Opinión

El lugar de la paz y el posconflicto en el Congreso 2014-2018

Miércoles 12 de marzo de 2014 - El peso de la ultraderecha en el nuevo Congreso de Colombia hace pensar que cualquier acuerdo firmado en La Habana por el Gobierno y la guerrilla de las Farc tendrá un recorrido difícil. Según el autor, tras las elecciones del 9 de marzo el mapa político no ha cambiado en una democracia herida de desconfianza y deslegitimidad.

Por Germán Ayala Osorio

Las elecciones del 9 de marzo eran definitivas porque los colombianos habilitados para votar[1] tenían la oportunidad, el derecho y la obligación de elegir el congreso de la paz y del posconflicto.

Como sucede de tiempo atrás, dicho compromiso con el país y la democracia lo asumieron menos de la mitad[2] de los ciudadanos habilitados, según la Registraduría Nacional del Estado Civil. Es decir, la abstención se mantiene como un fenómeno social y político que no sólo le resta legitimidad al Congreso recién elegido, sino que exhibe un alto nivel de desconfianza y desinterés del electorado de coadyuvar al fortalecimiento de la democracia electoral.

De cara a los asuntos relacionados con el fin del conflicto, la consecución de la paz y su consolidación en escenarios de posconflicto, el Congreso elegido el 9 de marzo de 2014 no puede ser considerado de manera absoluta, como la corporación de la paz y del posconflicto, a juzgar por las fuerzas políticas que alcanzaron curules y que claramente no están comprometidos con el proceso de paz que se adelanta en La Habana.

Ahora que conocemos cómo quedó conformado el Congreso para el periodo 2014- 2018, es claro que lo acordado en La Habana tendrá un difícil trámite en dicha corporación, dado que la ultra derecha, expresada y representada en los 31 Congresistas[3] elegidos por el Centro Democrático (CD), estará atenta para impedir la refrendación de los acuerdos a los que lleguen las partes que negocian en la isla de los Castro. A estos legisladores se sumarán, muy seguramente, una parte del Partido Conservador, colectividad que logró poner 46 congresistas[4]. Habrá que esperar cuáles de ellos deciden acompañar al Gobierno al momento de votar marcos legales y leyes estatutarias con las cuales refrendar y darle soporte jurídico-político a lo firmado en La Habana.

Es claro que el Centro Democrático resultó ganador en las elecciones del 9 de marzo, dado que un sector importante de las fuerzas militares, familias godas y varios agro empresarios, apoyaron la nueva micro empresa electoral de Uribe Vélez. El ex presidente, de esta forma, se erige como un elector importante, cobijado por su figura mesiánica, autoritaria y autocrática, y por su carácter montaraz y camorrero, con el que buscará que su bancada vote de acuerdo con los intereses de la figura que los llevó al Congreso, a través de la lista cerrada. En lo que concierne a la paz, Uribe Vélez los presionará para que voten en contra de todo lo que venga de La Habana, especialmente los puntos que toquen, por ejemplo, la revisión del modelo económico, en especial lo que tiene que ver con las zonas de reserva campesina, las zonas de desarrollo empresarial, la revisión de las condiciones en las que se firmaron varios TLC, el modelo de desarrollo rural y los aspectos globales y centrales de la justicia transicional. Como arriero, hacendado y latifundista, Uribe usará a sus elegidos como peones para mantener sus intereses y el poder económico de los sectores de poder regional que apoyaron su campaña y que lo acompañaron en la Presidencia para el periodo 2002- 2010. Y lo hará, haciendo pensar al país que está protegiendo los intereses de todos los colombianos.

 

Ganadores y perdedores

Por tratarse de una contienda electoral, hay que señalar perdedores y ganadores. Ya se dijo que Uribe[5] ganó, aunque no en la forma en que lo pronosticaron en la misma campaña del Centro Democrático, algunos medios masivos y firmas encuestadoras afectas al ex presidente. Uribe es ya una fuerza política de oposición, pero no puede pensarse que tiene la capacidad para modificar sustancialmente el futuro del proceso de paz, de la paz misma y del posconflicto.

Eso sí, los movimientos y partidos que no están con la coalición de Gobierno, pero que apoyan las negociaciones y los diálogos de paz deberán estar atentos y actuar de manera pragmática y responsable con esta coyuntura histórica, al momento de votar proyectos definitivos para la superación de la guerra interna y las condiciones en las que se dará, por ejemplo, la desmovilización de las Farc.

