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Paraguay, protagonista en el cierre de un Río que condena el “golpe de estado"

sábado 23 de junio de 2012 La ciudad carioca despide su semana de cumbres por la Tierra con la denuncia mayoritaria por destitución forzada de Fernando Lugo. El pueblo paraguayo respira un estado de tensa tranquilidad tras el desalojo de la plaza del Congreso. Conoce las reacciones de la sociedad civil paraguaya y de los movimientos y gobiernos reunidos en Río de Janeiro.

Dos estudiantes de la universidad de Asunción hablan en la clausura de la Cumbre.

Dos estudiantes de la universidad de Asunción hablan en la clausura de la Cumbre. M.A.F.

Por J. Marcos / M. Ángeles Fernández (Brasil)

Fin de Río+20. Fin de la Cúpula dos Povos. Y fin del mandato de Fernando Lugo en Paraguay. Tres desenlaces muy diferentes coincidieron en el tiempo este viernes, que sólo esperaba los dos primeros. La comunidad internacional reunida en la urbe carioca despidió una semana de decepciones y alternativas con el nombramiento del liberal Federico Franco, hasta ahora vicepresidente paraguayo, como sucesor de Lugo. Restaban nueve meses para las elecciones.

El final de Lugo al frente de Paraguay comenzó a escribirse desde el día en que tomó posesión de su cargo, el 20 de abril de 2008, pues desde el primer momento se encontró con la oposición cerrada tanto de la bancada política (Lugo rompió con 61 años de hegemonía del Partido Colorado) como de los medios de comunicación de masas, encabezados por ABC Color, el periódico que marca la agenda mediática y que, en los últimos meses, había radicalizado su guerra contra las políticas presidenciales. La muerte de seis policías y once campesinos durante un desalojo de ‘sin tierras’ el pasado 15 de junio, en la hacienda territorio del estado y que ocupa el empresario colorado Blas Riquelme en Curuguaty, fue la excusa que buscaba la oposición para finalmente derrocar al ex obispo.

Sólo cuatro senadores respaldaron a Fernando Lugo tras un acelerado juicio político promovido por la Cámara de los Diputados que comenzó el jueves. No es la primera vez que un presidente paraguayo se enfrentaba a este proceso constitucional (sucedió en 1999 con Raúl Cubas, quien prefirió dimitir antes de ser destituido), pero sí la primera que tiene la destitución como colofón. El despertar de un pueblo intrínsecamente tranquilo como el paraguayo se consolidó hace tan solo unas semanas, cuando una histórica manifestación logró tumbar la votación parlamentaria que liberaba 150.000 millones de guaraníes (casi 38 millones de dólares) para que el Tribunal Superior de Justicia Electoral los gastara en trabajadores públicos contratados a dedo.

"La idea es resistir, del modo que sea, preferentemente en forma pacífica". Pelao Carvallo

La incógnita ahora es hasta dónde estará dispuesto a llegar la ciudadanía paraguaya, que de momento ha decidido salir a las calles de forma pacífica ante la atenta mirada de los francotiradores, que ocuparon posiciones en las azoteas de algunos  edificios del centro de Asunción. Pasadas las nueve de la noche, y después de la histórica sesión parlamentaria, sólo una minoría seguía en las calles según confirman varias conversaciones telefónicas, que coinciden en resaltar perplejos lo que podría definirse como una tensa tranquilidad.

“Ha habido algún altercado mínimo porque los manifestantes quisieron agarrar a los senadores. Pero a esta hora está todo ya tranquilo”, declara por ejemplo Bernardo Insfran. “Ya no hay nadie en la plaza. Sólo hubo un momento tenso en que los policías usaron gases lacrimógenos. Hay una actitud pacífica a pesar del quilombo político”, explica Soledad Bassett, activa en las redes sociales. Las televisiones hablan de satélites y temas ajenos al momento político, mientras la página del Gobierno está ‘hackeada’. Las calles están vacías. Las tiendas han permanecido cerradas y los colectivos, esos autobuses que a diario dan color, calor y ruido a la capital, apenas hacían acto de presencia.

Algunos ya han empezado a sentir los síntomas del nuevo gobierno: “He estado hasta el último en la plaza: Asumió el Frankeletti y lo primero que hizo fue mandar a reprimir a quienes estábamos en la plaza, habiendo niños y gente muy anciana con problemas de movilidad, intentando así instaurar el miedo, como han intentado toda esta semana. La idea es resistir, del modo que sea, preferentemente en forma pacífica; hacer la resistencia”, comenta el activista Pelao Carvallo en su perfil virtual.

