Radar

De la resistencia a la construcción

Domingo 27 de enero de 2013 - Las organizaciones que han participado en la Cumbre de los Pueblos 2013 de Santiago de Chile le apuestan a ser alternativa y a frenar el “bloque de poder” que oprime a los pueblos. Coordinación, decir adiós a los sectarismos y pasar de la resistencia a la construcción de alternativas son los puntos fuertes de la Declaración Final.

Por Equipo Otramérica

La declaración final de la Cumbre de los Pueblos 2013 llegará a los jefes de Estado que hoy también concluían la cumbre entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Unión Europea. Unos jefes de Estado que, según este texto, abonan unas relaciones “que priorizan los privilegios y ganancias de los inversionistas frente a los derechos de los pueblos a través de acuerdos comerciales y acuerdos bilaterales de inversiones, profundizan este modelo que perjudica a los pueblos de ambas regiones”.

Si los Estados actúan así, coordinados con el capital financiero y las empresas transnacionales, las organizaciones de base deben buscar un grado de articulación tan o más potente. Hasta ahora, estos movimientos “han logrado tensionar y agrietar las actuales lógicas y nos dan la esperanza de que otro mundo es posible”. Ahora hay que pasar a la construcción de las alternativas.

Por eso, la Declaración llama las organizaciones populares “a pasar de ser resistencia y movimientos reivindicativos a  una alternativa que contenga una propuesta política-social integral” en cada país. Eso para recuperar los “derechos y los bienes naturales arrebatados”, por medio de “la nacionalización, la comunitarización de los bienes y servicios y  los  medios de producción y el reconocimiento constitucional de la naturaleza como sujeto de derecho”.

Las y los participantes en la Cumbre le apuestan al “paradigma del buen vivir” frente al modelo capitalista extractivo que actualmente impera en nuestros países y exigen la ponerle apellidos s la democracia para que sea “directa, participativa y popular”. Para que esa democracia sea real, las organizaciones se comprometen a “promover la integración en la participación política de los niños y niñas y las juventudes, desde un enfoque de género”.

La declaración se pronuncia a favor de la “autodeterminación de los pueblos originarios” del planeta para romper, entre otras cosas, con el modelo colonial de “territorialidad” y promover el concepto y las acciones que lleven a pueblos y comunidades a lograr la “soberanía alimentaria”.

Es evidente que en la Cumbre se ha tratado la escalada en la criminalización de los movimientos sociales y populares y, ante ésta, plantean la necesidad de que las organizaciones se articulen “de tal manera que se genere la fuerza necesaria para frenar el avance de leyes antiterroristas y la inserción en las comunidades indígenas de nuestros pueblos, como a su vez  la militarización imperialista que ha instalado bases militares en America Latina, Europa y el Caribe”.

En el documento final de la Cumbre también se apuesta por “posicionar el feminismo con un proyecto político antipatriarcal y anticapitalista” y por la recuperación de la “soberanía” de los cuerpos “como territorio propio de las mujeres”.

Hay todo un aparte dedicado a la solidaridad con causas concretas de pueblos que enfrentan el imperialismo o graves problemas de militarización y/o bloqueo.

En todo caso, la conclusión más reiterada en esta declaración de la Cumbre de los Pueblos es que las causas, los discursos y las alternativas deben ser unitarias y globales, porque globales son los desafíos y las amenazas. Ante esa realidad constatan: “No podemos dividir más las instancias organizativas en las que estamos, conducir hacia un proyecto en la diversidad es el mayor desafío que se nos presenta para la generación de una alternativa real de poder popular. Romper con los sectarismos que fragmentan, dividen e impiden la construcción de unidad del campo popular, es una tarea urgente”.

Texto íntegro Declaración Final Cumbre de los Pueblos

En el marco da la Cumbre de los Pueblos realizada entre los días 25, 26 y 27 de Enero de 2013, en Santiago de Chile, las organizaciones y movimientos sociales y políticos de los diferentes países de América Latina, el Caribe y la Unión Europea declaramos lo siguiente:

Hoy, somos testigos de cómo los bienes naturales, los derechos y las personas han sido mercantilizadas en las naciones y pueblos de América Latina, Europa y el Caribe,  producto de la lógica capitalista, que en  su vertiente  neoliberal y machista, permite su instalación y profundización a través de aparatos cívicos, políticos, militares.

Las relaciones existentes entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe que priorizan los privilegios y ganancias de los inversionistas frente a los derechos de los pueblos a través de acuerdos comerciales y acuerdos bilaterales de inversiones,  profundizan este modelo que perjudica a los pueblos de ambas regiones.

Es así, que estos Estados mercantilistas, las transnacionales y las corporaciones continúan siendo administradores y profundizadores de la pobreza y  la desigualdad social en el mundo, amparados por un tipo de democracia representativa, de mano de la elite, que se aleja de los intereses de las grandes mayorías de nuestro pueblo.

Esta hegemonía del capital financiero se manifiesta entre  otros en la privatización y mercantilización de los servicios públicos, el desmantelamiento del Estado de bienestar, la precarización del trabajo,  el extractivismo, la usurpación, la destrucción y mercantilización de los bienes naturales y sociales propios del pueblo y el desplazamiento forzoso de los pueblos originarios, provocando las crisis alimentarias, energéticas, climáticas.

En la Unión Europea la crisis capitalista ha significado un verdadero golpe de estado financiero que ha impuesto políticas de austeridad en contra de los derechos de los pueblos, de los derechos laborales, ambientales, etc.  La troika europea (FMI, BCE, Comisión Europea) obliga los estados a endeudarse para salvar los bancos para que seamos los pueblos los que paguen la crisis provocada por ellos mismo.