Ganó y perdió el Gobierno de Juan Manuel Santos, en la medida en que el Partido de la U perdió 7 curules. Así como Uribe persuadió[6], Santos deberá hacer lo mismo, de cara no sólo a la reelección, sino en lo que toca a la refrendación de los acuerdos de paz. Habrá más mermelada. La historia, entonces, se repite: el Ejecutivo buscando cooptar al Legislativo, en esta ocasión, mediada esa perversa relación con un asunto que resulta definitivo: ponerle fin al conflicto armado interno.

Con los resultados del domingo, perdió la democracia como régimen, por cuenta de la abstención, los votos nulos y los no marcados. Quienes no votaron, representan la desconfianza de millones de colombianos en el sistema democrático y en general, en las instituciones del Estado y la clase política. En cuanto a los votos nulos, este hecho político evidencia el empobrecido capital social de un número importante de ciudadanos que no supieron cómo sufragar.

En este asunto hay que responsabilizar a la Registraduría, a los propios partidos y movimientos políticos, a la academia y a los medios de comunicación. Todos juntos fueron incapaces de hacer una clara pedagogía en torno a cómo diligenciar los tarjetones. Es más, hubo mensajes contradictorios en varios medios alrededor de cómo elegir cuando se trataba marcar en listas cerradas o abiertas.

La izquierda continúa dispersa y fragmentada. Incapaz de consolidarse como alternativa de poder, sobrevive por los votos recogidos por figuras como Robledo, cuya trayectoria política en el Congreso convoca a un calificado voto de opinión. El Polo Democrático Alternativo perdió tres curules y ha sido incapaz de ampliar su espectro por fuera de la capital del país.

En cuanto a la Alianza Verde se refiere, es una débil fuerza política que internamente exhibe muchas dudas como proyecto ideológico y político, especialmente porque en materia ambiental no tiene un discurso que sirva, por ejemplo, para respaldar conceptualmente la discusión sobre los graves efectos que viene generando la locomotora minera en zonas biodiversas. Se espera que los 11 congresistas de la Alianza Verde vigilen de cerca la ejecución de proyectos mineros claramente insostenibles desde una perspectiva socio ambiental.

Los partidos Liberal[7] y Conservador sobreviven por las aceitadas maquinarias de los viejos ‘barones’ electorales o caciques regionales, especialmente de la Costa Caribe[8] y del centro del país. Estas dos colectividades se confunden cada vez más, ideológica y programáticamente, con Cambio Radical y el Partido de la U[9].

La perdida de tres curules en el senado del Partido Mira y la posibilidad de que no alcance el umbral del 3% y pierda por ello la Personería Jurídica, podría pensarse como un claro efecto político, debido al escándalo mediático que involucró a la madre de la senadora Moreno Piraquive. En cualquier sentido, el Mira es el claro ejemplo de un movimiento político que combina la fe cristiana, con el asistencialismo, circunstancia esta que coadyuva al ya empobrecido capital social de cientos de miles de colombianos que siguen a los líderes de esta agrupación política.

En general, el país y la democracia perdieron porque no hubo renovación en el Congreso, a pesar de que varios medios televisivos calificaron así la llegada de Uribe Vélez y los miembros de su lista cerrada. No es posible hablar de renovación cuando candidatos del Centro Democrático, como María del Rosario Guerra[10], Paloma Valencia[11], Ana Mercedes Gómez[12], Fernando Araújo[13] y Alfredo Ramos[14] guardan relaciones con familias tradicionales y con escándalos de corrupción y vínculos con paramilitares.

A propósito de paramilitares, al Congreso elegido del 9 de marzo llegaron por lo menos 23 congresistas herederos de la parapolítica. Muchos de ellos, ‘barones’ electorales de la Costa Atlántica, que hacen parte de la coalición de Gobierno y de otras fuerzas políticas que lograron escaños el 9 de marzo.

Refresca en algo la política la llegada al Senado de la politóloga Claudia López, investigadora y parte del equipo de académicos que destapó los vínculos de políticos con los paramilitares, en especial de congresistas que apoyaron la gestión de Uribe Vélez y su llegada a la Presidencia en 2002. El país reconoce estos hechos como el escándalo de la parapolítica. Ganan, entonces, la academia y la transparencia a través de las figuras de mujeres como Claudia López y Ángela Robledo, de la Alianza Verde.

 

¿Qué se viene para el país?

No se puede hablar de un nuevo mapa político en el país. Simplemente, se consolida hoy una fuerza política en el Centro Democrático, que claramente representa los intereses de sectores que además de no apoyar el proceso de paz, están comprometidos con el mantenimiento de las condiciones de exclusión económica, política, social y cultural, que han hecho posible que en Colombia no se pueda hablar con propiedad de una democracia social, económica y política.

