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radar Quibdó / Colombia

San Pacho ya es patrimonio de la Humanidad

jueves 06 de diciembre de 2012 Quibdó es la capital de uno de los departamentos más olvidados y golpeados por la guerra y el abandono estatal de Colombia. Hoy tiene razones para celebrar algo. Por fin. La Unesco ha reconocido las populares Fiesta de San Pacho como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Esta fiesta sincrética tiene un altísimo componente reivindicativo.

Por Equipo Otramérica / Varias fuentes

Siempre comienza así. Llega el colonizador, instala sus íconos y su visión hegemónica de la vida y los conquistados, los invadidos, los resistentes, hacen suyo lo ajeno dotándolo de una resignificación poderosa. Y ahora, la UNESCO reconoce que las Fiestas de San Francisco en Quibdó son patrimonio inmaterial de la Humanidad.

En Quibdó, el excluido departamento de Colombia, nadie llama San Francisco a San Francisco. Al menos en octubre, cuando cierta locura colectiva se toma sus calles. Allí, durante las fiestas, San Francisco se convierte en San Pacho y San Pacho en un placebo para el sufrimiento secular de estas tierras. 

En 1648 no debía ser así. Llegó al Pacífico colombiano una comisión de misioneros franciscanos. Su misión: “pacificar a los indios” y, por supuesto, abrir paso al megaproyecto minero de los conquistadores que hoy, 2012, está tan vivo como entonces (aunque los blasones sean otros). Pero en el siglo XVII los franciscanos ya pusieron a los indígenas a desfilar en canoas con la imagen del santo, entonces Francisco, a la cabeza. La ‘fiesta’ duró pocas décadas, porque a los indígenas la pacificación no le parecía tan pacífica, así que en 1684 asesinaron a unos misioneros y quemaron el poblado levantado por estos.

Pero la vía minera ya estaba abierta y los buscavidas, cargados de africanos esclavizados, ya estaban instalados en ese Quibdó. Fue la afrodiáspora la que asumió a San Pacho y la fue transformando a medida que recorría los 12 barrios del trazado franciscano. De lo sagrado a lo carnavalesco, de la fiesta del esclavizador a la catarsis del esclavizado; el teatro como terapia.

Hoy en día, es la chirimía chocoana la que marca el ritmo y los reclamos sociales los que ponen la letra a una fiesta que se vive de una horma en los barrios –con ese fuerte componente fiestero y reivindicativo- y de otra en la catedral de Quibdó, donde la Iglesia todavía le pone el punto sagrado.

La UNESCO aseguraba ayer que la candidatura colombiana "describe bien la manera en la que la transmisión de esa tradición se lleva a cabo, así como las funciones sociales y culturales que cumple" y destacaba la "amplia participación de la comunidad de Quibdó en la elaboración de la candidatura".

No habla la organización de la ONU de la grave situación de violación de los derechos humanos en que vive la población de Quibdó y, en general, del Chocó. Dice una descripción de la fiesta ahora reconocida que “los disfraces y los caches que competirán por el primer puesto muestran que a pesar de ser el Chocó un departamento rico en biodiversidad, lo está afectando la corrupción, el abandono de los gobiernos departamental y nacional a través de la discriminación, el desempleo, la salubridad precaria, el hambre y la pobreza. De esta manera, el baile, la alegría se convierte en un medio para reclamar mejores condiciones de vida”.

Hay otras siete fiestas colombianas en la lista de patrimonio inmaterial: el Espacio antropológico del Carnaval de Barranquilla, el Espacio cultural de San Basilio de Palenque, el Carnaval de Negros y Blancos, las Procesiones de Semana Santa de Popayán, el Sistema normativo wayuu aplicado por el palabrero, las Músicas de marimba y los cantos tradicionales del Pacífico sur, y He Yaia Keti Oka -el conocimiento tradicional (Jaguares del Yuruparí) para el manejo del mundo de los grupos indígenas del río Pirá Paraná.

 

 

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