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"No despierten a México bronco"

sábado 19 de noviembre de 2011 La ‘espectacularidad’ de la violencia narco –amplificada por los medios- oculta las otras violencias que acontecen en México. En un país con 54 millones de pobres, las multinacionales, los sindicatos ‘blancos’ y el Gobierno trabajan juntos en contra de las y los defensores de Derechos Humanos. Blanca Velázquez sabe de lo que hablamos. Queremos escucharla.

El Centro de Apoyo al Trabajador (CAT) de Puebla sobrevive a pesar de las amenazas y los ataques. Su directora habla clarito sobre la situación límite de México y de su ciudadanía, expuesta a un Estado ausente y violento, a las multinacionales y al narco. Ve su entrevista en video.

Por Paco Gómez Nadal

Está cansada. Reunión tras reunión, la misma historia repetida para ver si de tanto contarla alguien abre los ojos y se moviliza para frenar la locura de México. Europa, indolente ante lo que ocurre allí y en tantos otros sitios de Latinoamérica y El Caribe, es la estación donde ahora está Blanca Velázquez para prender las señales de alarma.

Está cansada… a veces le cuesta verbalizar lo que le arde dentro. Demasiados años de lucha y demasiadas amenazas encima. Blanca Velázquez es la directora del Centro de Apoyo al Trabajador (CAT) de Puebla. O de lo que queda. El hostigamiento de la mancuerna entre multinacionales, caciques locales, políticos y sindicatos blancos ha sido incesante y tuvo su punto culminante cuando el 20 de diciembre de 2010 asaltaron las oficinas del CAT y destrozaron todo lo que pudieron. Terroristas, desestabilizadores, peligrosos… son algunos de los calificativos. Secuestro, muerte, daño a los familiares… son algunas de las amenazas que han hecho desistir a 5 de los 8 defensores del CAT. Ahora, resisten 3, dos mujeres y un hombre, convencidos de que no se puede hacer otra cosa.

“Han hecho todo para deslegitimarnos… si antes ya era muy difícil trabajar con la gente de la industria de las autopartes o de las maquilas, ahora la cosa se ha puesto peor”. Blanca trata de visibilizar estos ataques y cuenta su preocupación por una compañera que defiende los Derechos Humanos en la zona indígena de Tehuacán y que está siendo amenazada. “Allá, todo es más difícil aún que en la ciudad”. Tehuacán es recordado dramáticamente por las maquilas textiles que esclavizaron a las mujeres indígenas durante los noventa y que, una vez encontrados nuevos esclavos en China, salieron dejando 17.000 desempleados.

Esclavizar en el Sur, vender en el norte

Y en la ciudad, industrializada desde hace tiempo, lo que se hace es fabricar autopartes para montar carros (la empresa más fuerte es Volkswagen) que en un 78% viajan a Estados Unidos, en un 12%, a Europa. El resto, se queda en México. Pero esa industria, el cluster de las autopartes, también deja detrás miseria, subempleo y violación de Derechos Humanos básicos.

“Las grandes transnacionales contratan a terceros para saltarse la legislación; tienen firmados los convenios colectivos con sindicatos ‘charro’ [blanco] antes incluso de llegar a México, y están coludidas con el poder político, que les perdona impuestos y les permite hacer lo que ellas quieran”. Ese es el delito de CAT, y de Blanca: formar a los trabajadores, informarles de sus derechos, pelear contra los sindicatos ‘blancos’, oponerse a la enésima reforma laboral que reducirá a la mínima expresión el derecho a huelga o a sindicalizarse. Sólo en el último año documentaron 12 actos de hostigamiento contra el CAT, unos eventos que buscan “criminalizar a las defensoras y defensores de Derechos Humanos”.

Nada nuevo en América Latina: reclamar los derechos es subversivo, rebelde, peligroso, antipatriota. No parece tan negativo para el 'clima social' trabajar de 8 a 10 horas por dos salarios mínimos (unos 180 dólares al mes) si se tiene contrato; o de 10 a 12 horas por menos de 100 dólares al mes si trabajas en la “maquila subterranea o la maquila a domicilio”.

Estado fallido, sociedad excluyente

Blanca Velázquez dibuja un Estado fallido, donde la institucionalidad no garantiza el mínimo de los derechos económicos, sociales o culturales, “un México adverso, terrible, donde la inseguridad, la pobreza y la desnutrición avanzan sin parar”. Y no lo dice sólo Blanca. El centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey (la universidad privada más prestigiosa del país) señalaba hace unos días que a pesar del crecimiento macroeconómico de México que se sostiene en un 5% al año, en 2011 el país tendrá 5 millones más de pobres, para superar la terrible cifra de 54 millones (casi la mitad de sus 112 millones de ciudadanos).

La directora de CAT ha llegado a Europa invitada por Brigadas Internacionales de Paz (PBI) que da acompañamiento y procura protección a defensoras y defensores de DDHH en diferentes países. No es casualidad. Blanca Velázquez insiste en que hay que buscar esos apoyos internacionales y fortalecer redes para que las organizaciones de la sociedad civil trabajen en conjunto porque “la bola viene grande y es una sola”. En México, hasta ahora, ni han conseguido que avancen las investigaciones respecto a las amenazas o al asalto a las oficinas del CAT, ni han servido las medidas cautelares de carácter nacional. Ahora espera, sin demasiadas esperanzas, las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ya señaló hace unos días Naciones Unidas -cuando pedía acciones concretas al estado mexicano- que la impunidad en el caso del hostigamiento a las y los defensores es del 80%

Del desempleo al narco

La precariedad y la explotación laboral es, además, alimento natural para los cárteles del narcotráfico que encuentran en los excluidos  del sistema a la carne de cañón para sus peores ‘encargos’. Velázquez ve una línea directa entre la triada que conforman el sistema económico mexicano -“agravado desde que se firmara el TLC con Estados Unidos”-, la corrupción y la impunidad, con el crecimiento del narcotráfico y de su poder en México. Para ella, mujeres indígenas, niñas y niños, jóvenes y ancianos son los más vulnerables en este entorno.

La violencia en México no es, en todo caso, ni un fenómeno nuevo, ni un hecho que sólo se pueda atribuir al narco. Blanca señala al Estado como agente violento al no cumplir con sus obligaciones constitucionales y al utilizar a la policía y al Ejército como fuerzas represivas con la excusa “de la tonta guerra de Felipe Calderón contra el narco que ya nos ha costado más de 35.000 muertos”.

Blanca está cansada y la última pregunta parece sumirla en el agotamiento.

- ¿Crees que hay riesgo de un conflicto interno violento si la institucionalidad sigue fallando de esta manera?

- Puff… ummm… Mira, yo siempre he abogado por el camino pacífico y por la incidencia en las políticas públicas… pero… México también tiene historia y yo siempre digo: “No despierten a México bronco”. Hay muchos ejemplos de cómo la gente se está organizando y va a llegar un momento en que no aguante más y yo no sé cómo va a reaccionar. No queremos violencia, pero la verdad es que la violencia la venimos viviendo en muchos sentidos. Entonces…. ummmm. No sé, no sé… me da mucho miedo que en un momento se levanten campesinos, se levante la ciudadanía concientizada… y la que no lo está porque… porque estamos hasta el cuello… y de pronto tengamos que enfrentarnos”.

Cansada de tanta injusticia, pero convencida en su compromiso. Dice Blanca que está tomando un poco de oxígeno en Europa, que se siente escuchada y apoyada por organizaciones como PBI. Pero ahora, "ahora tengo que volver a mi realidad".

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