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Un beso para ese policía

domingo 06 de noviembre de 2011 ¿Conoces lo que se está cociendo en las huelgas universitarias en Colombia? El presidente de ese país, ocupado en la guerra que no existe y que tanta muerte deja, dice no entender las protestas. Quizá no ha leído este reportaje.

el modelo del endeudamiento no sólo no ha permitido que bajen las matrículas en públicas y privadas, sino que terminó uniendo la frustración de los endeudados en la Educación Superior. Para los estudiantes, ese modelo llegó a su tope.

Por Camila Osorio / La Silla Vacía

El 3 de noviembre los estudiantes de universidades públicas y privadas marcharon una vez más por las calles de Bogotá y Cali, de cinco de la tarde hasta la media noche. Y mientras caminaban con antorchas y disfraces por el centro de la capital, el presidente Juan Manuel Santos dijo que no entendía las razones por las que los estudiantes seguían protestando, como lo han hecho cada semana, y como lo seguirán haciendo en los próximos meses.

Para él no cabe duda de que la reforma mejorará la calidad de la educación. Para ellos, no cabe duda de lo contrario. Aunque la Ministra de Educación María Fernanda Campo ha dicho que la reforma permitirá que el Gobierno invierta en la educación 6 billones de pesos en los próximos años, para los estudiantes no sólo los recursos no son suficientes -de acuerdo a lo que han dicho las oficinas financieras de las respectivas universidades públicas- sino que rechazan que buena parte de ese dinero vaya a financiar los créditos del Icetex, y no a solucionar el déficit presupuestal de las universidades.

En otras palabras, rechazan que el Gobierno prefiera invertir en la demanda (los estudiantes), y no en la oferta (las universidades). Aunque esta inversión permitiría que más estudiantes ingresaran al sistema educativo por medio de créditos, más de cincuenta por ciento de los estudiantes de las Universidades Públicas ya pagan sus matrículas de esta forma al igual que lo hacen la mayoría de las privadas. Y el modelo del endeudamiento no sólo no ha permitido que bajen las matrículas en públicas y privadas, sino que terminó uniendo la frustración de los endeudados en la Educación Superior. Para los estudiantes, ese modelo llegó a su tope. 

Pero además del debate técnico sobre los puntos buenos o malos de la propuesta, sobre si desapareció o no el ánimo de lucro en la reforma cuando se permiten universidades de carácter mixto, paradójicamente este proyecto de ley terminó convirtiéndose en la plataforma para que el movimiento estudiantil pasara de pequeños focos regionales -como lo ha sido en los últimos años- a un movimiento unido con el que el Gobierno no esperaba encontrarse. Por la reforma a la educación nació la MANE -Mesa Amplia Nacional Estudiantil- que ahora se hace notar en las calles del país por medio de protestas, antorchas, arengas, pero también abrazos y besos. 

 

La unión estudiantil: la MANE

En los últimos años las cinco principales organizaciones estudiantiles estaban desarticuladas (la FEU, ACEU, FUN, Identidad y la OCE), además de las organizaciones más pequeñas en cada una de las universidades. Una protesta coordinada entre todas a nivel nacional era la excepción, casi una tarea titánica, y no la regla. “Antes sólo hacíamos unas cinco reuniones al año, por eso decidimos que necesitábamos una mesa permanente”, dice Sergio Fernández, estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional y vocero de esta nueva Mesa. La Mane nació formalmente hace apenas dos meses, el 20 de agosto.

“Sin saber si lograremos que se retire la reforma, ya solo haber creado la Mane ha sido un avance gigante”, dice Juan Sebastián López, representante estudiantil del Externado y miembro de la Mane. Al igual que Fernández, López repite que el movimiento estudiantil colombiano nunca ha estado tan organizado como el chileno, que ganó tanto protagonismo en los últimos meses. “En Chile, tienen la Fech, que es una organización gremial estudiantil que tiene 107 años, que ya tiene un protagonismo enorme”, dice López “Acá no teníamos una organización nacional coordinada sino hasta hace muy poco”

Fue en esta Mesa donde los estudiantes se pusieron de acuerdo que protestarán hasta que el Gobierno retire la reforma a la educación. Es decir, están dispuestos a mantener el paro en paralelo a los cuatro debates que necesita la propuesta para ser aprobada en el Congreso. El rector de la Universidad Nacional se ha sumado al Viceministro de Educación en señalar que los estudiantes deben entrar a debatir ahora la reforma en el Congreso, más que mantener el paro. Pero los estudiantes desconfían que en el Capitolio encuentren mayor apoyo.

“Unos congresistas que nos apoyan ya nos enviaron una carta diciendo que en el Congreso no hay ambiente para que se tomen en cuenta nuestros puntos de vista”, dice Fernández. Por ahora, solo la bancada del Polo -que es una minoría- y los congresistas del Partido Verde Carlos Andrés Amaya y Angela María Robledo se han pronunciado en contra del proyecto. Y de esos, sólo cuatro hacen parte de las Comisiones Sextas de Senado y Cámara, que es donde se debatirá la iniciativa. Para los estudiantes, la Ministra la tiene ganada en el Congreso porque cuenta con el apoyo de las mayorías de la Unidad Nacional. Además, se resisten a debatir una reforma que no fue consultada previamente con rectores, profesores y estudiantes.

