Personajes

Siembra comunal junto a Raúl Leis (actualizada)

Jueves 05 de mayo de 2011 - La muerte de Raúl Leis ha conmocionado al movimiento social en Panamá y a muchos de los que conocían su praxis incansable en la construcción de un mundo más amable. Este texto es una suma de textos, es una siembra colectiva de palabras y silencios. Incorporamos los últimos envíos hoy 6 de mayo.

Por Creación colectiva

Soñemos que “la gente ha sembrado flores alrededor de la Bomba y que los niños y niñas pintan dibujos sobre el cascote, y que todos cantan. Hoy existe una leyenda. La gente cuenta que la bomba es como una de esas caracolas, en las cuales se escuchan las olas del mar.

Solo que cuando se pega el oído al frío acero del casco, lo que se escucha no es el mar, ni tampoco sonidos de guerras sino canciones y mas canciones de paz. Algunos dicen que los sábados en las mañanas la bomba sonríe”.

Mariela Arce es la compañera de Raúl Leis y eligió este sueño final del cuento El Niño y la Bomba para despedir al sociólogo, ensayista y activista de Derechos Humanos en la ecauristía. En ese acto, se contó como Raúl Leis estaba feliz porque podía ver el sol, “verlo bien”, después de la operación en los ojos que se acaba de realizar. Estaba ya tan cerca del sol que es difícil pensar que ya, tan pronto, haya sido sembrado en la tierra para devolverlo a la Madre (¡fecunda siembra! An Ai Diglenai!, le gritaba en la distancia estos días el escritor kuna Cebaldo Inawinapi).

Olotilakiler, como lo rebautizaron los indígenas kunas, ha sido despedido en Panamá con el cariño que solo despiertan los humanos de una pieza. Acá, en este pequeño texto urgente, recogemos solo algunos de los testimonios de compromiso y de vida con Raúl Leis.

Escribía Arce en el texto que adjuntamos íntegramente a esta nota, que Raúl Leis “nunca dudó en que era posible reforestar éticamente el mundo de la política y que los gobiernos gobernaran pensando en la felicidad y dignidad de todos y todas. Era el Principito que peleó contra el Príncipe y ganó mil veces a la perversidad y engaños, pues nunca lograron manchar su integridad”.

Será la nuestra una siembra colectiva para reforestar esta sociedad de iniciativas de construcción, de educación popular, de derechos más humanos que nunca, de cuentos, de flores, de ilan ilan… En estos días son muchas las cartas, los artículos, las lágrimas inenarrables que se han vertido con el nombre de Leis, poemas como los de Valeria Varas o Carlos Castillo, correos casi en blanco reflejando impotencia. Este aluvión hay que sembrarlo también y eso queremos desde Otramérica. Esta siembra irá creciendo según llegan las semillas:

 

Lucy Chao (poeta)

Ana Benjamín (periodista)

Lina Vega (Periodista)

Celia Moreno, activista, parte de la Alianza Ciudadana

Abner Benaim (Cineasta)

Nelva Reyes (Espacio Encuentro de Mujeres)

Magaly Castillo, Alianza Ciudadana por Justicia

James E. Bernard V. (Abogado)

Mariela Sagel, ex ministra

Kafda Vergara (lingüista y activista cultural)

 Mauro Zúñiga, activista y miembro de la Alianza Ciudadana

José Antonio McGregor (México)

Joao Quiroz Govea (estudiante y activista de Derechos Humanos)

Alibel Pizarro H. (Estudiante de Sociología de Raúl. Compañera de CEASPA de 1995 al presente)

Raúl (Valeria Varas)

Raúl

Saila panameño
interpretador de sueños
tronco de cedro
corazón de gigante

Cómo haremos 
los desarrapados
las olvidadas
los pobres
las adjetivadas ignorantes
analfabetas
incultas
iletradas
para ir a despedirte

Cómo haremos
desde todos los rincones de la selva
de los desiertos
de las ciudades
de pueblos y comunidades
para agradecerte el don de la ciudadanía
que regalaste
en papeles alados

Cómo haremos las indígenas
los autóctonos habitantes
de territorios lejanos
a quienes 
desde tu altura 
nos diste voz para leer
achiote 
para marchar 
y escribir 
sobre presente y futuro

Cómo haremos artistas
pintores
fotógrafos
actrices
ilustradores

A dónde pondremos los escenarios
la dramaturgia
el arte
el amor

Cómo haremos con el amor Raúl
para llevártelo
desde los rincones olvidados
de América hasta Taboga

Cómo haremos para despedirte
en tu camino
hacia las entrañas de Palu Uala 
el espíritu de la tierra.

