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La revuelta de las trenzas en Panamá

domingo 20 de mayo de 2012 El lunes 21 de mayo, en Panamá, lucir trenzas tiene un significado poderoso. Como nunca antes, un peinado se ha convertido en el símbolo de un valioso acto de protesta cívica y pacífica; como una forma enérgica y creativa de decir que las reglas no son buenas si violentan nuestra identidad y el derecho a la cultura. La comunidad afrodescendiente levanta su voz... y sus trenzas.

Por Roberto Quintero (Especial para Otramérica)

Sumamos a este texto, los testimonios que nos van llegando de la gente que se ha hecho las trenzas (anímate):

Ana Bejamín

"Soy blanca como un papel pero conozco bien la sangre que corre por mis venas. Las averiguaciones sobre mi árbol me llevan, por un lado, a la isla de Jamaica. Mi bisabuela paterna, por el otro, era una mujer maciza de rasgos indígenas. Mis antepasados maternos, además, son del grupo ngäbe o buglé... Por alguna razón la genética me puso una piel pálida pero cuando me miro al espejo sé quien soy: una mestiza orgullosa, panameña, además.
Desde la adolescencia he batallado con mi cabello. De niña mi madre lo solucionaba haciéndome lindos rulos pero luego ya pasé de ser graciosa a ser una "despeinada". En la secundaria y en la universidad, pero sobre todo en el ambiente de trabajo, hubo alguna compañera que me invitó a 'peinarme' y algún compañero que me dijo: 'Si te cuidaras el cabello lo tendrías bien bonito'.
Mi cabello es así, mírenlo bien. No es desgreño ni descuido: sencillamente, no soy de cabello lacio ni estoy dispuesta a quemarme el cerebro para encajar en el molde de moda actual. Mi cabello es rizado, alegre, goza de libertad de expresión. Y en el Día de las Trenzas, me siento más orgullosa de él que nunca antes".
 
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En el marco del Mes de la Etnia Negra, este 21 de mayo se celebra el Día de las Trenzas. No es una celebración oficial realmente, de esas que forman parte de la agenda estatal panameña. De hecho, es la primera vez que se celebra y se perfila más como un interesante experimento que ha generado efervescencia, excitación y mucha expectativa en la sociedad. Sobretodo a lo interno de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Negras Panameñas (Conegpa), agrupación que ha convocado la actividad.

¿Cómo o por qué una simple trenza dice más que mil palabras y logra tal protagonismo? A principios de abril de este año, un reportaje (Su hija no puede venir a la escuela con ese peinado, en La Prensa del 2 de abril) daba cuenta de una medida racista y absurda de las que son víctimas las niñas y adolescentes afrodescendientes: en los colegios públicos y privados del país, les prohíben asistir a clase peinadas con trencitas y moñitos; obligándolas, aunque no tácitamente pero sí de forma velada, a alisarse el pelo.

La denuncia de una madre ante los medios, puso en la palestra pública una situación que realmente no es nueva y que también alcanza a las mujeres negras adultas, que son orilladas igualmente a alisarse el pelo para obtener puestos de trabajo. La noticia propició que muchas hablaran de la castración cultural que han padecido en silencio durante años, sin que se diera antes la coyuntura para ventilarlo públicamente.

Según el censo de 2010, la población afrodescendiente en Panamá es del 9,2%, unas 313.000 personas

Roto el silencio, hoy la situación es otra y el debate en torno a las trenzas, ha permitido una interesante y necesaria discusión en torno a la discriminación y el respeto a la identidad cultural. Lo que no deja de ser llamativo en una sociedad como la panameña, con un alto porcentaje de población negra.

Es más, uno de los aditamentos más curiosos e irónicos de esta polémica, es que la actual ministra de Educación, Lucy Molinar, es afrodescendiente. Y aunque ella no tiene la culpa, los panameños esperaban que al menos tomara cartas en el asunto, por empatía y solidaridad con el grupo étnico al que pertenece. Y así fuese china, el absurdo total que revela la norma anti moñitos, que más que racistas es claramente antinatural, invitaba a que tomara una postura en este caso.

Sin embargo, cuando finalmente habló, negó que las trenzas estén prohibidas en los centros escolares y desvió la atención hablando de pelucas de colores. ¿Por qué? Nadie sabe. Lo que sí es evidente es que desaprovechó una oportunidad única para mostrarse orgullosamente negra, calmar las aguas y meterse a la opinión pública en el bolsillo. Pese a todo, en la Coordinadora Nacional de Organizaciones Negras Panameñas no pierden la esperanza de que la Ministra de Educación se olvide por 24 horas del cabello alisado que habitualmente luce y aparezca hoy con su cabellera trenzada, en apoyo al Día de las Trenzas.

Claro que de una sola persona no depende el éxito de esta campaña que, a ciencia cierta, no se sabe la acogida que tendrá. El sábado, en una exitosa jornada de peinados organizada por la Conegpa, había mucha expectativa por descubrir cuántos apoyarán el llamado a enviar a sus niñas con trencitas al colegio, sin distingos de etnias. Y no solo eso, cuánta gente, sin importar la edad o el género, se animará a lucir las trenzas que, como nunca antes, son al mismo tiempo motivo de discordia y esperanza en Panamá. Pronto se sabrá la verdad.    

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