Los estudiantes cuentan también con el apoyo de algunos rectores, como José Fernando Isaza de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Guillermo Páramo, de la Universidad Central y Francisco Piedrahíta, del Icesi. Además, varios gremios de taxistas y transportadores de carga se han acercado al movimiento con la idea de apoyar la protesta en las próximas semanas. Pero en el núcleo del poder del Gobierno no ven apoyo. Así que se tomaron las calles esperando que, cambiando la imagen del movimiento estudiantil, encuentren las mayorías que necesitan.

“También hay que tener en cuenta que esta reforma permitió que renaciera la memoria del movimiento estudiantil”, dice Jairo, vocero de la Mane. Para los líderes universitarios hay un recuerdo histórico que inspira a la protesta: el movimiento estudiantil de 1971. “Ese fue el coletazo que tuvimos en Colombia de Mayo del 68”, dice López, “donde estuvieron líderes como Marcelo Torres (recién elegido Alcalde de Magangué), pero luego muchos fueron encarcelados”.

Tanto Lina Salazar, en la Universidad del Rosario, como Fernández, en la Universidad Nacional, aseguran que líderes de sus facultades participaron en ese movimiento del 71. Y también, que después de éste, los estudiantes nunca volvieron a organizarse a nivel nacional. Ahora ellos están reviviendo la organización nacional, usando nuevas redes sociales como Facebook o Twitter.  “Los nuevos medios es todo lo que tenemos, no dependemos de los medios tradicionales”, dice López. 

Ayer no solo marcharon estudiantes en el centro de Bogotá. Lo hicieron también padres de muchos de ellos, la mayoría sin antorchas ni disfraces, pero al lado de sus hijos. El de Fernández llegó a la plaza principal de la Universidad Nacional temprano. “La idea era que para este carnaval, los papás también nos apoyaran”, cuenta Fernández.

Lina Salazar, vocera de Mane en la Universidad del Rosario y estudiante de fisioterapia, dice que la idea es que cada estudiante dedique un tiempo a la semana para explicarle la reforma a la educación al vendedor de tienda de la esquina, o a los taxistas, o a los abuelos. “Para que vean que es además, una protesta pacífica. Nosotros nos hemos dado cuenta que el arte, la cultura, es lo que atrae a la gente”, dice. "Queremos acabar con la protesta violenta"

El Mane nació no sólo con la idea de tumbar la reforma del Gobierno, sino de cambiarle la cara a la protesta estudiantil. Los voceros decidieron que hubiera una ‘Comisión de Derechos Humanos’ integrada por estudiantes que vigilara que la protesta se mantuviera pacífica. “Todas las iniciativas culturales, simbólicas, han sido idea de los estudiantes”, dice Fernández.

 

'Sin violencia'

En las últimas marchas estudiantiles, antes de que arranque una pedrea contra la Policía varios estudiantes se ponen de escudo para proteger a la Fuerza Pública. “Sin violencia”, le repiten varias veces a quienes quieren tirar piedras. Y logran que la marcha siga su rumbo, sin violencia. En un principio, más que tirar piedra a la policía, también llegaron con tarros de pintura de todos los colores, y a los escudos del Esmad los transformaron en cuadros de Jackson Pollock.

En la última de ellas, ni piedras, ni escudos humanos, ni pinturas. Fueron abrazos. El pasado miércoles 26 de octubre, en una de las marchas más grandes a nivel nacional, los estudiantes regalaban abrazos a los transeúntes en las calles. “Cuando llegaron a la Plaza de Bolívar, y vieron una fila de policías, salieron a correr hacia ellos. Yo pensé que hasta acá había llegado el movimiento estudiantil, pero cuando se encontraron, los estudiantes comenzaron a abrazar a la policía. Eso no fue planeado, fue espontáneo”, contó López a La Silla Vacía. “Fue acabar con esa barrera que siempre ha separado a policías y estudiantes, aunque fuera un momento”, dijo a La Silla una de las estudiantes en la marcha de anoche.

Pero más allá de Bogotá, en otras zonas del país la protesta estudiantil también se ha llenado de símbolos. En Villavicencio, por ejemplo, los estudiantes contaron a la Mesa que iban a hacer una cabalgata en lugar de una marcha. Aunque todos en Bogotá estaban pendientes de que los caballos salieran a las calles, el miércoles los de Unillanos salieron con caballos de madera. Y a nivel nacional, antes de las elecciones locales, se repartieron papelitos que decían 'No a la Ley 30' para que los estudiantes que pudieran votar los depositaran en las urnas. 

“También hay que admitir que hemos tenido una buena coordinación con las Secretarías de Gobierno”, cuenta López a La Silla Vacía. En el caso de Bogotá, la Mane se mantiene en comunicación constante con la secretaría, para avisar por qué rutas y en qué horarios van a protestar. “Cada vez ponen las tanquetas más lejos, y están permitiendo la protesta estudiantil”, dice.

Aunque las calles siguen llenas de graffitis, para los estudiantes la creación de la Mane y haber roto la hostilidad con la Fuerza Pública ha sido uno de los grandes logros de estos últimos meses. Por eso, quizás, en la noche del 3 de noviembre pudieron tomarse el Congreso. O al menos, su entrada. Cuando llegaron con antorchas, pancartas, mascaras y disfraces, los estudiantes corrieron hacia la policía que protegía la entrada del Capitolio. Los abrazaron, les dieron besos, y junto a ellos, entre las columnas de la entrada y junto a la fuerza pública, cantaron hasta la media noche. ¿Llegarán los gritos de su propuesta a los corredores y escritorios de los congresistas?

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