Pequeño Raúl (Carlos Castillo Brenes)

PEQUEÑO RAUL

Sé que emprendiste la avanzada a tierras lejanas

Para continuar educando

Para que florezcan las palabras vida

Para reclamar por tus “machis”

Para cultivar el teatro

Para entusiasmar cuentistas

Para seguir amando a tu Colon querido

 

Pequeño Raúl , compañero grandote

Que fuerza y animo nos dabas desde tu altura de sueños

Que energía nos metías desde tu curiosa búsqueda de historias

Que bueno saberte amigo, compañero luchador

Que hermoso recorrer tus patios colonenses para comprometer el alma

Para enriquecer de la visión de pobreza los sueños vida

Para seguir rompiendo el poder de las estrellas

 

Querido Raul

Como diría el santo de la Higuera

Ese partida tuya de fijo la vives bienvenida

Porque toda esta pequeña gran lista

Es la lista de quienes retomamos tus banderas

Con coraje

Con drama

Con alegría

Con majaderas utopías

 

Por eso pequeño gran Raul

Simplemente por eso

Te queremos hacer llegar con los espíritus cómplices

La millones de pequeñas voces

De todos aquellos que crecieron con la educación popular

 

Una cosa mas antes de terminar

Decile a Pablo, a David y  Carlos

Que no dejen de co-inspirar

Raúl Leis: entre el Niño y la Bomba, el Principito y Olotilakiler

(Por Mariela Arce de Leis)

Raúl Leis Romero es el niño del “Niño y la Bomba”, ese cuento que nos habla de una bomba que cayó sin explotar y que dejó que la inocencia y pureza de un niño le quitara las entrañas para evitar explotar y matar. Solo a un pacifista y activista social como a Raúl se le ocurrían esa cosas: una bomba convertida en globo y que llorara al ver tanta injusticia, empobrecimiento y violencia.

 El día que escribió este cuento no solo lo escribió para nuestro pequeño hijo Raúl Leis Arce, sino que también lo hizo para su hijo Yahir Eduardo; y para María del Pilar y José Carlos que estaban en nuestros corazones por nacer. Lo escribió para sus sobrinos Gisela, Rita, Orosman, Miguel, Kechia, Lourdes, Reina, Davisito; lo escribió para los miles de niños y niñas que nacen ángeles y merecen tener una vida digna y feliz, libre de violencias.

Raúl era un niño grande, no solo de tamaño sino de corazón, de risa fácil como dicen sus amigos;  un niño de sueños, que soñaba con un país libre de ejércitos, “¡ni nacionales ni extranjeros!”, repetía.  Soñaba con que cada niño y niña pudieran decir qué quería ser de adulto y lograr esa meta sin que estuvieran expuestos a peligros de pobreza o corrupción. Soñaba con todos los niños y niñas del mundo sonriendo, jugando, cantando, felices.

Raúl siempre imaginaba luchando (era un radical luchador), creando e intercambiando saberes, denunciando las injusticias y haciendo reflexionar sobre las causas estructurales de los males que nos aquejan en esta sociedad. Cuando escribía no solo investigaba sobre sus temas, sino que los conocía, los sentía en carne propia pues nació en Colón en el seno de una familia humilde y trabajadora, de padres que emigraron buscando mejores días para sus generaciones. Raúl es la muestra viviente de que éste país es un crisol de razas donde se juntaron tenacidad, inteligencia y amor por la patria.

Era un hombre de fe, creía en el Dios Padre y Madre encarnado en el pueblo, creía en los seres humanos y la capacidad de transformar sus realidades a partir de su conciencia. Nunca se resignó a creer que la política era sucia, y demostró con hechos al crear junto con otros miles el partido Papa Egoró, que existen otras formas de hacer política, que la ética no es ajena al quehacer político. Que podemos crear un contrapoder Vital ante el Poder Sobre que explota, oprime y depreda. Nunca dudó en que era posible reforestar éticamente el mundo de la política y que los gobiernos gobernaran pensando en la felicidad y dignidad de todos y todas. Era el Principito que peleó contra el Príncipe y ganó mil veces a la perversidad y engaños, pues nunca lograron manchar su integridad.

