Opinión

Hotel Perpetuo

Martes 01 de octubre de 2013 - El cierre del centro penal de lujo Cordillera en Chile no es una buena noticia. Sólo significa que los militares culpables de delitos de lesa humanidad han pasado de "un hotel de seis estrellas a uno de cinco". El columnista cuestiona el sentido de Justicia del país y la complicidad entre poderosos y torturadores.

Por Lorenzo Antonio Puca Calpanchay

En un lujoso hotel de seis estrellas vivirían por el resto de sus días los que habían sido condenados por indescriptibles crímenes contra los derechos humanos durante la dictadura militar. Y digo iban, porque recién la pena se les hizo más severa. Ahora tendrán que pasar el resto de su condena en un complejo hotelero de sólo cinco estrellas. Parece que a uno de esos generales no le gusto la noticia, le impacto tanto que no quiso pisar la nueva mazmorra donde lo llevarían, tomó la decisión de quitarse la vida.
En sus días de gloria, ellos fueron vistosos generales, sus campos de batalla fueron los desfiles en las calles de Santiago. Sus actos de valentía fueron darle la orden algún sargento para que le pateara el vientre a una muchacha embarazada. Los únicos balazos que escucharon en toda su vida fueron los que le disparaban a sus víctimas a quemarropa. 
Se imaginan si los miles de prisioneros durante la dictadura hubiesen recibido el mismo trato que reciben los generales en la actualidad. Una habitación privada en vez de confinamiento con cientos de compañeros; servicio de odontología en vez de ser electrocutados; un nutricionista en vez de un tiro en la nuca…
Creo que se ha perdido el sentido de justicia, o tal vez nunca se tuvo. El Hotel Perpetuo a todas luces no se acerca en lo más remoto a lo que debería ser una pena. Más bien es un privilegio si se le compara con el resto de las cárceles del país. Me pare que los hoteles en donde han sido encerrados los generales es una forma en que las grandes corporaciones, las financieras, las cadenas de televisión, las mega mineras, la salud privatizada, la educación privatizada le dicen a los generales y oficiales: "Muchas gracias, muchísimas gracias por evitar a toda costa la igualdad y por cierto, no se preocupen, en este hotel nadie te va a tocar, ustedes no pasarán lo que le hicieron pasar a otros…". Pero ese sentido de justicia viene corriendo desde hace mucho. El capo de todos los capos, fue premiado con el único cargo digno que ameritaba su larga cadena de crímenes, fue designado diputado de por vida. En su velorio, alguien le escupió la cara.

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