Personajes

"Los exiliados somos la piedra del zapato de la derecha y de la Concertación"

Lunes 30 de mayo de 2011 - Chile sigue siendo una nebulosa para quien no conoce el difícil proceso que sucedió al fin de la dictadura de Augusto Pinochet. Para los exiliados es una herida tan abierta como lo están los problemas estructurales del país. Esta es la voz de José Eduardo Mora después de 36 años de exilio y lucha.

Por Paco Gómez Nadal

Hay energías que están dentro. Sólo hace falta una rampa, un proceso, un contexto, para que salgan. Y a José Eduardo Mora Sánchez le comenzaron a brotar a los 14 años, cuando comenzó a considerarse un “luchador social”. “No soy un teórico”, se disculpa José Mora, pero hay que tener mucha teoría para meterse así a la práctica, para hacer la revolución a costa de la vida propia, de los recuerdos, de las amistades, del aliento.

El 21 de septiembre de 1973 a José Mora le faltaban 22 días para cumplir 29 años y ya habían pasado 10 días del golpe de Estado de Augusto Pinochet contra el gobierno constitucional de Salvador Allende. El 21 de septiembre de 1973 el tiempo se le paró a José Mora. O se aceleró sin remedio… que esta metáfora es precaria y, casi, antagónica.

El funcionario de la oficina de personal del hospital 'Ramón Barros Luco de Santiago', el demócrata cristiano Pedro Reyes, fue delatando uno a uno a los militantes de izquierdas que allá laboraban. Mora, Técnico en Prevención de Riesgos en esa época, fue uno de los que cayeron ese día interminable en manos de los militares. Y ese día se extendió casi dos años. Prisión, tortura y, durante meses, desaparición que se consumieron en la Fuerza Aérea de Chile (FACH) en San Bernardo, después en el trágico Estadio Nacional (donde una casualidad televisiva le hizo recobrar el rostro y el nombre… y quizá la vida), más tarde en la Cárcel Pública, en Capuchinos, en Tres Álamos… El recorrido del terror terminó el 7 de septiembre de 1975 y ese día comenzó el otro tiempo suspendido, el del exilio en Panamá que dura ya 36 años.

Su voz hoy es tan importante como cuando era un activo estudiante de la Universidad Técnica del Estado y militante revolucionario en los convulsos principios de los 70. José Mora habla, aunque asegura que algunas de sus palabras pueden ser incómodas. Otramérica lo escucha porque la verdad de cada cual nunca puede ser incómoda, sino necesaria.

¿Considera que se ha hecho justicia sobre las violaciones de Derechos Humanos en Chile durante el golpe de Estado y la dictadura?

No. Antes de asumir el primer gobierno “democrático” se negociaron muchas cosas: no tocar la Constitución de Pinochet; impunidad por 50 años para los asesinos y violadores de los Derechos Humanos; no investigar las denuncias contenidas en el Informe Valech. 

¿Qué tiene de bueno y de malo el olvido?
 

Olvidar en política es permitir que hechos deleznables como las dictaduras se repitan cíclicamente, y el pueblo afectado por el golpe de Estado jamás podrá olvidar la bestial dictadura de Pinochet. Hemos visto que varios concertacionistas han olvidado por un muy bien rentable status, afortunadamente son los menos.
 

En Uruguay, Pepe Mujica no está de acuerdo con eliminar la amnistía para los militares que participaron en la dictadura de aquel país ¿Por qué cree que alguien como él mantiene esta postura?

Tratándose de un ex Tupamaru, debería luchar por la condena a los delitos de lesa humanidad; pero parece que se trata de otro guerrillero que devino en Conservador, como en otros lares.

¿Cuál considera que es el objetivo real de exhumar ahora los restos de Salvador Allende?

Es sorpresivo, pero realmente no creo que vaya a cambiar en algo la situación, se sabrá con certeza que fue asesinado, por la naturaleza de los militares chilenos; pero quiénes fueron los responsables, dudo 
que lo sepamos nunca. 

