Opinión

Efectos electorales del Paro Agrario en Colombia

Miércoles 04 de septiembre de 2013 - ¿Tendrá repercusión el Paro Nacional Agrario de Colombia en las elecciones presidenciales de 2014? El autor presenta los diferentes escenarios que se pueden dar y como el sueño de Juan Manuel Santos se puede convertir en pesadilla.

Por Germán Ayala Osorio

Por las buenas o por las malas, de acuerdo con el talante mostrado por el Gobierno de Santos, el Paro Nacional Agrario deberá llegar a su fin. Es posible que pasen unos días más, antes de que las partes logren conciliar las soluciones que ofrece el Presidente y las exigencias de los voceros del Paro.
Más allá de los interesados e inconvenientes  tratamientos noticiosos que de los hechos del Paro Nacional Agrario ha hecho la gran prensa bogotana y hasta del inconveniente y peligroso tratamiento político-militar que el Gobierno le viene dando a las marchas y al Paro mismo, bien vale la pena mirar qué efectos políticos y electorales dejará esta clara muestra de descontento social de cientos de miles de colombianos, que sienten que el Estado no los reconoce como ciudadanos y que por el contrario, busca su desaparición tal y como sucede con el campesinado, desde una perspectiva identitaria. De esta manera, propongo la siguiente tesis:
Paso a paso y día a día, el Paro Nacional Agrario se convierte  en la coyuntura política y electoral capaz de incidir, negativamente, en la reelección de Juan Manuel Santos. Es más, las dimensiones del Paro y la excesiva lentitud del gobierno de Santos para responder a las sentidas demandas de los disímiles sectores sociales que hoy se levantan, podrían desplazar, golpear o hacer cambiar la relación Proceso de Paz-Reelección, por Paro Agrario- Reelección. Con un agravante: lo que se discute en La Habana y la dinámica de las negociaciones entre Farc y voceros del Gobierno, parecen alejadas de las protestas sociales y de la turbulencia  de los últimos días y en particular, de los legítimos reclamos de campesinos, trabajadores del campo y labriegos.
Así las cosas, la agenda electoral y política de 2014 estaría atada a la naturaleza del Paro Agrario, a sus efectos y a los alcances de los acuerdos a los que lleguen los voceros de campesinos y transportadores, entre otros sectores sociales, y los ministros que representan al Gobierno.  
A lo anterior se sumarán, necesariamente, otros elementos tales como la criminalización de la protesta social, el uso desmedido de la fuerza por parte del ESMAD, el anuncio de la militarización de Bogotá y de otras ciudades, el discurso retador de Juan Manuel Santos, así como la ineficacia gubernamental para encontrar rápidas soluciones al Paro y  hasta el desinterés del Presidente de escuchar a los campesinos, dado que su origen de clase le impide acercarse con respeto a los campesinos. De esta manera, el escenario electoral de 2014 se tornará difícil de cara a la reelección de un gobierno neoliberal, que ha buscado insertarse en el mercado internacional, siguiendo los derroteros del Consenso de Washington y del FMI, y por supuesto, continuando los caminos que trazó César Gaviria Trujillo con la apertura económica de 1990.
Las legítimas protestas del paro, los bloqueos de vías y los enfrentamientos entre policías y manifestaciones, configuran un escenario de profundo descontento social, que sin duda, desborda las capacidades del Gobierno de Santos de modificar sustancialmente condiciones y circunstancias estructurales que están detrás del Paro Agrario, esto es, un modelo de desarrollo económico profundamente inequitativo, violento y generador de exclusiones, así como insostenible social y ambientalmente.
Ahora bien, si de cara a las elecciones de 2014 los colombianos logran mantener vivas en la memoria colectiva las manifestaciones, así como los hechos generados por el Paro Agrario, Santos deberá apelar al poder económico y político que le da llegar a las elecciones en su calidad de Presidente-candidato,  para convencer y persuadir a millones de votantes que hoy tienen claro que él representa de manera exclusiva a sectores poderosos que históricamente han cooptado al Estado para garantizar grandes beneficios para unos pocos.
Muy seguramente deberá apelar a prácticas clientelistas para comprar las conciencias de quienes hoy reconocen no sólo la inviabilidad socio ambiental del modelo económico que el Presidente agencia, sino los riesgos que en materia de seguridad alimentaria corre el país de cara a mantener las condiciones de producción de alimentos pactadas en los Tratados de Libre Comercio, en especial el firmado con los Estados Unidos.
El régimen de Santos muestra una excesiva confianza en que logrará la reelección exclusivamente con el poder clientelista de aquellos caciques y líderes políticos que hacen parte de una Unidad Nacional que se sostiene en los apetitos burocráticos de aquellos miembros de los partidos y movimientos que hacen parte de la coalición de Gobierno.
Es posible que en las elecciones de 2014 se lleven una desagradable sorpresa. Y si se da ese escenario, en el que claramente aparecerá el discurso guerrerista aupado desde el Centro Democrático, entonces los campesinos y demás trabajadores asociados a las dinámicas rurales, deberán mantenerse en pie de lucha porque el modelo de desarrollo económico no sólo no se modificará, sino que por el contrario, se fortalecerá por la vía de las acciones violentas de un Estado privatizado y dominado por una élite a la que le interesa más insertarse a los procesos económicos, políticos y culturales que devienen con la globalización, que atender las legítimas demandas de unos “zarrapastrosos” que no respetan el “linaje” de quienes de tiempo atrás pisotean sus derechos y desdicen de sus prácticas culturales.