Personajes

¿Cuánto pesa la muerte de Rubén Espinosa?

Lunes 01 de agosto de 2016 - El 31 de julio de 2015, en un apartamento situado en la colonia Navarte de Ciudad de México un hombre y cuatro mujeres fueron asesinados. El hombre, Rubén Espinosa, era un fotoperiodista incómodo para el poder. Todos fueron víctimas de un país donde la muerte y el silencio caminan de la mano. Dos colaboradores de Otramérica y compañeros de Rubén deciden no quedarse callados. Esta es la crónica al año del asesinato.

Por Eka Ríos y Heriberto Paredes

No tuvimos mucho tiempo para conocernos. Nuestra profesión y los riesgos de ejercerla en México nos llevaron a cruzarnos rápidamente, a identificarnos en medio de este mar de resistencias. Poco a poco nos fuimos enterando de que cada quien traía una historia de amenazas y de temores. De pronto, los sucesos de la colonia Narvarte, en México DF, fueron un estallido y nunca más pudimos platicar; tu muerte, la de Nadia, Alejandra, Mile y Yesenia fueron la confirmación de que no hay rincón seguro en este país. Hace justo un año de aquel golpe y hoy viajo en un frío autobús con destino a Xalapa, ciudad de la que saliste para intentar sobrevivir.

Vamos aquí varios periodistas, mujeres y hombres que te conocieron o que, aunque no tuvieron ese gusto, se indignaron desde hace un año con tu asesinato. Así como con los otros 17 asesinatos en Veracruz. Nos dirigimos a un acto en tu memoria, un acto de protesta en el que nos solidarizamos con el colectivo Voz Alterna pero sobre todo con las voces críticas que exigen justicia para ti y para todas las personas que han sido asesinadas.

Comienza a llover, aunque no durará mucho… tan sólo mientras se van colocando algunas mantas con tu fotografía y muchas rosas encima. Al mismo tiempo, un carpa que ya estaba instalada en la plaza Lerdo es usada para cubrir los instrumentos y bocinas de un sonido a través del cual hablaran varias personas al cesar el agua, cuando salga este sol que calienta sin tregua. Recordarás que cuando esta plaza fue renombrada Regina Martínez (periodista veracruzana asesinada en abril de 2012) fuiste tu quien puso la placa.

Concentración ayer en Xalapa en homenaje a Rubén EspinosaTu nombre, Rubén, es dibujado en el piso con letras blancas monumentales, unas horas más tarde, cuando lleguen más personas, el nombre de Nadia será pintado en el piso junto al tuyo. Desde las azoteas de los edificios circundantes se debe ver enorme esta rúbrica inseparable. Aunque la que es más visible, desde los edificios y para las cámaras de los drones que sobrevuelan el lugar, indica un señalamiento a tu asesino. Fuiste tú. Sí, para este momento es indudable que la responsabilidad de Javier Duarte (Gobernador de Veracruz)en tu muerte, en la de Nadia, en la de las demás mujeres que murieron con ustedes, en la de los 17 periodistas asesinados y en la de los 5 periodistas desaparecidos, es total. Él es el principal responsable, aunque no el único.

Sin embargo, y pese a que la presión nacional e internacional ha sido enorme, las investigaciones están estancadas. Bueno, tu hermana Patricia lo expresa mejor ante el micrófono: es evidente que no se quiere investigar y no se quiere aclarar lo que pasó aquel 31 de julio de 2015 en el departamento de la colonia Narvarte. Existen inconsistencias jurídicas en varios sentidos: huellas que no corresponden, pruebas de ADN que no concuerdan, testimonios contradictorios, no se han tomado en cuenta ni tu labor periodística como móvil ni las amenazas recibidas previamente. Paty recuerda que antes de tu salida de Xalapa ya habías recibido algunas advertencias sobre tu profesión, te habían dicho: «Ya no tomes más fotografías o vas a terminar como Regina Martínez». A pesar de que tu siempre estuviste enfocado a los movimientos sociales y no a la nota roja o policiaca, tu trabajo como fotorreportero significó la muerte.

Marcela Turati recuerda en este acto que tu llegada a la ciudad de México significó también la confirmación de la pesadilla que significa vivir en Veracruz, seguramente lo que le contaste fue lo bastante fuerte para llegar a esta conclusión. Para ti –recuerda Turati– Veracruz era una tierra elegida por la muerte pero tu convicción era la de la conservar la vida y esto te llevo a salir de la entidad; no querías ser el periodista 12 en ser asesinado aunque en poco tiempo te convertiste en el 14.