“Es la única forma que tenía la oposición de volver al poder porque yo no creo que fueran a ganar las elecciones". Soledad Bassett

Las opiniones están divididas mientras las redes sociales echan humo, en todos los sentidos: desde “no se fue, lo echaron”; “¡dictadura de nuevo!”, hasta “me encanta, se fueron”, pasando por “¿esto es un chiste?”. Lo que parecen compartir unos y otros es precisamente esa tensa tranquilidad, todavía con el vivo recuerdo de lo que sucedió durante el conocido como ‘marzo paraguayo’, cuando en 1999 murieron asesinados siete manifestantes contra el entonces presidentes Raúl Cubas. Demasiado poco tiempo para tan siquiera tratar de olvidar. “Pasó todo muy rápido. La situación es diferente a la de hace trece años pero nos está haciendo recordar una pesadilla”, confiesa por teléfono Hilda Espinoza, que no olvida el día en que perdió a su hermano.

El experto en gobernabilidad Óscar Muñoz explica también desde Asunción que “el país llevaba cuatro años con presidente pero sin partido, así que ahora habrá que ver qué sucede con el nuevo Gobierno”. De momento, Federico Franco ya es el presidente sin esperar a las elecciones que había convocadas para el próximo marzo. ¿Por qué ahora? “Es la única forma que tenía la oposición de volver al poder porque yo no creo que fueran a ganar las elecciones. La gente estaba ya muy crítica”, reflexiona Basset. La experta en asuntos internacionales Silvia Mongelos cree que el Gobierno de Lugo no supo explicar su política al país: “Es difícil desenterrar problemas estructurales que afectan a la clase política”.

 

La condena desde Río

En la Cumbre de la Tierra organizada por Naciones Unidas se habló de ‘golpe de estado’, a través de varios representantes del Mercosur (Mercado Común del Sur) encabezados por el mandatario boliviano Evo Morales. “Es un atentado contra la conciencia de los pueblos y contra los gobiernos que hoy impulsan profundas transformaciones en sus países de manera pacífica. Existe una estrategia de la derecha paraguaya destinada a derrocar a Lugo e interrumpir el proceso político”, sostuvo Morales tras participar en el plenario de Río+20. Minutos antes dejó ‘plantados’ a los medios de comunicación al suspender una rueda de prensa para acudir a la reunión de urgencia con los representantes de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) citados en Río.

También se pronunció al respecto la presidenta del país anfitrión de las Cumbres por la Tierra, Dilma Rousseff, quien recordó que tanto Mercosur como Unasur disponen de cláusulas para preservar la democracia entre sus miembros, en clara referencia a su país vecino, cuya situación tildó de “complicada”.

La denuncia de ‘golpe de Estado’ fue por otra parte unánime en la Cumbre de los Pueblos, que leyó su declaración final entre continuas muestras de apoyo al pueblo paraguayo. “La delegación paraguaya manifiesta su total repudio y rechazo al juicio político contra el presidente de la República, entendido por diversos sectores de la sociedad como un golpe de estado patrocinado por los diputados y senadores de los partidos Colorado, UNACE, Liberal, Democrático Progresista y Patria Querida, quienes pretenden disolver el proceso democrático iniciado el 20 de abril del 2008”, firmaron los miembros de varias organizaciones sociales.

“Es un juicio exprés ilegítimo. En otros países este proceso dura un mes y en Paraguay un día. Consideramos que es un atentado de la derecha ‘colorada’. Esto nos retrocede a tiempos oscuros”, explicó a Otramérica Ricardo Roa, estudiante de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción, participante junto con otros 150 paraguayos en la Cumbre de los Pueblos.

Las declaraciones finales de Río+20 y de la Cúpula dos Povos pasaron a un segundo plano frente a la actualidad paraguaya. La Cumbre de la ONU corre así, de forma involuntaria, un tupido velo sobre un informe final que olvida los compromisos ambientales y sociales para enroscarse en un término al que no encuentran definición: ‘economía verde’. Son las miserias de Río+20, escondidas entre la actualidad paraguaya.

“Es un juicio exprés ilegítimo. En otros países este proceso dura un mes y en Paraguay un día. Consideramos que es un atentado de la derecha ‘colorada’. Esto nos retrocede a tiempos oscuros”

La Cúpula dos Povos deja por su parte un buen sabor de boca entre quienes defienden que otro modelo alternativo al desarrollo y al extractivismo es posible. El mayor avance en este sentido es la defensa de los bienes comunes frente a la hegemónica mercantilización de la vida, lo que lleva emparejados conceptos como el de justicia ambiental y matices tan importantes como pasar del derecho al agua hasta el derecho del agua. Así como un modelo de trabajo basado en la convergencia de ideas y en la construcción del discurso desde abajo: “Ha habido muy buena participación”, resume Samuel Martín-Sosa, de Ecologistas en Acción. “No partimos de nada y con una nueva metodología de trabajo hemos llegado a una integración de los discursos. Me siento muy aliviada con el resultado”, añadía la brasileña Sandra Quintero, del Grupo de Articulación. Son las virtudes de la Cumbre de los Pueblos, que en su jornada de clausura decidieron ceder el protagonismo a un Paraguay que por unas horas los medios de masas parecen redescubrir.

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