¿Qué papel, desde su óptica, jugó Allende? ¿Se pudieron hacer las cosas de forma diferente?

En general la situación era del tenor siguiente: el país estaba convulsionado con las tomas de fábricas que sus dueños abandonaban y el control obrero era responsable de la producción. En mi opinión, era una situación pre-revolucionaria, a pesar de los recursos con que contaba la derecha, nunca pudieron paralizar el país. El pueblo era el que tenía un papel protagónico, los dirigentes de la Unidad Popular (UP) tenían eternas discusiones, y nunca asumieron sus responsabilidades y  hasta el último momento no habían definido la política económica del Gobierno.

La gran mayoría del pueblo estaba con Allende. A pocos días del golpe pusimos un millón de personas en la calle.

¿Cuáles son las herencias aún hoy de la dictadura de Pinochet?

Se mantiene la Constitución Político Militar, de 1980; el Estado es policiaco-represivo; existen Tribunales Militares que juzgan a civiles; la Ley Antiterrorista sigue vigente (véase cómo se aplica a los mapuches o a líderes sociales); se siguen utilizando testigos sin rostro; el sistema electoral es Binominal, el pueblo vota pero no elige; sigue habiendo parlamentarios de a dedo, y, en la práctica, no hay participación de la Sociedad Civil en la vida política del país.

¿Cree que Chile aprendió la lección?

Por los vientos que soplan, diría que sí. Las protestas van in crescendo, seguimos viendo marchas donde las consignas se repiten sobre todo la de “crear, crear poder popular”. La gran tarea es la de unificar al pueblo.
 
 


¿Qué significa para usted la llegada de Piñera al poder?
 

Aprovecharé la pregunta para decirle porqué perdió la Concertación y esas son las razones por las que ganó Piñera: corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, eliminación de revistas que les habían servido de apoyo para triunfar, divorcio total y absoluto del pueblo que los eligió, dándoles la espalda y burlándose de los sueños y esperanzas de todo un pueblo...
 

Los exiliados chilenos... ¿qué son para Chile: una obligación moral, o una cicatriz que se desea olvidar?

Los exiliados somos la piedra en el zapato para la derecha y para la seudo izquierda de la Concertación. A tal punto que todos los dirigentes de la Concertación que salen al exterior evitan reunirse con los exiliados. No quieren a nadie que les dañe la fiesta. En vez de ser tratados como luchadores sociales, nos tratan como los culpables del golpe…

¿Cuál ha sido el trato a los mapuche, una vez recuperada la democracia?

Se lo explico con algo de historia: “La pacificación de la Araucanía significó para el Estado la anexión de casi 5 millones de hectáreas y para los mapuches la reducción, al menos, del 5% de lo que fue su territorio ancestral (…) con la reducción territorial, alrededor de 40 mil mapuches no fueron radicados en territorio alguno. El mapuche fue obligado a subsistir en pequeños espacios de superficies, inferiores a 6.18 hectáreas por persona promedio”. Así, la pacificación consolida la usurpación desconociendo los derechos de posesión y propiedad del pueblo mapuche a sus tierras ancestrales. En consonancia, reconoce títulos de propiedad fraudulentos a los nuevos colonos y viejos terratenientes. Y qué pasó en “Democracia”. Pues más de lo mismo, agravándose en el último Gobierno de Bachelet (Ver recuento).

¿Qué opina de la golpiza dada a un carabinero en la protesta del viernes 20 de mayo contra el proyecto de HidroAysén?

Este hecho ha sido muy publicitado por el sistema mediático chileno al servicio del capital. Mucho peor lo pasaron los mapuche muertos por la espalda y la gente que cotidianamente debe resistir las balas, balines, bombazos al cuerpo (a una muchacha universitaria le tiraron una bomba lacrimógena al rostro). Con la misma prominencia deberían repetir esa escena “tan tierna donde un paco [policía] patea a una mujer mapuche en la cara y, como si fuera poco, la siguen pateando en el suelo”. Y a nadie le provocó el espanto actual, tampoco nadie protestó. Qué decir de los mapuche que fueron asesinados por la espalda y otros, todo con total impunidad y anuencia gubernamental.

