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‘La violencia contra las mujeres se ha naturalizado históricamente’

viernes 23 de septiembre de 2011 Hay mucho de simbolismo en la violencia sexual que se produce contra las mujeres, niñas y adolescentes en la guerra que no cesa en Colombia. Pero sus efectos y consecuencias son muy reales. Por eso, las organizaciones de mujeres se han aliado para celebrar este lunes 26 de septiembre el primer Tribunal Simbólico contra la Violencia Sexual que va a tratar el tema. Hablamos con la Corporación Humanas.

Amnistía Internacional advierte al gobierno colombiano de que si sigue sin actuar puede terminar en la Corte Penal Internacional.

Por Equipo Otramérica

Los datos son terribles. Son los datos de una guerra que por negada (por autoridades y por una parte de la sociedad) no es menos real. Esta misma semana, Amnistía Internacional ha presentado el informe sobre Impunidad por Actos de Violencia Sexual cometida contra Mujeres en el Conflicto Armado Colombiano. No ay buenas noticias.

“Las fuerzas de seguridad colombianas, los paramilitares y los grupos guerrilleros han atacado a mujeres y niñas para explotarlas como esclavas sexuales y vengarse de sus adversarios. La violencia sexual siembra el terror en las comunidades y obliga a familias enteras a huir de sus hogares, permitiendo la apropiación de tierras. Las mujeres y niñas de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, las desplazadas por los combates y las que viven en la pobreza son víctimas particulares de la violencia sexual. Las defensoras de los derechos humanos y sus familias son víctimas particulares de amenazas e intimidación”. 

Eso lo tienen claro las organizaciones de mujeres de Colombia que han dado un paso adelante para visibilizar esta guerra dentro de la guerra y han convocado a un Tribunal Simbólico que se celebra el lunes 26 de septiembre en la Universidad Nacional (Edificio de Postgrados, 8 a.m.). Allí se juzgarán casos ocurridos en Putumayo, Antioquia, Cauca, Bolívar, Chocó o Magdalena Medio. Allí se escuchará la verdad de las que no suelen ser escuchadas por la Justicia y se buscará que estas acciones violentas no se repitan.

Cecilia Barraza lleva muchos años defendiendo los derechos de las mujeres en Colombia, peleando para que sus voces no desaparezcan, enfrentando una sociedad que por guerrera es doblemente patriarcal. Barraza pertenece a la Corporación Humanas, que ha sido la principal impulsora del Tribunal.

 

¿Ha perdido Colombia la capacidad de asombro ante la violencia y, por  tanto, ha relativizado la gravedad de la impunidad?

Es verdad que por un lado se ha perdido la capacidad de asombro, pero también es cierto que en estos últimos años con los informes de la Comisión de Memoria Histórica, con el trabajo de las organizaciones de derechos humanos y de mujeres, incluso como consecuencia del seguimiento a la Ley de Justicia y Paz ha habido mayor visibilización de los hechos ocurridos en conflicto y se ha comenzado a hablar de la violencia sexual en el conflicto, seguramente no ha sido aún tan fuerte como para impactar a la sociedad, sin embargo, creo que hay que valorar positivamente lo que se ha avanzado en estos últimos 5 años.

Pese a esto la respuesta de la justicia ha sido limitada y poco abierta a garantizar acceso a la justicia para las mujeres, esto por un lado, no es novedoso ya que la impunidad ha sido una constante en Colombia frente a diversos delitos y en especial a los vinculados con el conflicto y ha afectado a hombres y mujeres. Por otro, las mujeres víctimas del conflicto enfrentan barreras adicionales para acceder a la justicia y que están dadas por la discriminación que las afecta por el hecho de ser mujeres. Algunas tienen que ver con las limitaciones para reconocerse como víctimas y dar el paso a la denuncia, otras con el propio sistema de justicia que no investiga los casos con la debida diligencia por los estereotipos que predominan en los/as operadores/as de justicia para tipificar los delitos de violencia sexual en el marco del conflicto como conductas vinculadas con crimen de guerra, lesa humanidad o tortura.

La guerra es patriarcal y su ejercicio tanto de hombres como de mujeres vinculados a la guerra es desde la lógica de la desigualdad

En definitiva creo que frente a los delitos de violencia sexual no es que Colombia haya perdido la capacidad de asombro, más bien nunca la tuvo ya que la violencia contra las mujeres se ha naturalizado históricamente, y más bien recién se comienza a hablar de ella y a reconocerla como un delito en la guerra. 

