Causas

Afroparaguayos, condenados a no existir

Miércoles 26 de octubre de 2011 - La presencia de afrodescendientes en Paraguay ha sido sistemáticamente negada, como una discriminación histórica que se remonta a tiempos coloniales. La concepción tradicional del mestizaje se olvida de la población negra y el resto reproducimos el tópico. Conoce a los afroparaguayos y su lucha por 'existir'.

Por Irene Ayuso Morillo

Milva Gauto, comunicadora paraguaya, sacó los diablos del racismo en Paraguay. En el programa televisivo Baila Conmigo Paraguay se refirió a Emmanuel, un bailarín afrodescendiente haitiano, como “negro de mierda”. Las asociaciones de afrodescendientes en el país saltaron: en un país donde los afro son invisibles y donde no hay legislación antirracismo esto es lo normal.

Parece que poco ha cambiado desde que gigantescos navíos cargados de esclavos atravesaban el Atlántico y desembarcaban en la costa occidental de América. África se diseminaba así –involuntariamente- hacia el centro de esta tierra desde los bordes, hasta el mismo corazón de este continente.

Los afrodescendientes en América Latina son unos 150 milllones repartidos en todos los países y el patrón que se repite es el de la exclusión, primero como resultado de un sistema colonial y racista que discriminaba a las personas; después, como resultado de la colonialidad del poder que sigue imperando en nuestras sociedades. Los afroamericanos siguen en el más bajo escalón de la pirámide social. De tal manera que hoy en día, según la CEPAL, el 80% de la población afrodescendiente vive en la pobreza, y del total de pobres en América Latina la mayoría son afrodescendientes o indígenas.

La presencia de esclavos africanos en el Paraguay nunca fue significativa, aunque hacia el final del período colonial alcanzaba casi un 11% de la población nacional, con una fuerte presencia en la ciudad de Asunción (alrededor el 50%).

Hoy en día, gracias al censo informal realizado en 2007 por la Asociación Afroparaguaya Kamba Cué (AAPKC), sabemos que, al menos hay 8.013 afrodescendientes en el país. Concretamente, 422 personas en Kamba Cuá, 385 personas en Kamba Kokué y en Emboscada: 2.686 en la zona urbana y 4.524 en el área rural,  un 58% de la población total son afrodescendientes.

 

Datos incompletos

El censo muestra además que están prácticamente equiparados en cuanto al sexo y que cuentan con una población predominantemente joven: el 63% tenía en ese momento menos de 30 años; todos los afrodescendientes hablan guaraní, al igual que el resto de los paraguayos. La tasa de analfabetismo asciende al 7,4% y, de ese porcentaje, el 58% corresponde a mujeres. La cantidad de personas que ha llegado a cursar del primer al sexto grado representa el 60% y quienes han alcanzado el nivel universitario solo el 1%.

Cabe señalar que los resultados son incompletos, pues el censo no alcanzó a todos los residentes, sobre todo de Emboscada; además, algunos residentes encuestados no se autoidentifican como afrodescendientes, aparte de otras concentraciones de afrodescendientes paraguayos e individuos de origen africano por todo el país que no fueron incluidos en el  censo.

el negro no existe, la población indígena es asumida y subsumida-por ende ignorada-, y las lenguas indígenas dejadas de lado

El censo carece de carácter oficial, pero los resultados fueron incluidos en una base de datos  que persigue ser un instrumento para mediar en el proceso de diálogo con el Gobierno sobre políticas afirmativas y programas públicos, buscando la incorporación del componente étnico en el próximo censo nacional, según afirma Lázaro Medina, uno de los máximos exponentes de la Asociación.

 

El último escalón

En Paraguay, ser afrodescendiente es un factor definitivo para no participar, para vivir excluido de su nacionalidad. En palabras del historiador e investigador argentino Ignacio Telesca, en los mismos rasgos que hacen a la identidad paraguaya, arraigados desde hace varios siglos, está presente ya una discriminación cultural: el negro no existe, la población indígena es asumida y subsumida-por ende ignorada-, y las lenguas indígenas dejadas de lado.

Ser índigena es difícil, ser afrodescendiente en Paraguay es no existir. El problema principal reside en el que no hay una verdadera voluntad política para sacar a la luz la realidad de la población afroparaguaya, así como su historia y su contribución al país.

En 2008 se creó la Red Paraguaya de Afrodescendientes, bajo cuya coordinación se encuentra José Carlos Medina Alfonso, desde la cual, piden al Estado el reconocimiento  de los afroparaguayos como una minoría étnica bien diferenciada y  el desarrollo de la misma dentro de la cultura paraguaya; resarcimiento por los daños causados por la fuerza pública a la comunidad Kamba Cuá, por la expulsión de su tierra ancestral desde 1957; inclusión dentro del currículo escolar de los aportes de los afroparaguayos; inclusión en el próximo Censo de Población y Viviendas de variables de identificación de poblaciones afrodescendientes, entre otras demandas.

