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Tragicomedia patriótico electoral en la frontera entre Venezuela y Colombia

miércoles 26 de agosto de 2015 La crisis fronteriza entre Venezuela y Colombia pone a prueba a los políticos de ambos lados. Algo más de mi colombianos deportados, un ‘espectáculo mediático’ sin contención en ambos países y, de fondo, un peligroso juego de patriotismo mediático de cara a las elecciones parlamentarias en la polarizada Venezuela (6 de diciembre) y las departamentales y municipales de Colombia (25 de octubre).

Álvaro Uribe, este martes, en plena frontera con Venezuela.

Álvaro Uribe, este martes, en plena frontera con Venezuela.

Por Equipo Otramérica

Seguir la cobertura mediática de la crisis fronteriza que estalló el martes 25 de agosto exige un acto de fe a colombianos y venezolanos. Desde Caracas se denuncia un entramado en que paramilitares y oligarcas colombianos se alían para violentar estados como el de Táchira y, además, saquear las mermadas existencias de alimentos y otros productos a través de una red de contrabando que, cualquier habitual de la frontera, sabe que funciona de forma aceitada desde hace décadas.

Desde Bogotá y sus altavoces mediáticos se habla de una agresión sin antecedente histórico en el que a través de los 1.113 colombianos deportados en las últimas horas se está violando los derechos humanos y humillando a todo el país.

No hay contraste ni comprobación en el terreno de lo que realmente está pasando y, mientras, analistas, comentaristas y políticos compiten por ver quién echa más combustible (contrabandeado) al fuego.

El especialistas en estas tareas pirómanas es Álvaro Uribe. El ex presidente colombiano, en plena campaña electoral, movió ficha rápido y fue el primero en llegar a la zona cero del caos fronterizo: Cúcuta. Allí se despachó con declaraciones de este tenor: “Así como Hitler infundió odio contra los judíos diciendo que eran la base del mal y una raza inferior y todo terminó con el asesinato de seis millones de judíos, la dictadura castro-chavista de Venezuela está dedicada a infundir odio contra el pueblo colombiano llamando a nuestras mujeres prostitutas y a nuestros compatriotas paramilitares”.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, reaccionó inmediatamente asegurando que “la justicia internacional hará pagar sus crímenes a Uribe”, a quien señalaba como uno de los responsables de la “invasión silenciosa paramilitar”. Por si había confusión, añadió: “yo no soy anti colombiano, soy anti paraco”.

Las reacciones a uno y otro no han cesado, a pesar de la posición moderada, anclada en la diplomacia del Gobierno colombiano de Juan Manuel Santos. De hecho, el ex vicepresidente César Gaviria, aseguraba esta mañana que no se pueden tolerar los insultos a Uribe y advertía a Maduro a través de la radio y en un tono exaltado: “Si él (Maduro) cree que en Colombia tiene un problema con el presidente Uribe, está muy equivocado. El problema que él está generando es con cada ciudadano de este país. Él no va a humillar a Colombia, puede estar completamente seguro de que Colombia no se va a dejar humillar de la manera como él nos está humillando. No se lo vamos a tolerar”.

Mientras, la frontera permanece cerrada por parte venezolana (por 60 días) y las cancilleres, reunidas hoy en Cartagena de Indias, no han logrado un acuerdo para su reapertura.

 

El enemigo externo

La acción del gobierno venezolano en la frontera forma parte de las llamadas Operaciones de Liberación y Protección del Pueblo (OLP) y de la estrategia de Maduro, ante la grave crisis económica y política que enfrenta, de agitar los enemigos internos y externos al tiempo. Un golpe de efecto primero y una convocatoria de reconciliación después, como la manifestación convocada para este viernes en Caracas: "Estamos convocando a una gran movilización el próximo día viernes a las 11 de la mañana hasta el Palacio de Miraflores, para defender el derecho que tenemos los venezolanos y los más de 5 millones de colombianos (que viven en Venezuela) de vivir en paz”, decía hoy Jorge Rodríguez, del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela.

En todo caso no es la primera vez que Venezuela y Colombia se enzarzan en disputas fronterizas, en una relación desigual ya que tradicionalmente el país expulsor de habitantes ha sido Colombia y Venezuela, con el atractivo petrolero, ha sido el receptor. Ahora se calcula que hay algo más de 600 mil colombianos viviendo en el país vecino (aunque las cifras son confusas), mientras se contabilizan sólo 53.000 venezolanos residentes en Colombia en 2014.

El conflicto ha provocado una inflamación sin límites del patriotismo en Colombia y múltiples acusaciones a Santos de mostrarse débil ante su homólogo Maduro. El discurso de Uribe ha prendido y lo comprobó en su visita a Cúcuta, donde fue aclamado en las calles. En los programas radiales se habla de forma permanente de la falta de democracia en Venezuela y de la permanente violación de derechos humanos en aquel país. Olvidando que las estadísticas del propio gobierno colombiano señala que en este país hay, a día de hoy, 7.558.854 víctimas del conflicto armado y unos 5,3 millones de colombianos que han emigrado del país.

Aunque en realidad no hay olvido, sino una puesta en escena de patriotismo electoral en un lado y en otro. Las víctimas, los 1.113 residentes ilegales que han sido deportados de forma express y sin garantías jurídicas y ambas sociedades, expuestas a un nivel de contaminación informativa e ideológica difícil de describir.

 

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