Raúl, hacía el mejor café del mundo, pues le ponía su ingrediente secreto: una pizca de sal que le enseño su Madre Isabel y lo más importante, no lo olviden, otra pizca de amor.  Apreciaba los mejores café de Boquete que le enviaba su cuñada Carmen. Sabía que ese café era fruto de mucho trabajo de cafetaleros orgullosos de sus finquitas, pero sobre todo, de manos de indígenas que lo cosechaban bajo el bajarequeque o bajo el sol. Ese pueblo Ngabe Buglé que el amó tanto, y que lo impulsó a finales de los 70s a crear junto con muchos como Monseñor Ganuza, el Cacique Mónico Cruz, Julio Dixon, Xabier Goroztiaga, Charlotte Elton, Diana Candanedo, y miles de otros más, el Comité de Solidaridad con el Pueblo Guaymí.  Ayudó enlazando esas manos de los campos y de la ciudad en un solo abrazo solidario que protegiera de la depredación y empobrecimiento al pueblo Ngabe Bugle y a la lucha por su comarca.

Cuando escribió Machí: un indígena kuna en la ciudad, lo hizo viendo con dolor como los hermanos y hermanas kunas dejaban su bella Kuna Yala empujados por la pobreza; viendo como se resistían con sus cantos y danzas en la plaza de la lotería a dejar morir sus raíces, como le cantaban a Paba y Nana para pedir su protección en un mundo eurocentrista que les teme y discrimina. Cada vez que le llamaban para ir a intercambiar saberes en los Congresos Generales kunas , se alegraba cual niño pues iba a ese viaje entre cantos milenarios a buscar luces y esperanzas para luchar contra los depredadores de tierras y mares; fue allí en los Congresos kunas que le bautizaron Olotilakiler, Señor de las avispas, pues sus palabras hacían despertar cual picaduras de insectos a las conciencias. Decía: sobre democracia aprendí más del Congreso Kuna que de Atenas.

Raúl fue un hombre niño inmensamente feliz, se le veía en su rostro, en lo que escribía, en cómo vivió y disfrutaba con las cosas pequeñas y cotidianas. Adonde fuera, en cualquier esquina del mundo encontraba una amistad, era increíble cuanta gente le apreciaba sin conocerlo. Tanto en Juan Díaz como en Taboga rodeó nuestras casas de plantas y flores de olor, le encantaba el olor del Jazmín Tabogano, del Ilán Ilán, de las flores del mirto, regaba y cuidaba las plantas tanto como a nosotros , su familia. Jamás dejaba solos a sus hijos e hija y siempre estuvo allí para escucharlos, respetarlos y amarlos.

Para aquellas personas que no creen que pueda darse un Amor no patriarcal; pues les digo que tuve el privilegio, el honor y el placer inmenso de que Raúl Leis me amara con el alma lo mismo que le amo yo, es mi unicornio azul que encontré, mi rabo de nube que se llevó los nubarrones y dudas de mi vida. Mis hijos y nuestro trabajo juntos así lo atestiguan, todos y todas podemos construir familias felices, democráticas, dialogantes, en medio de tanta maldad.

Nos sentimos agradecidos y bendecidos por la vida al tener en las nuestras a este hermoso ser humano que nos ilumina con su vida ejemplar, para seguir aportando desde la educación popular y el activismo ciudadano a lograr mejores personas , mejores organizaciones sociales, mejores partidos y salvar este bello Panamá. 

Hoy soñemos con ese Niño Hombre, soñemos que “la gente ha sembrado flores alrededor de la Bomba y que los niños y niñas pintan dibujos sobre el cascote, y que todos cantan.

Hoy existe una leyenda.

La gente cuenta que la bomba es como una de esas caracolas, en las cuales se escuchan las olas del mar.

Solo que cuando se pega el oído al frío acero del casco, lo que se escucha no es el mar, ni tampoco sonidos de guerras sino canciones y mas canciones de paz.

Algunos dicen que los sábados en las mañanas la bomba sonríe”.

Mil abrazos y gracias por compartir este dolor, su presencia es un bálsamo para nuestro corazón.

"Leis es un ejemplo de ciudadano, no de habitante, porque fue un intelectual que enseñó con el trabajo y el ejemplo" / "Hombres como él, en días de locura como hoy, son imprescindibles"

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