 

Año de los afrodescendientes

Las Naciones Unidas declararon 2011 como Año Internacional de los Afrodescendientes con el objetivo de fortalecer las políticas nacionales y de cooperación internacional en beneficio de este colectivo para lograr -en teoría- la satisfacción plena de todos sus derechos, y su participación  e integración  en todos los aspectos políticos, económicos, sociales y culturales  de la sociedad, además de la promoción de un mayor conocimiento y respeto de la diversidad de la herencia  y la cultura de estas personas.

En este contexto en el Paraguay se viene desarrollando la gira de un espectáculo denominado “Negritud de Colores” que recorre diferentes ciudades del país. Se trata de un show de música y danza afrolatinoamericana que sube a escena a 25 artistas para desarrollar un amplio repertorio de canciones, cantos y danzas con raíces africanas rescatadas de esta parte del continente. La cantante paraguaya  Mariví Vargas, el equipo de músicos y un grupo de tamborileros y bailarines de Kamba Cuá dirigidos por Lázaro Medina ofrecen así un espectáculo  que trata de acercar la cultura afro y visibilizar al colectivo afrodescendiente.

El grupo Kamba Cuá es el principal actor y referente de la cultura afro en el Paraguay

Se muestran así temas de la Argentina, Perú, Colombia, Puerto Rico, Uruguay, México y Cuba y por supuesto del Paraguay, con la presentación de las galopas “San Baltasar” y  “Kamba la Mercé”, con una rica descripción de los bailes populares relacionados con la cultura afroparaguaya, además de los ritmos propios del Grupo Kamba Cuá, como el Pitiki-pitiki y Guarimba galopa.

Dicen que  a través de la cultura se llega  más rápido a una transformación, que a través de la educación, que es un camino más prolongado. El grupo Kamba Cuá es el principal actor y referente de la cultura afro en el Paraguay y ante tanta evidencia debería llevarse a cabo un replanteamiento del tema de la identidad en Paraguay, porque la inclusión de los afrodescendientes no es un asunto sólo de afrodescendientes. En todo caso, el paso definitivo será cuando se pasé de la difusión “cultural” al reconocimiento político. Un proceso de reconocimiento y reparación que está estancado en toda América Latina y El Caribe.

El censo de 2007

En el año 2007, la Asociación Afroparaguaya Kamba Cuá (AAPKC), organizó  un censo. De hecho, se trata del único censo de población de las tres comunidades afro conocidas en Paraguay: Kamba Kuá, a las afueras de Asunción, Kamba Kokué, en las afueras de Paraguarí, y en la ciudad de Emboscada. Para realizar el censo contaron con el apoyo de la Fundación Interamericana de los Estados Unidos, de Mundo Afro de Uruguay y de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos

El pueblo de pardos libres, Emboscada

Durante el período colonial se fundaron varios pueblos de africanos esclavizados y libres en Paraguay, como consecuencia de la hostilidad de los grupos indígenas. El primero de ellos en Tabapy, otros sobre la misma época en Areguá y Guarambaré, pero hoy en día quedan muy pocos y no hay conciencia de sus orígenes afrocoloniales.

En 1740 se fundó el pueblo de San Agustín de la Emboscada por Rafael de la Moneda, gobernador del Paraguay. Un destacamento de afrodescendientes y pardos libres fue trasladado de Tabapy a Emboscada, otros llegaron desde Asunción debido, según las crónicas de la época, a los constantes ataques de los indígenas mbayás.

Supuestamente, los negros y mulatos reubicados en Emboscada recibieron una libertad condicionada a su participación en las guarniciones militares. Es por ello que Emboscada se conoce como el pueblo de los pardos libres, a pesar de que muchos de los pobladores originales eran aún esclavos.

En algunos barrios de la localidad de Emboscada, como el de Minas, celebran su fiesta patronal de San Francisco Solano el 24 de julio, utilizando atuendos del kamba ra´anga y guaikurú ra´anga, figura/imagen de negro  y figura/imagen de guaikurú, siendo los guaikurúes uno de los pueblos chaqueños que tenían a mal traer a la población española colonial. Kamba es el nombre con el que se conoce comúnmente a los afrodescendientes en Paraguay, vocablo que se cree de origen guaraní, pero no lo es, aunque así fu incorporado después.