Uno de lo movimientos que más cubriste fue, precisamente, el del magisterio que se oponía a la reforma educativa. Durante varios meses estuviste ahí, documentando y dando rostro a un movimiento que hasta ahora se ha vuelto uno de los pilares de la disidencia a nivel nacional. Teresa Guerrero, una maestra que conociste en aquellos momentos, afirma en esta plaza de protesta, que el magisterio se ha identificado con el periodismo crítico que se ha logrado hacer en Veracruz aunque sea a cuentagotas; ella nos cuenta que tu eras muy crítico de la realidad y que con ese mismo ojo e intuición también lanzabas críticas al propio magisterio, sobre todo para que abrazaran otras luchas, para que se solidarizaran con más resistencias. No hace falta indagar mucho para darse cuenta de que dejaste una huella en este magisterio veracruzano que hoy también exige justicia.

 

¿CUÁNTO PESA UN MUERTO?

La música de Mardonio Carballo cambia la nota en este homenaje, da el grito de poesía que pone el dedo en la llaga y pregunta: ¿Cuánto pesa un muerto? Si esto es posible imaginarlo entonces es que nuestra cercanía con la muerte es ya suficiente, sin embargo, ¿cuánto pesan 90 mil muertos? El peso del horror es incuantificable.

Finalmente salimos en una especie de caminata que rodea el palacio de Gobierno. Mientras caminamos, varios amigos tuyos pegan carteles con tu fotografía en las paredes; con una brocha pasan el engrudo encima de tu imagen y pronto te multiplicas por todo el centro. Ya te imaginarás Rubén, que no pasó ni media hora para que la policía quitara todo de las paredes. Se nota que tu mirada les incomoda.

Muchas personas en estas calles que recorriste muchas veces, caminan indiferentes a lo que pasa a su alrededor, pero cada vez más y más, las personas voltean y miran, se detienen y piensan dos veces lo que les ofrece esta realidad que tanto cuestionaste. Algo no va bien. Algo necesita cambiar para que el infierno se detenga. Y de pronto, un taxista montado en un vehículo sin placas, mirada oculta detrás de gafas oscuras, gorra negra, pregunta: Jefe, ¿esto de qué es? Nomás para informar. La red de información que el crimen organizado ha construido se mantiene intacta, pese a todo.

Rubén, es necesario que te mantengas en nuestra memoria, es necesario que sigas siendo incómodo para el poder que trató de desvanecerte. No te irás.

 

OJO DE VIENTO

Quiero sentir que estás aquí, que me acompañas, porque aún sigues rondando con tus ojos las calles, te sigo viendo entre la gente, por eso quiero sentir que me escuchas.  Es la 1 de la mañana y apenas tengo el valor para hablarte, hace un año te asesinaron, ojalá me pudieras contar como pasó, pero sólo te puedo contar lo que he vivido. Éste año he sobrevivido al shock con una idea que me hace más sencillo fugarme de todo lo que nos ha rodeado en Xalapa: pienso que sólo fue la escena de una película, que te levantarás después de escuchar caer unos casquillos. Que solo fue una representación o un mal sueño.

Pero no es así. Te mataron Rubén, con tal saña que no puedo concebir que sea posible tanta crueldad. Quiero creer que la palabra justicia es más que una palabra, aunque acá las cosas siguen igual. Anda Rubén, dime cómo es todo por allá, ¿existe?  Dime que hay un sitio confortable para los que en vida buscaron ser justos e íntegros, no soy pretencioso, así siempre te vi. Acá la impunidad sigue siendo la reina y hace poco asesinaron a otro compa, Pedro Tamayo (el pasado 22 de julio).

Ya voy tarde, paso por Tacubaya y vienen a mi las mañanas en que charlábamos afuera de la Parroquia en Xalapa, contabas anécdotas sobre este barrio que te hizo crecer, donde te forjaste. Recordé lo que compartías sobre tu inicio en la foto y quisiera sentir la sensación que tuviste al tener por primera vez una cámara en mano; fue en eventos sociales como empezaste, bodas, bautizos, cosas así, me contaste con un café y un cigarro, cómo ibas a imprimirlas para venderlas, cómo se te iban sin pagar, y una vez debías cruzar media ciudad en la noche para volver,  toda la jornada, para tener sólo lo de regreso a casa y cincuenta pesos.

Seguiste haciendo fotos, siempre he admirado eso de ti, no estudiaste en academia, no tenías para ello, te hiciste lo que eras tu, solo, un hombre con ímpetu que transmitía la pasión, no sólo cuando hacías o hablabas de fotografía en cada momento de tu vida fuiste así.

Sigo pasando por el barrio que te vio crecer y me gustaría saber donde fue cada anécdota, verte ahí. Llego, al panteón de  Dolores, y te encuentro donde hace un año te enterramos, hay flores y fotografías tuyas en tu lápida,  en el centro está esa imagen blanco y negro que te tomé hace años, te ves radiante, así te quiero ver y no a través de un cristal en un velatorio, repitiendo en cada pensamiento: «esto no está pasando», como un mantra que hará verdad mi deseo.

