Opinión

Una nueva invasión a la nación Lickana Antay

Miércoles 13 de marzo de 2013 - Sebastián Piñera vuelve a invadir el territorio de la nación Lickana Antay (re-nombrado por los invasores como Atacama). Hoy se trata de inaugurar el megaproyecto astronómico del que habla medio mundo. Abajo, en la tierra, los pueblos originarios rechazan al Estado chileno y al presidente que lo dirige.

Por Lorenzo Antonio Puca Calpanchay

Nuestras alturas sagradas, nuestros cerros sagrados, nuestros Malkus en Atacama reciben la visita del actual presidente del Estado de Chile: el empresario y multimillonario Sebastián Piñera.

Según las encuestas, entre 2011-2012-, realizadas por el Centro de Estudios Públicos, Piñera ha logrado la distinción del ser el presidente más impopular desde los macabros y sangrientos días de la dictadura militar. Gran parte del rechazo se debe a su gestión, que se ha caracterizado por ser antidemocrática, represiva y generadora de desigualdades. Él será recordado por sus célebres palabras que son una sincera lección de valores capitalistas: “Todos quisiéramos que la educación, la salud y muchas cosas fueran gratis para todos, pero al fin y al cabo, nada es gratis en esta vida, alguien lo tiene que pagar…”. Por lo general ese “alguien” que debe pagar son los más desposeídos, los más enfermos, los menos educados, los peor alimentados, los olvidados, los conquistados… “al fin y al cabo”, las grandes mayorías. 
Su visita es para inaugurar una serie de nuevas costosísimas antenas (ALMA) que apuntan hacia el espacio exterior, olvidando casi por completo lo que sucede en el suelo sagrado en donde están. Es el proyecto terrestre astronómico de mayor inversión en todo el planeta. Así pues, San Pedro de Atacama se convierte en la capital astronómica de Chile, acaparando también los otros títulos como el de capital arqueológica y capital turística también de Chile. Son pesadas cargas que tiene que soportar un pequeño pueblo cuyas raíces son de arrieros y campesinos que cada vez son más desplazados por la arqueología, el turismo y ahora la astronomía, todo patrocinado por las políticas de control, asimilación y exclusión del Estado.
San Pedro de Atacama y todo el territorio atacameño es recordado pocas veces, a menos que encuentre en medio de una promoción turística, o como parte de la carrera Dakar, aunque Dakar esté en otro continente, eso no importa, lo importantes es que han dejado sus huellas imborrables cuando pasan como hordas con sus potentes máquinas por encima de cementerios sagrados. 
Antes éramos el “despoblado de Atacama”, ahora el “Desierto más seco del planeta”, ambos son los mismo. Somos considerados como una especie de Terra Nullius. Todavía en la actualidad los presidentes de Bolivia y Chile no dejan de discutir a qué o a quiénes le pertenece Atacama. Ni una palabra se les ha tomado a los atacameños que han vivido aquí por milenios. Nada se habla de tradición, cultura, costumbres, mucho menos de autodeterminación o simplemente derechos ancestrales. Pero en realidad el territorio pareciera pertenecerles a las mineras, ellas son las que no nos han olvidado por lo menos durante los dos últimos siglos. El territorio de Atacama es de ellas, se han apoderado de lo que ellos llaman “recursos”, incluida el agua. A cambio nos dejan contaminación y uno que otro proyecto para “ayudarnos”.
A pesar de las invasiones, ocupaciones, guerras, sequías… La Nación Lickana Antay ha visto en los últimos cinco siglos el subir y el bajar de las banderas, Estados, ir y venir; en cambio ha permanecido nuestro Pueblo. La visita de otro presidente es una invasión más, tal vez más sutil, pero invasión, él vendrá y se irá. En estos últimos días, vehículos oficiales recorren todo San Pedro de Atacama, pocas veces se ven tantos de esos, ni siquiera cuando ocurren las inundaciones anuales. Nos perturba y nos trastorna ser invadidos, más aún si se trata de un presidente que su gobierno reprime a su propia población y a la vez persigue con tanto odio a nuestros hermanos originarios mapuches, que, al igual que nosotros, también luchan por su libertad arrebatada en la Conquista.
El presidente Piñera vendrá y se irá. Así mismo tenemos la esperanza que sus banderas, sus símbolos, sus desfiles, sus cantos, sus mentiras, se irán y algún día la ocupación terminará.

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