En 2001 se funda la Asociación de Afrodescendientes de Emboscada. Es en esta localidad donde hay una mayor concentración de afrodescendientes, un 58% de la población total, y es aquí donde la carencia de infraetsructuras y de políticas sociales se evidencia. La mayoría de los trabajadores se desgasta día a día en la cantera, donde están expuestos a enfermedades pulmonares, lo que disminuye la esperanza de vida, de tal forma que apenas llegan a los 33 años. No hay muchas más opciones. 

La comunidad Kamba Cuá

Además de los descendientes de esclavos africanos, el Paraguay cuenta con otras comunidades de afrodescendientes que se remontan a las primeras décadas de la independencia, cuando el general uruguayo José Gervasio Artigas se exilió en Paraguay en 1820, llevando consigo 250  soldados negros, hombres y mujeres, niños y niñas; pidió asilo político al entonces dictador Gaspar Rodríguez de Francia, quien se lo concedió para luego enviar a Artigas al exilio interno lejos de Asunción. Rodríguez de Francia reubicó  a los lanceros negros en varias comunidades, la más grande fue Lomas Campamento, conocida popularmente por su nombre en guaraní, Kamba Cuá (cueva o agujero de negros), al este de Asunción .

El dictador les concedió tierras con la condición de que no se mezclaran con los blancos y de que no salieran del territorio asignado pasadas las 6 de la tarde bajo amenaza de ser azotados hasta la muerte. Cuenta Lázaro Medina que fue a partir de esta prohibición que se mantuvo viva su cultura Kamba Cuá, porque como no podían salir todas las celebraciones las realizaban  al ritmo de tambores y rituales en ese mismo lugar.

Hasta 1920 los kambá aún poseían 100 hectáreas de tierra fértil que dedicaban a la actividad agrícola para autoabastecerse. En 1967, la comunidad fue desposeída  de forma violenta de un 90% de sus tierras por parte de agentes de la dictadura del General Stroessner. De las 100 hectáreas, el Gobierno les arrebató 97 y media, reduciéndolos en su propio lugar con alambrados de púa y  muros de piedra.

Durante los últimos 100  años, como consecuencia de la quita de tierras, y la brutal represión  que acompañó cada intento oficial por colindarlos, la comunidad ha experimentado cambios que la dejó marcada: la interacción  con personas ajenas a la misma, la aculturización, la alfabetización y sobre todo, al carecer de  tierras para cultivar, la búsqueda de trabajo en Asunción o la migración a ciudades más lejanas.

Tienen una escuela primaria pero solo  se cursa hasta el 6º grado, por lo que la mayoría de los jóvenes no tienen la posibilidad de continuar sus estudios por falta de recursos. Los residentes de edad avanzada son en su mayoría casi analfabetos.

Como comunidad tratan de aferrarse a su cultura, con la inserción del tambor y la organización de talleres de tamboril como camino para mantener la tradición y como una fuente de trabajo para los jóvenes.

A partir de 1990, de la mano del resurgir de los movimientos afroamericanos en el continente, y a través de un movimiento de recuperación de las expresiones y la cultura afro, se inicia el proceso de recomposición de sus raíces, comenzando una etapa de debate sobre la cultura afro y  la toma de conciencia sobre su propia identidad africana. En 1999 se crea la Asociación Afroparaguaya Kamba Cuá y el Ballet Folklórico de Kamba Cuá. Celebran la fiesta de San Baltasar cada 6 de enero.

A pesar del éxito artístico y de los reportajes escritos y filmados por los medios de comunicación, en Paraguay no se reconoce que haya afrodescendientes y los que saben de su existencia piensa que vinieron de Uruguay.

Hay otro grupo más pequeño que también llegó con Artigas, denominado Artigas-Cue, en la comunidad vecina de Laurelty, ciudad limítrofe con Luque, barrio hoy día marginal donde se ha perdido casi toda la conciencia de su origen. 

La comunidad de Kamba Kokué

Antes del censo de afrodescendientes paraguayos de 2007, Kamba Kokué era invisible. Se trata de una pequeña comunidad afro que hasta entonces no era conocida por los demás paraguayos de origen africano. El barrio de Kamba Kokué, a las afueras de la ciudad de Paraguarí, a 70 km de Asunción, fue rebautizado con el nombre de Virgen de Caacupé, pero los vecinos todavía emplean el nombre tradicional Kamba Kokué, que significa “chacra de los negros”.

La comunidad se remonta a la época de las “estancias” de las órdenes religiosas en la época colonial, y en ella vivían 530 esclavos, entre adultos y niños, mujeres y varones. 

Un recorrido para conocer a una minoría que resiste en tres comunidades de Paraguay: Kamba Cuá, Kamba Kokué y Emboscada.

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