El Blog de la Ruta

El carpintero de Dios

Martes 16 de septiembre de 2014 - Algunas pequeñas iglesias católicas del Huila tienen unos elegantes y detallados altares, púlpitos, confesionarios, bancas y pasamanos elaborados por un campesino de la vereda Las Limas, del municipio de Elías (Huila). Aprendió a trabajar la madera en la cárcel a donde fue a parar por un delito que no cometió.

Por Juan Gonzalo Betancur

Se llama Aristides Sánchez y así cuenta su historia, mientras camina por el taller ubicado en la parte de atrás de su casa y que desde lo alto de una montaña mira directamente al cañón del río Magdalena:

 

“Yo trabajaba en molienda, sacaba caña y cosechaba panela. Luego le serví de fiador a un hermano. El hermano trabajaba en compañía del secretario del juez de aquí de Elías. Mi hermano le entregó la plata de la deuda al secretario, pero él no pagó. Eso fue en el año 70 y eran como 9 mil pesos. Eso era plata en ese momento: un camionao de cerveza valía cuando eso 41 mil pesos.

Él no pagó, pero como yo era el fiador, me llamaron a mí. Dije que había pagado y negué la duda porque era verdad que ya la había cancelado. Entonces a mí me metieron el delito de falsedad. Éramos mi esposa y dos hijos, y ellos quedaron desprotegidos.

Yo no sabía que el hermano mío trabajaba con el juez. Mi hermano se fue y volvió a los 35 años. Cuando regresó, hace dos años, yo le pregunté: ¿Usted debía esa plata? Y me contestó que no, que el que tenía esa plata era el secretario del juez, el que me metió a la cárcel. Ahí vine a saber qué fue lo que pasó.

Ese secretario quedó limpio, pero como yo era el que había firmado la letra…”

 

Los buenos tiempos

“Me dieron por cárcel 32 meses, pagué 22 en Garzón y los otros me los rebajaron por buena conducta. Allá me enseñó un preso que me daba como pago un tinto en la mañana y un tinto en la tarde. Yo necesitaba era aprender y ocuparme porque yo estaba enseñado era a trabajar y no a quitarle nada a nadie.

Salí, llegué a la casa a seguir moliendo, y entonces ya la gente sabía que yo trabajaba así la madera. Una señora me dijo:

-       Hágame un juego de comedor.

-       Señora, yo no tengo herramienta.

-       Yo le doy la plata adelante y usted me hace eso.

Compré un cepillo de mano, que llaman garlopa, y un berbiquí y con eso le hice el juego de comedor. Ahí arranqué trabajando trabajando y criando a mis hijos.

Luego llegó un muchacho, William Calderón, se enamoró de la hija y yo le enseñé a trabajar a él, Y él es el que ya está haciendo frente a esto con uno de los hijos míos, Fernando Sánchez.

Con las iglesias llevamos como cinco años. El que nos impulsó fue el padre Óscar que está actualmente de párroco en San Agustín. A él le hicimos los trabajos en la iglesia de aquí de Elías y hemos ido creciendo poco a poco.

Tenemos obras en iglesias de Acevedo, Garzón, Pitalito, Gallardo que es una vereda de Suaza, aquí en Elías, en Aipe al norte de Neiva y en Belalcázar, Cauca.

Yo ahora tengo una finquita, no trabajo aquí en el taller, me la paso por allá. Estos muchachos hacen ahora estas cosas y salieron superiores a mí”.