El Blog de la Ruta

Te cambio Nueva York por Surinam

Lunes 22 de agosto de 2011 - En un tiempo, el mundo era un Monopoli de territorios (si es que no es ahora un Risk contemporáneo). Por eso, las potencias europeas jugaron a los dioses y se repartieron el planeta. No siempre se mantenía el orden inicial. Las guerras entre colosos iban cambiando el mapa y los equilibrios de poder. Surinam es parte de ese 'juego'.

Por Paco Gómez Nadal

(Mire este pequeño video para ir haciéndose una idea de cómo es Paramaribo) 

En Nueva York se conduce por la derecha y en Surinam por la izquierda. Esta constatación de hechos no sería singular si no fuera porque todo está al revés. Nueva York era holandés. Por algo pagó 24 dólares la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales a los indígenas para quedarse con lo que denominaron como Isla de Manhattan y fundar una ciudad a la que llamaron, coherentemente, New Amsterdam. Por algo, lo que ahora es Surinam era territorio colonial británico. Hasta que la guerra echó los dados y Holanda perdió ante los ingleses un conflicto de dos años que se saldó, entre otras facturas, con la entrega de New Amsterdam a Londres en 1667 (que la rebautizó en el colmo de la originalidad como New York). A cambio, Holanda se quedaba con la soberanía de Surinam, un territorio selvático que jugó un papel importante en el comercio mundial de esclavos, tabaco y azúcar en los siglos XVIII y XIX.

Perdonen la digresión enciclopédica, pero probablemente en Amsterdam todavía no sabían que el territorio del norte estaba destinado a ser la “capital” del mundo occidental (o así se vende) ni Surinam imaginaba un recorrido tan tortuoso por la historia.

Pues aquí ando, en Paramaribo, más conocida por los surinameses como Parbo. La capital de un país independiente sólo desde 1975 y más o menos tranquilo sólo desde  1992, cuando terminó una extraña y sangrienta guerra civil.

Todo es posible aquí: como que la mezquita o la sinagoga sean más imponentes que la catedral; como que la mayoría de su pequeña población sea de origen indio (y se nota en calles y rostros); que sea el lugar en el que se creo la primera resistencia de africanos liberados (maroons) huidos a la selva algo más de un siglo antes de que se aboliera la esclavitud; o, algo mucho más grave, que el actual presidente democrático (y con el beneplácito del gigante del Norte) sea el anterior dictador sangriento condenado por narcotráfico y asesinato en la antigua metrópoli (Desi Bouterse).

La primera impresión de Paramaribo es de aturdimiento: nunca he escuchado tantas lenguas distintas en una sola calle (ni siquiera en Nueva York); la ciudad antigua (Patrimonio de la Humanidad desde 2002) es una hermosa reliquia colonial de estilo neerlandés fusionado con las formas y materiales tropicales; la actividad durante el día es frenética y las noches son de calles desiertas…

En una horas comienzo a buscar a los líderes y lideresas de los fuertes movimientos sociales de Surinam. Aquí sí hay. Y, claramente, hay un hervidero de pensamiento que se refleja en la cantidad de títulos que se pueden ojear en una librería local relacionados con los procesos de descolonización, con la resistencia de los maroons o con las identidades cruzadas de indochinos, javaneses, chinos, criollos, cimarrones y descendientes de  holandeses.

Mucho que aprehender en este punto del planeta. ¡Qué ignorante me siento por momentos!

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