Si un pueblo es satanizado porque protesta pacíficamente reclamando sus derechos conculcados; si es demonizada la sociedad civil; si es atacado por las fuerzas armadas, con asesinatos, con bombas disparadas al rostro y con virulencia como si estuviéramos en plena dictadura, me pregunto: ¿A partir de qué momento, es legitima la defensa?

Carta de los Cordones Industriales al presidente Salvador Allende (5-11-73)

Compañero Salvador Allende:

Ha llegado el momento en que la clase obrera organizada en la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales, el Comando Provincial de Abastecimiento Directo y el Frente Único de Trabajadores en conflicto ha considerado de urgencia dirigirse a usted, alarmados por el desencadenamiento de una serie de acontecimientos que creemos nos llevará no sólo a la liquidación del proceso revolucionario chileno, sino, a corto plazo, a un régimen fascista del corte más implacable y criminal.

Antes, teníamos el temor de que el proceso hacia el Socialismo se estaba transando para llegar a un Gobierno de centro, reformista, democráticoburgués que tendía a desmovilizar a las masas o a llevarlas a acciones insurreccionales de tipo anárquico por instinto de preservación. Pero ahora, analizando los últimos acontecimientos, nuestro temor ya no es ése, ahora tenemos la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo. Por eso procedemos a enumerarle las medidas que, como representantes de la clase trabajadora, consideramos imprescindibles tomar. En primer término, compañero, exigimos que se cumpla con el programa de la Unidad Popular, nosotros en 1970, no votamos por un hombre, votamos por un Programa.

Curiosamente, el Capítulo primero del Programa de la Unidad Popular se titula “Poder Popular”, Citamos: Página 14 del programa: “…Las fuerzas populares y revolucionarias no se han unido para luchar por la simple sustitución de un Presidente de la República por otro, ni para reemplazar a un partido por otros en el Gobierno, sino para llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, al campesinado y sectores progresistas de las capas medias…” “Transformar las actuales instituciones del Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder…” “…El Gobierno popular asentará esencialmente su fuerza y autoridad en el apoyo que le brinde el pueblo organizado…”

Página 15: “…A través de una movilización de masas se constituirá desde las bases la nueva estructura del poder…”. Se habla de un programa de una nueva Constitución Política, de una Cámara Única, de la Asamblea del Pueblo, de un Tribunal Supremo con miembros asignados por la Asamblea del Pueblo. En el programa se indica que se rechazará el empleo de las Fuerzas Armadas para oprimir al pueblo… (Página 24).
Compañero Allende, si no le indicáramos que estas frases son citas del programa de la Unidad Popular, que era un programa mínimo para la clase, en este momento se nos diría que este es el lenguaje “ultra” de los cordones industriales. Pero nosotros preguntamos, ¿dónde está el nuevo Estado? ¿La nueva Constitución Política, la Cámara Única, la Asamblea Popular, los Tribunales Supremos?

Han pasado tres años, compañero Allende y usted no se ha apoyado en las masas y ahora nosotros los trabajadores tenemos desconfianza. Los trabajadores sentimos una honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez la orden de replegarse en vez de la voz de avanzar. Nosotros exigimos que no sólo se nos informe, sino que también se nos consulte sobre las decisiones, que al fin y al cabo son definitorias para nuestro destino.

Sabemos que en la historia de las revoluciones siempre han habido momentos para replegarse y momentos para avanzar, pero sabemos, tenemos la certeza absoluta, que en los últimos tres años podríamos haber ganado no sólo batallas parciales, sino la lucha total.
Haber tomado en esas ocasiones medidas que hicieran irrevocables el proceso, después del triunfo de la elección de Regidores del 71, el pueblo clamaba por un plebiscito y la disolución de un Congreso antagónico.

