Opinión

La metrópoli negocia en Quibdó

Viernes 19 de agosto de 2016 - El paro cívico en el departamento del Chocó (¿Colombia?) suma hoy su tercer día. El Gobierno colonial ya ha llegado con su paquete de promesas a incumplir. El ciclo recomenzará de nuevo y la lucha de este territorio excluido de la República tendrá que rearmarse. La Colombia visible y racista vive de espaldas a realidades que le parecen anecdóticas, ajenas...

Por Paco Gómez Nadal

La relación entre una colonia y la metrópoli que la controla nunca puede ser horizontal. No hay respeto donde hay dominación y no puede haber reconocimiento donde imperan los imaginarios.

Bogotá es la metrópoli, no sólo del Chocó, sino de una buena parte de esta Colombia cansada de este modelo colonial, centralista, urbano, criollo y rentista en el que el territorio nacional es un espacio de expolio y no un territorio de ciudadanía.

Los habitantes del Chocó nunca fueron ciudadanos de la República de Colombia. Es verdad que tampoco lo son los de Putumayo, Guaviare o Vichada, pero en este caso el abandono y el desprecio practicado por las autoridades coloniales de Bogotá llega al extremo de la humillación. ¿Por qué ocurre esto? Pues es una mezcla compleja de racismo radical, incomprensión de las cosmovisiones chocoanas, acumulación (de las élites) por desposesión (de las mayorías), compra mediante corrupción estructural de una pequeña élite local colaboracionista, ceguera mediática que sólo mira al Chocó cuando el desastre se puede dimensionar en cifras o cuando los vecinos salen a la calle de forma tan masiva como en el Paro Cívico que arrancó hace ya tres días… Es decir, un esquema de colonialidad capitalista blanca que hace que la población afro e indígena del Chocó agonice en un estado de precariedad sólo comprensible en estados fallidos.

La historia del Chocó republicano ha sido la de sus paros. Uno podría recorrer la ciudad de Quibdó y algunos lugares del departamento y fechar los pocos avances logrados con cada paro. “Este puente se negoció en el 87”, “ese acueducto se construyó tras el paro del 2000”, “aquel colegio estaba en los acuerdos de 2004”… Los chocoanos han conseguido todo peleando pero, tras siglos de resistencia, siguen a expensas de las promesas (casi siempre para incumplir), de las divisiones internas provocadas por la politiquería, por la cabrona pobreza que a veces facilita el chantaje, de la imposibilidad de mantener la tensión de forma permanente.

Y ahora llegan los representantes del Gobierno de Juan Manuel Santos y no entienden por qué tanta protesta, por qué el Chocó es injusto con “el gobierno que más ah invertido en el departamento”. Pobres funcionarios virreinales, incapaces de ver que la deuda histórica que Colombia acumula con el Chocó no se repara con parches. Pobre los chocoanos, cuyos políticos compran el blanco argumento  del banco gobierno de Santos… Escuchar a Luis Gilberto Murillo, actual ministro de Medio Ambiente repetir como papagayo los argumentos de la metrópoli es tan doloroso como constara que el Estado si hace presencia (con el ESMAD, claro está) cuando las calles se llenan de rabia justificada.

El estado de colonialidad del Chocó es complejo. Ayer, cuando las piedras alcanzaron varios comercios de Quibdó, ningún medio contó que esos comercios están en manos de “paisas”, de colonos criollos que practican la especulación y el desprecio ante una mayoría afro que tiene  que aguantar su soberbia y su angurria. El paro comenzó el miércoles para que el martes, tras el día festivo y pagadas las quincenas, la población pudiera hacer compras para aguantar el paro. Y ese martes los “paisas” reventaron los precios en una operación tan inmoral como capitalista. Después de un día de cierre, algunos de esos comerciantes, muchos controlados por el paramilitarismo, decidieron que el paro acababa con la apertura de sus tiendas. Y la gente reaccionó y el ESMAD tomó partido. El poder colonial siempre defiende a sus colonos.

¿Qué va a pasar ahora? Pues vamos a escuchar multitud de promesas (ayer ya aparecieron cuatro hospitales de la chistera del Ministerio de Salud), al final se negociará (porque no hay pueblo que aguante muchos días de paro total) y el Gobierno se pavoneará de haber solucionado el problema histórico. Y luego llegarán los incumplimiento y el hartazgo comenzará a amasarse en ríos y veredas y, dentro de tres años, tendremos un nuevo paro cívico para presionar al gobierno que incumple. La metrópoli casi siempre miente en los documentos que firma pero sabe que el chicharrón le caerá a la siguiente administración virreinal.

Un amigo chocoano me insiste que hasta que esas calles hirvientes de protesta de Quibdó no se trasladen a Bogotá no pasará nada significativo. Es posible. La metrópoli queda demasiado lejos de estos territorios ajenos a la República y los medios,  ocupados de asuntos importantes como las Olimpiadas o las cíclicas estupideces de los Uribe de turno no pueden prestar atención de seguido a estas noticias que, en el fondo, dan tan mala fama al país.

La metrópoli negocia un aplazamiento de la crisis en el Chocó, pero el Chocó seguirá en pie de lucha. Falta mucho para que estas 500 mil personas y este inmenso y rico territorio comunitario pueda sentirse parte de Colombia.

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