En cuanto a la campaña presidencial, lo más probable es que haya segunda vuelta, lo que hará que de manera obligatoria se den coaliciones. Todo dependerá del comportamiento electoral de la coalición[15] de Gobierno en la elección presidencial del 12 de mayo.

Ya definido el Congreso de la República, ahora sí empieza en serio la campaña presidencial. El Centro Democrático debe preocuparse por el nulo carisma de su candidato Óscar Iván Zuluaga, al que se suma el de su fórmula vicepresidencial, Carlos Holmes Trujillo. Muy seguramente habrá acercamientos con la candidata del Partido Conservador, Martha Lucía Ramírez, para definir en la segunda vuelta una coalición que pueda hacer contrapeso al gran poder económico y político del Candidato Presidente. En ese juego de restarle votos a Juan Manuel Santos, también participará el hoy candidato a la Presidencia por la Alianza Verde, Enrique Peñalosa, con un caudal electoral que puede llegar a los dos millones de votos[16]. Atentos estarán no sólo el Polo, con su candidata Clara López, sino los militantes de la UP, con la aspiración de Aída Avella[17].



[1] Habilitados para votar 32.7 millones de pesos.


[2] Votaron 13,4 millones de colombianos.


[3] Los partidos de la coalición de Gobierno que llegaron al Congreso, quedaron así: El partido de la U, alcanzó 58 curules en el Congreso; el partido liberal, 56 y Cambio Radical, 25. El total suma 139 curules, de 268 del total del Congreso, sumando las dos cámaras.

[4] Alcanzaron 19 senadores y 27 representantes a la Cámara. Muchos políticos conservadores afines a la candidatura de Martha Lucía Ramírez no alcanzaron curules. Se quemaron. Gerleín, que está con la reelección de Santos, sigue siendo un ‘barón’ electoral (127.000 votos).

 

[5] Hay que señalar que su imagen se viene deteriorando progresivamente. Esperaban por lo menos cuatro millones de votos, y tan solo alcanzaron dos millones. De otro lado, el CD no es una fuerza en varias regiones del país. Tan solo es fuerte en Bogotá y Antioquia. Sigue siendo un caudillo, pero no tiene el mismo poder de convocatoria que se le reconocía cuando era Presidente. Sin poder político y presupuestal, Uribe, poco a poco, se irá debilitando. Se suma a lo anterior, que buena parte del país se quitó el velo que durante 8 años de unanimismo, la gran prensa bogotana le puso a millones de colombianos que creyeron en el entonces Mesías.

[6] Uribe solía decir que no compraba conciencias, sino que persuadía. Se trató, claro está, de un eufemismo.

[7] Se hizo fuerte en la Cámara de Representantes, con 39 escaños. En Senado, alcanzó 17 curules.

[8] Por ejemplo, las votaciones de los congresistas Efraím Cepeda (98.588 votos), del Partido Conservador y de Horacio Serpa Uribe (129.974votos) José David Name (103.215).

[9] Por el partido de la U, el costeño Efraím Cepeda alcanzó 98.588 votos.

[10] Parte de la familia Guerra Tulena de Sucre.

[11] Aspiró a la Cámara de Representantes por Bogotá, con el aval del desaparecido y controvertido movimiento Alas Equipo Colombia, relacionado con grupos paramilitares.

[12] Socia del Periódico conservador El Colombiano y beneficiaria de recursos del polémico programa Agro Ingreso Seguro (AIS), política pública aplicada en el Gobierno de Uribe, por el entonces ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias.

[13] Hijo del ex ministro Fernando Araújo, secuestrado por las Farc, recordado también por el escándalo de Chambacú, en 2011.

[14] Hijo del ex gobernador de Antioquia, José Alfredo Ramos, investigado por la Corte Suprema de Justicia, por vínculos con grupos paramilitares. Hoy está detenido.

[15] Al sumar los votos alcanzados en la jornada del 9 de marzo de 2014, la coalición de Gobierno llega a 5 millones de votos.

[16] Votos cuya procedencia no es clara, dado que salen de la coyuntura electoral en el marco de la consulta interna de la Alianza Verde.

[17] No se sabe qué va a pasar con la personería jurídica de la UP, dado el descalabro sufrido en las votaciones para Congreso, pues no alcanzó curules. En la misma condición estaría el Movimiento Mira, ante la posibilidad de no alcanzar el umbral del 3%.