En octubre, cuando fue la voluntad y organización de la clase obrera que mantuvo al país caminando frente al paro patronal, donde nacieron los cordones industriales en el calor de esa lucha y se mantuvo la producción, el abastecimiento, el transporte, gracias al sacrificio de los trabajadores y se pudo dar el golpe mortal a la burguesía, usted no nos tuvo confianza, a pesar de que nadie puede negar la tremenda potencialidad revolucionaria demostrada por el proletariado, y le dio una salida que fue una bofetada a la clase obrera, instaurando un Gabinete cívicomilitar, con el agravante de incluir en él a dos dirigentes de la Central Única de Trabajadores, que al aceptar integrar estos ministerios, hicieron perder la confianza de la clase trabajadora en su organismo máximo.
Organismo, que cualquiera que fuese el carácter del Gobierno, debía mantenerse al margen para defender cualquier debilidad de éste frente a los problemas de los trabajadores.

A pesar del reflujo y desmovilización que esto produjo, de la inflación, las colas y las mil dificultades que los hombres y mujeres del proletariado vivían a diario, en las elecciones de marzo de 1973, mostraron una vez más su claridad y conciencia al darle un 43% de votos militantes a los candidatos de la Unidad Popular.
Allí también, compañero, se deberían haber tomado las medidas que el pueblo merecía y exigía para protegerlo del desastre que ahora presentimos.

Y ya el 29 de junio, cuando los generales y oficiales sediciosos aliados al Partido Nacional, Frei y Patria y Libertad se pusieron francamente en una posición de ilegalidad, se podría haber descabezado a los sediciosos y, apoyándose en el pueblo y dándole responsabilidad a los generales leales y a las fuerzas que entonces le obedecían, haber llevado el proceso hacia el triunfo, haber pasado a la ofensiva.

Lo que faltó en todas estas ocasiones fue decisión, decisión revolucionaria, lo que faltó fue confianza en las masas, lo que faltó fue conocimiento de su organización y fuerza, lo que faltó fue una vanguardia decidida y hegemónica.

Ahora los trabajadores no solamente tenemos desconfianza, estamos alarmados. La derecha ha montado un aparato terrorista tan poderoso y bien organizado, que no cabe duda que está financiado y por la CIA. Matan obreros, hacen volar oleoductos, micros, ferrocarriles. Producen apagones en dos provincias, atentan contra nuestros dirigentes, nuestros locales partidarios y sindicales.
¿Se les castiga o apresa? ¡No compañero!
Se castiga y apresa a los dirigentes de izquierda.

Los Pablos Rodríguez, los Benjamines Matte, confiesan abiertamente haber participado en el “Tanquetazo”.
¿Se les allana y humilla? ¡No compañero!
Se allana Lanera Austral de Magallanes donde se asesina a un obrero y se tiene a los trabajadores de boca en la nieve durante horas y horas.

Los transportistas paralizan el país, dejando hogares humildes sin parafina, sin alimentos, sin medicamentos.
¿Se los veja, se los reprime? ¡No compañero!
Se veja a los obreros de Cobre Cerrillos, de Indugas, de Cemento Melón, de Cervecerías Unidas.

Frei, Jarpa y sus comparsas financiados por la ITT, llaman abiertamente a la sedición.
¿Se les desafuera, se les querella? ¡No compañero!
Se querella, se pide el desafuero de Palestro, de Altamirano, de Garretón, de los que defienden los derechos de la clase obrera.

El 29 de junio se levantan generales y oficiales contra el Gobierno, ametrallando horas y horas el Palacio de la Moneda, produciendo 22 muertos.
¿Se les fusila, se los tortura? ¡No compañero!
Se tortura en forma inhumana a los marineros y suboficiales que defienden la Constitución, la voluntad del pueblo, y a usted, compañero Allende.

Patria y Libertad incita al golpe.
¿Se les apresa, se les castiga? ¡No compañero!, siguen dando conferencias de prensa, se les da salvoconductos para que conspiren en el extranjero.
Mientras se allana Sumar, donde mueren obreros y pobladores, y a los campesinos de Cautín, que defienden al Gobierno, se les somete a los castigos más implacables, paseándolos colgados de los pies, en helicópteros sobre las cabezas de sus familias hasta darles muerte.