¿Qué huella simbólica, que efecto a largo plazo, creen que ha dejado y está dejando el conflicto armado en las mujeres?

La guerra reproduce la cultura patriarcal y las formas de violencia contra las mujeres se exacerban, en ese sentido la huella que ha dejado en las mujeres en zonas de conflicto son por un lado, las que reproducen practicas y roles tradicionales de las mujeres -incluso en las combatientes- y refuerzan los roles masculinos asociados al guerrero, al uso de la fuerza y el poder; pero también, las nuevas actorías sociales que se dan a nivel local, de resistencias y de reconocimiento de sus derechos vulnerados. Sin embargo, hay una huella común en esas mujeres asociadas al miedo, a la percepción de injusticia y a la demanda no cumplida por el Estado. Y positivamente, también, a desmitificar prejuicios sobre los temas que les conciernen, por ejemplo, hablar de las violencias que han sufrido.

 

La inmensa mayoría de vicitimarios son hombres... ¿es la guerra, es la violencia -o al menos este tipo de violencia- parte de la genética del patriarcado?

Sí, la guerra es patriarcal y su ejercicio tanto de hombres como de mujeres vinculados a la guerra es desde la lógica de la desigualdad. Tres ejemplos: las violaciones de Hernán Giraldo en la Sierra Nevada a niñas y jóvenes, estaban marcada por el propósito de causar dolor; la esclavitud sexual que ejerce los grupos paramilitares y la guerrilla, y las violaciones que involucran a Ejército Nacional y Policía, son ejercicio de dominación. Es decir, los hechos violentos cometidos sobre los cuerpos de las mujeres y que comprometen sus órganos sexuales y/o su sexualidad han tenido un móvil que no está relacionado sólo con la sexualidad del perpetrador e, incluso, en muchos casos no tiene nada que ver con la satisfacción o el deseo erótico de quien los comete. Lo que  se hace evidente es que la violencia ha tenido una finalidad específica en y para la guerra.

 

Mujeres como Piedad Córdoba han enarbolado un discurso de paz que ha provocado, paradójicamente, reacciones violentas. ¿Por qué cree que esto ocurre?

Pensamos que el caso de Piedad Córdoba representa por una parte un buen ejemplo de la discriminación que ejerce la sociedad colombiana, ella simboliza la discriminación por ser mujer y por su condición étnica, gran parte del rechazo que genera está asociado justamente a esas condiciones y a sus declaraciones contra el establecimiento. Sin desconocer con ello, que algunas de sus actuaciones han generado rechazo por asociársele justamente con una cercanía a la guerrilla. Piedad representa también un símbolo curioso que se asocia mucho con las mujeres y es el de la “traición”, un sector importante condena que ella hable en el plano internacional en contra de la situación que vive el país. Tal vez, ella y Ingrid Betancour representan claros ejemplos de rechazo social que esconde en parte una fuerte discriminación de género.

 

¿Para qué va a servir este Tribunal Simbólico?

La realización de un Tribunal Simbólico contra la Violencia sexual en el marco del conflicto armado colombiano tiene un sustento ético político como una estrategia de la sociedad civil que busca apalancar los procesos de verdad, justicia y reparación que impulsan las víctimas, es en sí mismo un acto de reconocimiento a dichas víctimas y aún más de condena social a la violencia, frente a la cual no se rechaza solamente el acto particular de violencia sino todo acto pasado y futuro de violencia contra las mujeres haciendo énfasis en las garantías de no repetición.

La realización de acciones desde la sociedad civil como este Tribunal, contribuyen al reconocimiento de las víctimas niñas, jóvenes y mujeres adultas que han sufrido violencia sexual en el marco del conflicto armado (tanto en la población civil como excombatientes) y a que éstas puedan ejercer sus derechos ciudadanos a la verdad, la justicia y la reparación. Así mismo, busca contribuir a exigir la responsabilidad estatal de “no repetición” de estos hechos y a promover la necesidad de nuevos pactos sociales sustentados en la superación de la discriminación histórica que afecta a las mujeres. De esta forma, el acceso a la justicia para las mujeres víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado no sólo cumple con el objetivo de resarcir sus derechos individuales sino que contribuye a la construcción de la paz y la democracia en Colombia.

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