Opinión

Oposición radical / proposición imaginativa

Martes 17 de enero de 2012 - ¿Y si, como plantea Jaime Coronado, debemos trascender los conceptos izquierda y derecha heredados de la Europa del S. XVIII? No parece que el planteamiento sea el del fin de la historia cacareada por el neoliberalismo, sino el de imaginar el in-acabamiento de la historia, como defiende De Sousa Santos. Más leña para el debate.

Por Paco Gómez Nadal

El artículo La ciega izquierda de Latinoamérica ha generado un debate interesante. Dejando en la cuneta los vómitos o los desahogos (no dudo de su utilidad fisiológica, pero sí de su poder constructivo), hay muchos comentarios que me han dejado pensando. Especialmente el que, por una vía semipública, hacía el sociólogo peruano Jaime Coronado, quien cuestionaba el simple hecho de seguir utilizando rótulos eurocéntricos del siglo XVIII como izquierda, derecha o centro (herederos de las posiciones físicas de la Asamblea Constituyente francesa de 1792.

Cuestionaba así Coronado: “¿Existe o no una ‘izquierda’, en el mundo y en América Latina?  Alguien más o menos conocido por todos, aún con sus rezagos eurocéntricos, respondería: ‘pues en realidad, la práctica es el único criterio de verdad’.  No se trata de ‘rótulos’ ni de ‘clichés’, se trata de quien ejercita una práctica real y consecuente contra toda opresión, contra toda  dominación y contra toda explotación, esto es, contra el poder, contra todo poder”.

Creo que Jaime Coronado apunta al centro de un debate necesario, aunque tendría otra cuestión si podemos ‘desnombrar’ las tendencias políticas como acto revolucionario o si quedaríamos expuestos a las corrientes líquidas de la postmodernidad que rechaza todo cartel y tolera toda laxitud. Es evidente que lo que él plantea no tiene nada de laxo: estar contra todo el poder (ejercido para explotar) es una tarea titánica que exige un alto grado de coherencia y una autocrítica permanente para no caer en las trampas de las promesas de la mal llamada “política real”.

Al tiempo que la reflexión de Coronado me retaba frente al espejo (y siendo europeo ese espejo tiende a ensombrecer el entrono…), leía la entrevista con Rita Segato publicada en Brasil de Fato y en Otramérica y, entonces, me quedaba más claro que es obligatorio abrir los debates y las heridas aunque éstas hagan daño. No se trata de dar gasolina a los enemigos y enemigas de los cambios estructurales en América Latina, sino de desenmascarar las mentiras, de desnudar los torpes intentos discursivos de hablar de futuro conjugando formas del pasado.

Sería, tal y como lo veo, de reformular nuestra posición y tener claro, como plantea De Sousa Santis, que hay una tarea de “distanciamiento del pensamiento ortopédico” que pasa, en un primer instante “por el rechazo de los futuros por él propuestos”. Escribe Boaventura de Sousa Santos en Descolonizar occidente, “(…) es la afirmación difusa y esperanzada de un futuro mejor, de otro mundo posible. Es una afirmación débil porque su fuerza pasa más por sus rechazos que por las propuestas alternativas. (…) Es una exigencia ética a la rebeldía de las necesidades históricas, una lucha in extremis por el in-acabamiento de la historia. La necesidad de exigir va a la par con la incertidumbre de lo que se exige”.

Por tanto, se trata de reivindicar la Rebeldía con mayúsculas, la necesidad imperiosa de rebelarse contra el poder, se ponga la máscara que se ponga. Intuyo yo, en la precariedad de mi construcción intelectual, que esta rebeldía debería contener, para ser efectiva, dos elementos fundamentales que denominaré: “oposición radical” y “proposición imaginativa”.

La “oposición radical” es al sistema-mundo construido con los mimbres de la triada ya inseparable capitalismo-patriarcado-colonialismo. No es posible enfrentarse a una de ellas sin oponerse a las otras dos. Por eso son tan incoherentes las personas que se consideran revolucionarias pero patriarcales, o las socialistas eurocéntricas e imperialistas al tiempo, o las que defienden la igualdad de género pero la inequidad laboral o de propiedad. Casi todos los males que nos asolan ahora son derivados de la triada: el extractivismo, la inseguridad alimentaria o la concentración de la propiedad de la tierra se desprenden del capitalismo; como la violencia intrafamiliar, la violencia social, el guerrerismo o el modelo de gestión del poder público y privado son desprendimientos del patriarcado, así como la imposición de modelos externos, el tipo de comunicación de masas que conocemos, el monopolio del conocimiento y la ignorancia de la riqueza cultural del Otro no se pueden desligar de la colonialidad que persiste en la gestión de este sistema-mundo. Hay un largo listado de desastres herederos de la combinación de los tres elementos: las guerras declaradas y las silenciosas, el modelo de las instituciones globales, la gestión del sistema financiero, etcétera.

Esa oposición radical, en realidad, no puede tener grietas porque al justificar una parte o al intentar las reformas parciales al modo socialdemócrata no se está más que legitimando todo este aparataje.

La “oposición radical” tiene el riesgo de balancearse en el territorio del inmovilismo si no se complementa con la “proposición imaginativa”. Trascender poco a poco esa “incertidumbre de lo que se exige” a punta de propuestas innovadoras y creativas que no se consideren rehenes de los modelos alternos que se trataron de implementar en el siglo XX en Europa o en algunas partes de América Latina. La “imaginación” a la que me refiero, en realidad, sería un desafío a la incapacidad de imaginar las consecuencias de los pasos dados por este sistema-mundo que tan bien describió Günter Anders. Tenemos que volver a ser capaces de “imaginar” otro sistema-mundo sin que deba heredar los errores del pasado pero sin desconocer que somos historia y que, en esa historia, la parte oculta (la que el conocimiento colonial enterró) sí tenemos buenas ideas que desarrollar.

Ojalá siga este debate… yo seguiré compartiendo mis incertidumbres a ver si, de forma colectiva (que es la única posible), consigo cernir algunas propuestas tan reales como imaginativas.

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