Opinión

¿Qué le ha pasado al FAD en Panamá?

Martes 06 de mayo de 2014 - ¿Qué le ha pasado el Frente Amplio por la Democracia en Panamá? El primer partido de izquierdas de base obrera del periodo post invasión había generado ilusión pero las elecciones del pasado 4 de mayo lo han borrado del mapa. El fracaso puede tener dos orígenes: el profundo gen anti comunista inoculado en Latinoamérica y la terrible tendencia de las izquierdas tradicionales a no evolucionar.

Por Paco Gómez Nadal

10,291 votos (con el 95,86% del escrutinio) para el candidato presidencial, Genaro López, y ni un diputado en la Asamblea Nacional. La debacle electoral del Frente Amplio por la Democracia (FAD) en Panamá obliga a reflexionar sobre las posibilidades reales de construir una oposición política contra hegemónica en el Istmo.

Las cuentas no salen. El FAD surge como instrumento político partiendo de la base obrera del sindicato SUNTRACS, el principal del país, y de FRENADESO, el frente social que aglutinaba a otros movimientos afines. Con un tremendo esfuerzo organizativo, contracorriente, el FAD logró recoger las firmas necesarias para legalizar un partido político en Panamá a pesar de la injusta legislación electoral del país que prioriza las grandes maquinarias tradicionales frente a las nuevas opciones.

Una vez conseguido ese objetivo… ¿qué ha fallado?

La primera reflexión tiene que ver con el tempo político y social y permite no ser pesimistas. La ciudadanía en Panamá recibe de forma permanente un discurso hegemónico que genera una antipatía endémica a los sindicatos, a los movimientos obreros y a los partidos proletarios. Estados Unidos y las élites criollas, tras la revolución cubana, inoculó el gen anticomunista (cuando comunista es todo lo que esté a la izquierda de las élites criollas, desde el liberalismo más progresista al anarquismo pasando por la socialdemocracia más suave). Este odio a la clase propia (la obrera), la desconfianza a los líderes que no vienen de arriba y el clientelismo político como práctica cotidiana (en el que el voto busca un beneficio materia directo) conforman una ecuación compleja pero palpable. Revertir esa situación, esa estructura ‘cultural’, lleva mucho tiempo y requiere de mucha paciencia.

Esa realidad es innegable y habría sido ingenuo pensar que el FAD pudiera darle la vuelta a toda una sociedad en unos meses. Pero el avance ha sido mínimo y el desgaste máximo. El fracaso absoluto en las elecciones del domingo es un paso atrás excesivo porque genera una frustración profunda en quien sí apostó a este cambio.

 

Viejas formas / Nuevas formas

¿Cómo puede ganar espacios en la sociedad una nueva opción de izquierdas? Desde luego parece difícil que lo haga reproduciendo las formas de la política hegemónica: combinación de grandes discursos sin relleno-disciplina de partido vertical-símbolos fáciles y/o caducos. Tampoco parece que sea la fórmula tratar de cambiar una hegemonía por otra y el FAD, o sus antecedentes, pecan un poco de ello. Muchos de los movimientos sociales más activos en Panamá sintieron que Frenadeso y el FAD eran un problema en lugar de una plataforma. En muchas ocasiones se ha intentado imponer una mirada y buscar que los ‘otros’ se integren al proyecto hegemónico (dentro de la izquierda) de Frenadeso. Creo que eso ocurre por dos razones. La primera es la tendencia a reproducir el sistema y a ser dominantes. La segunda es que muchos de los movimientos que han tomado un papel protagónico en el país (de raíz étnica, culturales, juveniles…) no caben dentro de una concepción clásica marxista sobre el sujeto revolucionario.

Las nuevas opciones requieren de osadía y de mucha creatividad. Y considero que es en la creatividad donde ha fallado el FAD. Hay mucha gente valiosa en la organización, cuadros muy bien  formados políticamente, gente con probada valía en la lucha por los derechos de las panameñas y panameños. Pero orgánicamente hay una mirada muy tradicional.

Igual que Suntracs en un sindicato de clase tradicional que responde a parámetros del siglo XX, no del XXI, el FAD parece más un frente único a la antigua que un aglutinador de tendencias contemporáneas. No se ha visto a Suntracs manifestarse por la Cinta Costera o por los proyectos de megaminería o de hidroeléctricas: ya se saben son puestos de trabajo y lo demás –la sostenibilidad, el modelo de desarrollo, el respeto territorial- les importa poco. Por eso es imposible que el FAD empatice con muchos de los reclamos de los sectores más críticos del país.

Los cambios en la sociedad no pueden basarse sólo en una redistribución de la riqueza y en derechos básicos laborales. La ciudadanía contemporánea, rural y urbana, va más allá y hay que comprender a los movimientos indígenas, de género, contraculturales, ambientales… La debilidad del FAD en estos campos es evidente, al menos en el discurso.

Algunos de los movimientos que han logrado avances de carácter revolucionario en América Latina han apostado a nuevas formas y nuevas estructuras para construir sus alternativas. Desde Venezuela, con los círculos bolivarianos, que han generado una horizontalidad tan alterna que pelea con el chavismo oficialista, hasta el muralismo hip hop del Ejército Comunicacional de Liberación (ECL); hasta Bolivia con la recuperación de la autonomía política y territorial de los Ayllu, pasando por los Comités Populares da Copa en Brasil o la inmensa plataforma alterna del Congreso de los Pueblos de Colombia… los ejemplos son muchos como para no plantearse alternativas imaginativas y realmente populares (cuando lo popular es sinónimo de horizontal y no de populista).

La imaginación hay que aplicarla al fondo y, por supuesto, a la forma. Los gestos, la imagen y los discursos deben conectar con nuestro tiempo. Es muy interesante ver como Juan Jované ha logrado más votos que Genaro López a pesar de no tener una maquinaria política que lo respalde. Su acercamiento a los jóvenes, al movimiento ambientalista, su apuesta por mojarse con el pueblo que está en lucha (como los Ngäbe del Tabasará) o su estrategia de comunicación ha sido innovadora para el panorama panameño. Le ha dado réditos.

El FAD se ha quedado corto pero estoy seguro de que va a aprovechar la oportunidad para aprender y seguir en la lucha. Sería demasiado fácil –y ridículo- achacar toda la responsabilidad del fracaso electoral a las perversidades del sistema (que tiene su cuota), a la mafiocracia (que también la tiene), o a la falta de tiempo o medios. La autocrítica sería un buen primer paso, sumar otras mentes al debate y apostarle a la osadía rebelde.

Quizá podríamos imaginar una evolución del clásico “la pelea es peleando” al “la pelea es imaginando”. Suerte y fuerza. No hace falta que el sistema te denomine como partido para serlo.

 

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