Estoy frente a tu tumba, colocan una cinta. Disculpa, no puedo estar mucho tiempo, no me lo permito aún, empieza una pequeña ceremonia, cantan algo, ¿podrías disculpar mi escepticismo? Es una contradicción que te lo diga ahora, pero  con todo lo que está pasando en la ciudad no puedo creer ya en divinidades, nos siguen matando.
No me quedo mucho tiempo en el panteón donde queda tu cuerpo para que descanse, tranquilo y no tendido, torturado, con balas, como terminaría hace un año en la calle Luz Savignon de la colonia Narvarte donde en unas horas habrá un evento para conmemorarte. 

Tu muerte dejó agónico al periodismo en Veracruz, los viejos lobos del periodismo siguen ahí, intactos, las voces dicen que algunos se vendieron, que tienen miedo, que prefieren el dinero bañado con sangre. En cierto modo los entiendo pero si hubiera más como tu, esto no habría pasado. Nosotros, los más  jóvenes, casi todos hemos abandonado los periódicos, hemos tratado de hacer otra cosa para mantenernos al margen mientras vemos como todo se cae a pedazos; qué jodido, tenemos miedo, por nosotros nuestra familia, por mi hijo, ¿lo recuerdas? Tengo esa foto que nos tomaste en el Parque Juárez, fue la penúltima vez que te vi.

Muchos nos cuestionamos si vale la pena seguir haciendo periodismo donde parece no haber eco en ser crítico, donde la muerte ronda a los justos y el miedo nos doblega parejo. Hace poco llegando a casa un tipo me tomó fotos desde su carro, como en las marchas, como esa imagen que te tomé donde un oficial de transito está apuntando su celular a ti y a otro compañero que también fue tu amigo del alma, también te extraña mucho, todos te extrañamos. No sé, quizá me equivoco, quizá ese oficial no te tomaba fotos, quizá el tipo del carro a mi tampoco, tal vez es imposible no sucumbir a la paranoia, en Veracruz, en México.

Fue muy breve mi visita a tu tumba, pero no conozco la ciudad y me apuro para llegar a la PGJDF (Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal), la cita es las once, cerca del metro Balderas, habrá una protesta, al llegar veo algunas caras conocidas, pocos en realidad. Se van sumando más personas, casi todas cámara en mano.

Llegan varios chicos con aerosoles y máscaras con tu rostro, el de Nadia, Mile, Virginia y Yesenia. Algunos compañeros se ponen nerviosos por su presencia, me da un poco de rabia que los traten de aislar y disuadir de las pintas que evidentemente van a hacer. «Es un delito», dice alguien. Me da más rabia pensar que el arte que éstos chicos hacen para evidenciar la ineptitud de la PGJDF  mañana volverá a ser de ese blanco de España, quizá hoy mismo volverá a ser de ese blanco sarcasmo.

Saber que estas personas con los rostros de quienes fueron ejecutados en la Narvarte, tu entre ellos, se arriesgan tanto por recordarles, me hace pensar en Veracruz. Comienzan a hacer trazos para que los mensajes permanezcan ahí, en las afueras de esta institución que debería investigar el caso. Saber que estos chicos se arriesgan mientras los asesinos siguen y seguirán libres porque no hay avance en las investigaciones… perdona mi pesimismo pero no habrá avances, no quieren tocar tu línea periodística en el móvil, eso involucra a políticos, autoridades a las que les incomodaba tu trabajo.

La última vez que te vi fue el 6 de junio, en el hospital civil donde estaban estudiantes de la Universidad Veracruzana que fueron atacados con machetes. Tus fotos están vivas, fuiste el único que tuvo el valor para ir, nadie más. Poco después tuviste que irte para seguir vivo, pero la muerte te siguió hasta la calle Luz Savignon, a la que me había negado en ir por un año, ahora salgo del metro y estoy a unas cuadras y tengo las lágrimas contenidas, le pedí a un amigo que me acompañe, hacemos bromas, puedo reír, evito pensar en la confrontación de estar ahí donde te mataron.
Está amaneciendo. Ven, siéntate, bebamos un café Rubén, uno cargado. Al contrario de mi, sé que no fumabas antes de desayunar, he bloqueado mucho de lo que vivimos y te pido una disculpa, no es sencillo estar rodeado de tanta muerte, de toda la violencia y la intimidación. Tú lo sabes. Lo viviste. Lamento haber pensado cuando te exiliaste que solo era paranoia, que nos volveríamos a reunir, beberíamos éste café, fumarías éste cigarro.

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