El Blog de la Ruta

Las formas de la colonialidad

Jueves 18 de agosto de 2011 - El siglo XXI, a veces, se parece demasiado al pasado. Mientras en Madrid el palio retoma fuerzas, en Cayena tengo un encuentro con el colonialismo contemporáneo y lo quería compartir de urgencia con ustedes.

Por Paco Gómez Nadal

Hay formás y formás de colonizar.

El Papa le llama a eso ‘evangelizar’ y lo hace con aire acondicionado y cientos de miles de acreditados (que eso de ser joven y católico hay que demostrarlo con carnet). Dice que la igualdad y la dignidad es asunto de la organización que dirige y no de marxistas ni rojos furibundos que a punta de gritos sobre justicia social molestan la paz de la eucaristía.

Desde acá -tan lejos y tan en este mismo mundo- parece un circo raro lo de Madrid pero sí recuerda a siglos pasados y me hace pensar que los humanos hemos evolucionado poco si seguimos arrodillándonos ante un señor vestido de blanco que asegura ser el embajador en la tierra de alguien jamás visto por estos pagos.

Igual de raro me parece lo de Guayana Francesa, igual de anacrónico. Hablo con Maurice Pindard y, mientras lo escucho, me pregunto de qué tiempo, de qué época estamos hablando.

Maurice fundó en 1991 el Movimiento de Descolonización y Emancipación Social (MDES) de Guayana Francesa. Esté, asegura, será su último año al frente de la organización. En un tono suave, amable, en un español rudimentario pero suficiente, Maurice me cuenta mientras conduce su destartalada furgoneta por Cayena la lucha imposible contra la metrópoli.

“Somos la única colonia en Suramérica, el único territorio que sigue teniendo el poder colonial impuesto”. Y es verdad. Para Maurice y para sus compañeros del MDES hay tres claves para entender por qué Francia sigue controlando con cierta facilidad a este territorio: Asimilación -“una política que comenzó con el fin legal del esclavismo”, Asistencialismo –traducido en ayudas que van desde los 300 a los 5.000 euros dependiendo de los miembros de la familia desempleada- y División –“Francia sabe que debe mantener separados a los Afrodescendientes, a los Indígenas y a los Criollos. Si algún día nos unimos las cosas serán diferentes”.

Aunque me reservo el encuentro con la gente del MDES para un texto más reposado, no quería dejar de contarles el dolor que produce escucharlos y las ganas que dan de salir corriendo de acá. Si ya había contado en esta bitácora mis dudas sobre este lugar, tras salir de la sede del MDES miro de reojo a cualquier francés con quien me cruzo. Tampoco debe ser justo –imagino- pero así lo siento.

“Es tan difícil entender nuestra mente. Después de 400 años de esclavitud seguimos siendo esclavos mentalmente… bueno y también en la realidad”. Maurice se queda a veces mirando a ninguna parte y esa ninguna parte debe ser de donde alimenta el espíritu de resistencia. “Porque ahora lo único que podemos hacer es resistir. No tenemos posibilidad de nada más”.

Están los esclavos de Dios que voluntariamente se entregan a la irracionalidad a cambio de retribución espiritual, pero también están los que quieren dejar de ser esclavos de esa Europa a la que le cuesta mirar diferente a esta Otramérica de la que saca tanto provecho.

Armand, otro de los activistas de MDES, lo dice sin pomada: "Esta es una colonia, una colonia racista donde hay segregación. Somos una isla a donde migran los franceses blancos para ganar mucha plata mientras el desempleo local oficial ya es del 30 por ciento".

Tomo la foto del único edificio público que tiene la bandera prohibida de Guayana… una rareza para el álbum de la ignominia.

Les cuento con detalle, ahora mi bus parte y tengo que soltar el teclado. Hoy he abierto una nueva ventana, difícil de cerrar. Espero que miren por ella conmigo.