Se le ataca a Ud. compañero, a nuestros dirigentes, y a través de ellos a los trabajadores en su conjunto en la forma más insolente y libertina por los medios de comunicaciones millonarios de la derecha.
¿Se les destruye, se les silencia? ¡No compañero!
Se silencia y se destruye a los medios de comunicación de izquierda, el canal 9 de TV, última posibilidad de voz de los trabajadores.

Y el 4 de septiembre, en el tercer aniversario del Gobierno de los trabajadores, mientras el pueblo, un millón cuatrocientos mil, salíamos a saludarlo, a mostrar nuestra decisión y conciencia revolucionaria, la FACH allanaba Mademsa, Madeco, Rittig, en una de las provocaciones más insolentes e inaceptables, sin que exista respuesta visible alguna.
Por todo lo planteado, compañero, nosotros los trabajadores, estamos de acuerdo en un punto con el señor Frei, que aquí hay sólo dos alternativas: la dictadura del proletariado o la dictadura militar.
Claro que el señor Frei también es ingenuo, porque cree que tal dictadura militar sería sólo de transición, para llevarlo a la postre a él a la Presidencia.

Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo.

Y los trabajadores ya sabemos lo que es el fascismo.

Hasta hace poco era solamente una palabra que no todos los compañeros comprendíamos. Teníamos que recurrir a lejanos o cercanos ejemplos: Brasil, España, Uruguay, etc.
Pero ya lo hemos vivido en carne propia, en los allanamientos, en lo que está sucediendo a marinos y suboficiales, en lo que están sufriendo los compañeros de Asmar, Famae, los campesinos de Cautín.

Ya sabemos que el fascismo significa terminar con todas las conquistas logradas por la clase obrera, las organizaciones obreras, los sindicatos, el derecho a la huelga, los pliegos de peticiones.
Al trabajador que reclama sus más mínimos derechos humanos se lo despide, se lo aprisiona, tortura o asesina.

Consideramos no sólo que se nos está llevando por el camino que nos conducirá al fascismo en un plazo vertiginoso, sino que se nos ha estado privando de los medios para defendernos.

Por lo tanto le exigimos a usted, compañero Presidente, que se ponga a la cabeza de este verdadero Ejército sin armas, pero poderoso en cuanto a conciencia, decisión, que los partidos proletarios pongan de lado sus divergencias y se conviertan en verdadera vanguardia de esta masa organizada, pero sin dirección.

Exigimos:

1) Frente al paro de los transportistas, la requisición inmediata de los camiones sin devolución por los organismos de masas y la creación de una Empresa Estatal de Transportes, para que nunca más esté en las manos de estos bandidos la posibilidad de paralizar el país.

2) Frente al paro criminal del Colegio Médico, exigimos que se les aplique la Ley de Seguridad Interior del Estado, para que nunca más esté en las manos de estos mercenarios de la salud, la vida de nuestras mujeres e hijos. Todo el apoyo a los médicos patriotas.

3) Frente al paro de los comerciantes, que no se repita el error de octubre en que dejamos en claro que no los necesitábamos como gremio. Que se ponga fin a la posibilidad de que estos traficantes confabulados con los transportistas, pretendan sitiar al pueblo por hambre. Que se establezca de una vez por todas la distribución directa, los almacenes populares, la canasta popular.
Que se pase al área social las industrias alimenticias que aún están en las manos del pueblo.

4) Frente al área social: Que no sólo no se devuelva ninguna empresa donde exista la voluntad mayoritaria de los trabajadores de que sean intervenidas, sino que ésta pase a ser el área predominante de la economía.
Que se fije una nueva política de precios.
Que la producción y distribución de las industrias del área social sea discriminada. No más producción de lujo para la burguesía. Que se ejerza verdadero control obrero dentro de ellas.

5) Exigimos que se derogue la Ley de Control de Armas. Nueva “Ley Maldita” que sólo ha servido para vejar a los trabajadores, con los allanamientos practicados a las industrias y poblaciones, que está sirviendo como un ensayo general para los sectores respuesta de la clase obrera en un intento para intimidarlos e identificar a sus dirigentes.

