante la presentación de Otramérica.com la periodista Mayte Carrasco, miembro de la dirección de Reporteros sin Fronteras en España, quien advertía que se ha vuelto una constante el hecho de que grandes industrias contraten a personas para amenazar y asesinar a periodistas y blogueros que denuncian las agresiones que los megaproyectos suponen para la soberanía territorial y alimentaria, las vidas o el futuro de comunidades, pueblos originarios, y ecosistemas.

Todos ambicionan los recursos naturales de América Latina, en especial quienes no viven en ella pero precisan de su petróleo, sus minas o los caudales poderosos de sus ríos para seguir creciendo, consumiendo, ‘desarrolladose’. La propia secretaria general de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), María Emma Mejía, aseguraba en una entrevista en El País que ve como en 20 o 30 años, los ejércitos suramericanos se verán obligados a proteger los recursos naturales “como parte de una nueva noción de soberanía”. No en vano, recuerda que la región posee el 27% del agua dulce del continente, ocho millones de kilómetros cuadrados de bosques y tres de los países de la Unasur cuentan con la mayor biodiversidad del planeta. “Todo esto tiene que ver no solo con la defensa de los recursos, sino con la protección de la reserva alimentaria que posee la región”, explica Mejía.

Las amenazas a periodistas tienen nombres y apellidos, contienen familias rotas y muertos por el camino. En 2009, RSF reportó 15 casos de periodistas o blogueros asesinados, perseguidos, encarcelados o denunciados en todo el mundo. En ese informe incluía a Brasil. En el de 2010 ya se citan también a Argentina, Perú y El Salvador, pero los casos se multiplican por todo el continente.

En el Radar de Otramérica hablábamos recientemente del caso de Radio Victoria, una emisora comunitaria del departamento de Caba­ñas, en El Salvador, que sufrió la pérdida de dos de sus cronistas, Gustavo Marcelo Rivera y Ramiro Rivera Gómez, asesinados por los esbir­ros de un empresario local que intenta acallar la contestación local contra la mina que promueve Pacific Rim. El resto de sus miembros vive bajo amenazas constantes desde 2009.

Reporteros sin Fronteras, en su informe de 2010 Investigaciones de alto riesgo:Deforestación y contaminación, también cita las agresiones a José Huerta, en Brasil, por denunciar el impacto ecoló­gico y humano de un proyecto de turismo masivo orquestado por un grupo austriaco. En el norte de Argentina, en Catamarca, son las empresas mineras (Agua Rica, propiedad de la multinacional canadiense Yamana Gold) las que amenazan y agreden a los reporteros de Canal 10 ( Nicolás Ziggioto y Lucas Olaz). María Márquez, animadora del programa de radio La Perla, está amenazada por su postura contra el proyecto minero y asegura que la empresa intentó comprarla.

Reporteros sin Fronteras asegura que las prácticas corruptoras de las empresas, las mafias y los funcionarios corruptos, hacen muy difíci­les mantener una línea editorial independiente. En la televisión local de Cajamarca, Canal 5, financiada por Agua Rica, Sául Reynoso fue despedido de la noche a la mañana por hacer un reportaje para la radio FM La Perla, para la que también colabora. Simplemente, cubrió una importante manifestación de apoyo a varios opositores a la mina arrestados por la jus­ticia.

En la provincia lindante del Chaco, Dante Fernández, director de la emisora FM Frontera fue agredido en 2010. Sus agresores, según relata RSF, resultaron ser agentes de seguridad de un electo local relacionado con las empresas San Carlos SRL y Cancha Larga SA, acusadas de lanzamiento aéreo de pesticidas por encima de una laguna donde la población se abastece en agua mineral.

Durante la presentación de Otramerica, Mayte Carrasco, experimentada corresponsal de guerra, habló no solo de las amenazas a los periodistas medio ambientales sino del terrible escenario en el que se ven obligados a trabajar muchos periodistas comprometidos con el buen hacer y el servicio público. Un escenario que se describe en números, los de los periodistas asesinados, desaparecidos, amenazados o perseguidos en Latinoamérica. “La libertad de prensa –advirtió- es un gran reto (…) no puede haber una sociedad libre sin libertad de información”. En lo que va de 2011, ya han sido asesinados 30 periodistas en todo el mundo, y dos colaboradores, y están encarcelados 147 periodistas y 15 colaboradores.

Carrasco citó el reciente asesinato de Miguel Ángel Vera en México, uno de los países donde los periodistas y la libertad de expresión corren más peligro, junto a Honduras (10 profesionales asesinados en 2010) y Perú.  En todos ellos lamentó la impunidad total porque no se persigue a los asesinos y por los altos índices de corrupción. La responsable de Reporteros sin Fronteras también citó a Colombia y en especial a los periodistas de la costa pacífica, que trabajan en medio del fuego cruzado de los intereses de paramilitares, guerrilla y ejército. De Panamá y República Dominicana destaco el retroceso en la libertad de expresión y advirtió que en Cuba y Venezuela, la censura sigue siendo la “gran palabra”.

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