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Las religiones contra la educación (sexual)

miércoles 13 de julio de 2016 La institucionalidad religiosa y las asociaciones conservadoras de Panamá se lanzan en contra del proyecto de ley de salud sexual y reproductiva. Hoy se van a las calles contra una ley que consideran provocada por la ONU en una especie de campaña mundial pro homosexualidad que atentaría contra la patria potestad de los padres y madres..

El Génesis 1:27 se ha convertido en el principal argumento de los grupos religiosos contra la ley: pánico a la homosexualidad.

El Génesis 1:27 se ha convertido en el principal argumento de los grupos religiosos contra la ley: pánico a la homosexualidad.

Por Equipo Otramérica

Nadie podría pensar que un encabezado como éste pudiera alterar los biorritmos de todo un país: “El objeto de la presente Ley es establecer las bases normativas generales para el reconocimiento, la garantía, la protección y atención de la salud sexual y la salud reproductiva con énfasis en la formación integral de la persona, respetando su dignidad, sus derechos, su conciencia, su cultura y los valores que la caracterizan, en concordancia con la Constitución Política, las leyes de la República de Panamá y los Convenios Internacionales”. Pero así ha asido. El proyecto de ley 61 de “educación integral, atención y promoción de la salud”, sumado a la aparición de una guías de Educación Integral de la Sexualidad del Ministerio de Educación, ha crispado Panamá y ha multiplicado los debates sobre en quién debe reposar la educación sexual de los menores de edad.

Este miércoles 13 de julio las asociaciones más conservadoras del país y las religiones declaradamente homófobas (convoca la Plataforma por la niñez, integrada entre otros por la Alianza Panameña por la Vida y la Familia, la Alianza Evangélica de Panamá y el Movimiento Pro Valores y Familia) han convocado una marcha “por nuestros hijos” en los que defienden el modelo heteropatriarcal de familia y con mensajes que deslizan la idea de que la Ley 61 fomentaría la homosexualidad entre los niños panameños (no hacen referencia a las niñas).

Unas horas antes de que comience esta marcha, una veintena de organizaciones sociales y estudiantiles han convocado una conferencia de prensa para mostrar su apoyo a le Ley 61 (#EdSexualSí), que ya ha pasado el primero de los debates en la Asamblea Nacional de Panamá.

El principal argumento de laas iglesias evangélicas contra la Ley es el Génesis 1:27: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó".

El debate, en todo caso, no ha tratado sobre el sistema de atención médica que establece la ley ni en la pertinencia o no sobre los materiales pedagógicos que apenas se están terminando de desarrollar (de un contenido muy limitado). La polémica ha estado marcada por la agenda de las religiones que han planteado que la Ley atenta contra la patria potestad de los padres y madres sobre sus hijos, que es una imposición de agencias internacionales, que fomenta la homosexualidad o que la educación sobre sexualidad en las escuelas animará a prácticas tempranas pero, ante todo y desde su óptica, aberrantes.

Los prejuicios morales de marcado carácter religioso y heteropatriarcal han estado dominando el debate en un país que todavía, y según la constitución, es católico, aunque cerca del 20% se declara evangélico. Ya en mayo de este año, el reverendo Rolando Hernández, presidente de la Alianza Evangélica de Panamá, que representa a un millón de miembros de estas religiones cristianas, dijo a La Estrella de Panamá que el documento “busca desintegrar la conformación original de la familia, que es un hombre y una mujer” y pretende “insinuar a niños entre 6 y 12 años, de la educación primaria, poder tener relaciones sexuales y una masturbación mutua, inclusive sexo oral y sexo anal”.

No sólo las religiones cristianas evangélicas mantienen la lucha frontal contra la ley. La Iglesia católica ha pedido que la Ley retroceda en su trámite porque les parecen insuficientes los14 meses de debate en la Asamblea Nacional. Los obispos piden, además, una educación sexual que no violente la dignidad de “nuestra niñez y juventud con nociones reduccionistas de una sexualidad banalizada y empobrecida”. El catolicismo también abraza la tesis del complot internacional y asegura: “No podemos aceptar experimentos que han fracasado en otros lugares, pero tampoco podemos desconocer que tenemos que actuar como sociedad ante la asfixiante situación que viven nuestros niños y niñas, bombardeados por un entorno hedonista y procaz, que desde la música, los programas televisivos, la prensa sensacionalista, el ciberespacio cargado de pornografía, y las propuestas publicitarias basadas en clichés eróticos, invitan a la sensualidad y al placer sin convicción, responsabilidad ni amor fecundo”.

En respuesta a la fuerte presión religiosa sobre la Ley 61, diferentes colectivos de jóvenes, asociaciones pro derechos humanos y otras organizaciones han lanzado una campaña informativa sobre los verdaderos contenidos del proyecto. La campaña ha incluido un vídeo sobre las consecuencias de la falta de educación en sexualidad.

 

VIEJA POLÉMICA

No es la primera vez que la palabra sexo se le atraganta al país. Ya en diciembre de 2008 se archivó otro proyecto de ley sobre salud sexual y reproductiva en lo que se consideró como una victoria de los sectores más conservadores.

El nuevo proyecto de ley, presentado en agosto de 2014 ha generado polémica desde el primer minuto y lleva debatiéndose en la Comisión de Trabajo, Salud y Desarrollo Social de la Asamblea Nacional desde el 26 de septiembre de ese mismo año. Crispiano Adames, proponente del proyecto de ley, se ha mostrado dispuesto desde el principio a modificar el documento pero advirtió que si esta ley tampoco prospera habrá que “sufrir todas las calamidades que está sufriendo la sociedad por no quitar las manos al sol”.

Las calamidades se traducen en una adolescente embarazada cada 43 minutos (10.976 chicas entre 10 y 19 años en 2015), que 3 de cada diez jóvenes entre 14 y 18 años han sufrido violencia física o sexual, que 7 han sido víctimas de violencia emocional en el noviazgo y que una de cada diez haya estado embarazada.

Los detractores de la Ley defienden que todo lo que tiene que ver con educación sexual de las personas menores de edad debe quedarse en la “familia”. Pero la “familia” parece un concepto difuso según los datos de la Contraloría General de la República referenciados en la sustentación de la ley: más del 75% de los niños y niñas que nacen anualmente en Panamá, lo hacen fuera de una unión estable; una de cada cinco embarazadas es una adolescente y el 70% de los padres de esas criaturas es mayor de 20 años; hay unas 300 mil mujeres jefas de hogar en un país donde el modelo de familia predominante es el monoparental; la media de edad para comenzar las relaciones sexuales es de 15 años, y el sida es la tercera causa de muerte de jóvenes de 15 a 24 años de edad.

 

 

 

 

 

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