6) Frente a la inhumana represión a los marineros de Valparaíso y Talcahuano, exigimos la inmediata libertad de estos hermanos de clase heroicos, cuyos nombres ya están grabados en las páginas de la historia de Chile. Que se identifique y se castigue a los culpables.

7) Frente a las torturas y muerte de nuestros hermanos campesinos de Cautín, exigimos un juicio público y el castigo correspondiente de los responsables.

8) Para todos los implicados en intentos de derrocar el Gobierno legítimo, la pena máxima.

9) Frente al conflicto del Canal 9 de TV, que este medio de comunicación de los trabajadores no se entregue ni se transe por ningún motivo.

10) Protestamos por la destitución del compañero Jaime Faivovic, Subsecretario de Transportes.

11) Pedimos que a través suyo se le manifieste todo nuestro apoyo al Embajador de Cuba, compañero Mario García Incháustegui, y, a todos los compañeros cubanos perseguidos por lo más granado de la reacción y que le ofrezca nuestros barrios proletarios para que allí establezcan su embajada y su residencia, como forma de agradecerle a ese pueblo, lo que hasta ha llegado a privarse de su propia ración de pan para ayudarnos en nuestra lucha.
Que se expulse al Embajador norteamericano, que a través de sus personeros, el Pentágono, la CIA, la ITT, proporciona probadamente instructores y financiamiento a los sediciosos.

12) Exigimos la defensa y protección de Carlos Altamirano, Mario Palestro, Miguel Henríquez, Oscar Gerretón, perseguidos por la derecha y la Fiscalía naval por defender valientemente los derechos del pueblo, con o sin uniforme.
Le advertimos compañero, que con el respeto y la confianza que aun le tenemos, si no se cumple con el programa de la Unidad Popular, si no confía en las masas, perderá el único apoyo real que tiene como persona y gobernante y que será responsable de llevar el país, no a una guerra civil, que ya está en pleno desarrollo, sino que a la masacre fría, planificada, de la clase obrera más consciente y organizada de Latino América. Y que será responsabilidad histórica de este Gobierno, llevado al poder y mantenido con tanto sacrificio por los trabajadores, pobladores, campesinos, estudiantes, intelectuales, profesionales, a la destrucción y descabezamiento, quizás a qué plazo, y a qué costa sangriento, de no sólo el proceso revolucionario chileno, sino también el de todos los pueblos latinoamericanos que están luchando por el Socialismo.

Le hacemos este llamado urgente, compañero Presidente, porque creemos que ésta es la última posibilidad de exitar en conjunto, la pérdida de las vidas de miles y miles de lo mejor de la clase obrera chilena y latinoamericana.

Coordinadora Provincial de Cordones Industriales- Comando Provincial de Abastecimiento Directo- Frente Único de Trabajadores en Conflicto.

5 de septiembre de 1973

 

Los mapuches y los gobierno 'democráticos'

Con Patricio Alwin. En los años 90, cuando muchos saludaban el fin de la dictadura y auguraban tiempos mejores, el pueblo mapuche seguiría acosado y perseguido. Se criminalizan sus reivindicaciones y se daba rienda suelta a una de las más feroces represiones ejercidas por gobiernos electos democráticamente. Su impulsor será el entonces ministro de agricultura de Patricio Alywin, Juan Agustín Figueroa, gran latifundista y con intereses económicos en los territorios mapuches, donde tiene sus propiedades. Fue el inductor de aplicar las leyes antiterroristas que han llevado a la cárcel a más de 50 lonkos y justificado la tortura a manos de las fuerzas de orden público.

La ley Indígena 19.253, promulgada en 1993 bajo el gobierno de Patricio Aylwin, legaliza la restitución, pero no de todas las tierras que reclaman los mapuches. 