Al mismo,  es necesario visibilizar la creciente opresión y discriminación hacia las mujeres en América Latina, el Caribe y Europa.

No obstante, a este panorama que parece adverso, reconocemos procesos históricos y recientes a partir de las luchas de nuestros pueblos en el mundo, que han logrado tensionar y agrietar las actuales lógicas y nos dan la esperanza de que otro mundo es posible.

De este modo, surge la necesidad de construir las bases para un nuevo modelo de sociedad que transforme las actuales lógicas y coordenadas políticas, económicas, sociales y culturales en todas nuestras naciones y pueblos de ambos lados del continente  las luchas de los diferentes actores y organizaciones del campo popular.

Para alcanzar estos objetivos proponemos que:

Los derechos y bienes naturales arrebatados a nuestro pueblo deben  ser recuperados,  por medio de la nacionalización, la comunitarización de los bienes y servicios y  los  medios de producción y el reconocimiento constitucional de la naturaleza como sujeto de derecho. Esto implica pasar de ser resistencia y movimientos reivindicativos a  una alternativa que contenga una propuesta política-social  integral de país.

Promover el paradigma del buen vivir basado en equilibrio del ser humano con la naturaleza y el medio ambiente y los derechos de la tierra, al servicio de los pueblos, con una economía plural y solidaria.

Democracia directa, participativa y popular y su concretización desde las bases sociales. Para ello, es necesario la integración de actores sociales y políticos del mundo, valorando prácticas territoriales y haciendo el dialogo entre las instancias locales y globales.

Promover la integración en la participación política de los niños y niñas y las juventudes, desde un enfoque de género. Respeto a la libre determinación de los pueblos originarios del mundo, entendiéndolos como pueblos hermanos no sometidos a la territorialidad impuesta por la colonización. Esto, sumando a la promoción de la soberanía alimentaria en perspectiva de una autotomía territorial que a los pueblos y comunidades decidir qué y cómo producirlo.

En cuanto al avance de la represión y la criminalización de la protesta,  movimientos sociales y populares, debemos articularnos de tal manera de generar la fuerza necesaria para frenar el avance  de leyes antiterroristas y  la inserción en las comunidades indígenas de nuestros pueblos, como a su vez  la militarización imperialista que ha instalado bases militares en America Latina, Europa y el Caribe.

Sensibilizar, agitar y promover luchas contra las transnacionales, mediante campaña de denuncias y biocot en todos los niveles.

Posicionar el feminismo con un proyecto político antipatriarcal y anticapitalista.   Reconocer y promover los derechos de los migrantes y los derechos de los pueblos de libre tránsito entre las naciones.

Plena solidaridad con el pueblo Palestino y todos aquellos pueblos y naciones oprimidos por el poder colonizador y el imperialismo, así como el repudio a las intervenciones cívicos-militares en Honduras, Haití  y  Paraguay. Apoyamos los procesos de paz,  con la participación de los actores sociales y políticos en  Colombia. Solidaridad con el pueblo cubano en contra del bloqueo, con  Argentina en el proceso de  recuperación de las Malvinas, con Bolivia y su demanda por salida al mar,  con el pueblo Venezolano en el proceso Bolivariano y con los movimientos sociales en Grecia y España. En el caso de Chile, solidaridad con el movimiento estudiantil en defensa de la educación pública, gratuita y con el pueblo-nación mapuche contra la represión realizada de parte del Estado.

Acompañando la lucha por la soberanía de nuestros territorios en América Latina, es necesario luchar por el respeto de la soberanía de nuestro cuerpo como territorio propio de las mujeres.

Entendemos que la superación de la  precarización laboral a la que se ven expuestos las mayorías de trabajadores en América Lantina y el mundo, pasa por un cambio estructural que altere las relaciones de propiedad y producción de bienes y servicios valorando la labor esencial que desempeñan los trabajadores y trabajadoras como sustento sobre el cual se construye toda sociedad.

De manera transversal, debemos avanzar en la construcción de  plataformas de lucha comunicacional que no sólo permitan develar y difundir las demandas y  alternativas de nuestros pueblos frente al modelo hegemónico, sino también como forma de explicar las verdaderas causas de los problemas que hoy nos aquejan.

Debemos ser capaces de construir demandas unitarias que aglutinen a todos los actores sociales y pueblos en disputa y que a su vez nos permitan trazar un horizonte estratégico hacia el cual avanzar, articulando y organizando la unidad entre el movimiento sindical, social y político en América Latina, el Caribe y Europa. Esto debiera traducirse en una hoja de ruta de trabajo y de movilizaciones para el presente periodo, pero con perspectivas a largo plazo.

Al mismo tiempo, fortalecer la organización social y popular en cada sector de inserción, potenciando la amplificación de nuestras demandas a las grandes  mayorías por medio de la politización y la movilización.

No podemos dividir más las instancias organizativas  en las que estamos, conducir hacia un proyecto en la diversidad es el mayor desafío que se nos presenta para la generación de una alternativa real de poder popular.   Romper con los sectarismos que fragmentan, dividen e impiden la construcción de unidad del campo popular, es una tarea urgente.

Frente al poder del bloque dominante sólo la unidad y la solidaridad entre nuestros pueblos nos darán la fuerza necesaria para alcanzar nuestros más alto objetivos y vencer.

Santiago de Chile, Enero 2013

 

En relación