Con Eduardo Frei. Esta política siguió bajo el gobierno de Eduardo Frei hijo, con la construcción de la presa hidroeléctrica Ralco. Su puesta en funcionamiento acabaría por destruir el patrimonio cultural de los pehuenches, dejando bajo sus aguas una parte fundamental de su arquitectura, cementerios y centros de culto. El etnocidio se consuma. Fueron presionados, violentados y obligados a trasladarse a las regiones altas de la cordillera de los Andes con temperaturas inferiores a cinco grados bajo cero en invierno. No sólo les quitaron sus pertenencias y territorios, han roto su ecosistema y profundizado su pobreza. Endesa, la empresa propietaria, se lava las manos amparándose en las leyes vigentes que avalaron el proyecto.

Sin embargo, antes de llevarlo a cabo, los estrategas chilenos estudiaron posibles conflictos emergentes. En un viaje de Estado, se presentaron en México acompañados por el embajador de Chile. Se reunieron con las autoridades de Gobernación para empaparse de la estrategia contrainsurgente desplegada en Chiapas contra el EZLN. Había que estar prevenidos y tomar ejemplo. Las autoridades chilenas siguieron las instrucciones al pie de la letra. No se cortaron un pelo, militarizaron la región buscando desarticular las comunidades y encarcelar a sus líderes naturales. De paso crearon organizaciones bastardas con las cuales negociaron la venta y el desalojo de los territorios pehuenches. Un diseño sin fisuras. Tras la inauguración de la presa, los nuevos asentamientos no tienen luz eléctrica y su costo es prohibitivo. La presa Ralco no iba a producir electricidad para la población, se trataba de beneficiar a las industrias contaminantes de la minería y la celulosa de papel. El daño al medioambiente de la región es irreversible.

Con Ricardo Lagos. Durante el mandato de Ricardo Lagos (2000-2005) se prometió la restitución de 150.000 hectáreas, pero sólo se recuperaron alrededor de 30.000.

Según fuentes oficiales, entre 1994-2009 se entregaron unas 667.000 hectáreas. Pero otras organizaciones dicen que fueron apenas 94.000.

La cosmovisión mapuche considera que el hombre tiene un vínculo indisoluble con la tierra, establecido por la Creación, y observa la posesión comunitaria del territorio.

Con Michelle Bachelet

El balance con respecto a su política indígena es peor. Si José Saramago le puso en antecedentes durante su viaje a Madrid acerca de la situación de los mapuches, rogándole que mirase al sur y no los abandonase, el resultado ha sido más dirigentes detenidos y tres asesinados a quemarropa y por la espalda. Bachelett ha superado a Ricardo Lagos en su política de nuevo trato a los mapuches. Da una vuelta de tuerca y deja impunes a los autores del acoso a los niños mapuches. Ahora, intimidados, se les hace presenciar las palizas a sus padres, se les esposa, golpea y maltrata. Se les amenaza con matarlos si no delatan a los defensores de los derechos del pueblo mapuche en su comunidad. Existen más de una docena de casos contrastados por Naciones Unidas. Un ejemplo es el acaecido en la comunidad de Rofue, en Padre Las Casas. Allí el menor de 14 años F. P. M. fue tiroteado con perdigones, golpeado, subido a un helicóptero del GOPE y amenazado con ser lanzado al vacío si no denunciaba los nombres de los integrantes de la comunidad. Sin embargo, el subsecretario del Interior, Patricio Rosende, se defiende con estos argumentos: algunos dirigentes mapuches utilizan a niños y mujeres como escudos. Versión similar a la aportada por el general Hero Negrón, jefe de zona de carabineros en la Araucanía. Los menores atacan a carabineros o han sido puestos por delante durante los cumplimientos policiales generados por órdenes judiciales. Seguramente la máxima del gobierno de Bachelet no dista de la acuñada por las oligarquías del siglo XIX para justificar el exterminio de los pueblos originarios: civilización o barbarie.

(Diversas fuentes)

"La democracia bebe de la dictadura: se mantiene la Constitución Político Militar, de 1980; el Estado es policiaco-represivo; existen Tribunales Militares que juzgan a civiles; la Ley Antiterrorista sigue vigente, se siguen utilizando testigos sin rostro..."

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