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Ecuador: cambio indígenas por petróleo

Viernes 15 de julio de 2011 - La licitación del bloque petrolero de Armadillo puede llevar a la extinción a dos de los últimos pueblos originarios libres de la Amazonía ecuatoriana. La sociedad civil pide al gobierno que recapacite y que aplique la Constitución que él mismo impulsó. Este es el caso.

Por Equipo Otramérica

El Comité de Licitación Hidrocarburífera (COLH) de la Secretaría de Hidrocarburos del Ministerio de Recursos Naturales No Renovables del Ecuador, ha abierto el proceso de licitación para la exploración y explotación de petróleo crudo en el Bloque Armadillo, que colinda con la Zona Intangible Tagaeri Taromenane, dentro del Parque Nacional Yasuní.

Esta situación es especialmente grave porque puede afectar a los dos últimos pueblos originarios voluntariamente aislados de la Amazonía ecuatoriana: los taromenane y tagaeri. Un monitoreo del propio Ministerio de Medio Ambiente de Ecuador había determinado 11 indicios de presencia de estos indígenas aislados dentro y en la zona de Armadillo. [Estas dos comunidades de indígenas optaron por el aislamiento voluntario después del dramático contacto al que se vio expuesto el pueblo huaorani por parte de pastores evangélicos estadounidenses. Ahora, sus hermanos, los huaorani, son utilizados por petroleras y madereros para 'cazarlos' ]. 

Por esta razón, entre otras, organizaciones de Ecuador, como el Comité Ecuménico de Derechos Humanos, Ecuarrunari, Acción Ecológica, Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) o personajes como Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente, han hecho público un comunicado en el que rechazan la exploración y/o explotación del Bloque Armadillo.

En el comunicado se recuerda que el artículo 57 numeral 21 de la Constitución del Ecuador determina que “los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario son de posesión ancestral irreductible e intangible, y en ellos estará vetada todo tipo de actividad extractiva. El Estado adoptará medidas para garantizar sus vidas, hacer respetar su autodeterminación y voluntad de permanecer en aislamiento, y precautelar la observancia de sus derechos. La violación de estos derechos constituirá delito de etnocidio, que será tipificado por la ley”.

Poco parece importar este hecho al ministro de Recursos No Renovables de Ecuador, Wilson Pástor, que esta semana volvía a ratificar la intención del Gobierno de incrementar la producción petrolera del país y para ello anunció la firma de contratos en noviembre para la explotación de los bloques marginales de Armadillo, Chanangne, Chanapa, Evo-ron, Ocaño-Peña Blanca y Singue. Entre todos estos puntos se calcula que hay reservas por unos 35 millones de barriles (el 3% de la actual producción nacional).

El caso de Armadillo es grave ya que en 2010 ya hubo enfrentamientos cuando la empresa Petrotesting Colombia entró en Armadillo a pesar de que el Comité Permanente de Derechos Humanos de Orellana y la Asociación de Líderes Comunitarios Red Ángel Shingri pidieron la aplicación de medidas cautelares (protección) para los tagaeri y taromenane.

Además de que desde 2006 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya pidió medidas especiales de protección para estos pueblos originarios libres, el comunicado de la sociedad civil recuerda que el propio Ministerio de Medio Ambiente indicó n 2010 que en Armadillo  “(…) el inicio de actividades petroleras en las actuales condiciones pondría en riesgo no solo la vida y los derechos humanos de los indígenas aislados del grupo que allí habita sino también la de los trabajadores petroleros, colonos y Waorani de la zona (…)”.

Los firmantes del comunicado piden la cancelación inmediata de la licitación de Armadillo y recuerdan que “el país, de acuerdo a la Constitución del 2008, aprobada por el pueblo ecuatoriano, debe orientarse de acuerdo a los principios del Buen Vivir o Sumak Kawsay y de la Plurinacionalidad, que son el fundamento para garantizar la vida digna de todos los habitantes del país. Vida digna que no puede legitimarse provocando la muerte de ninguna persona, incluyendo los pueblos Tagaeri y Taromenane que viven aislados, hecho que atentaría, además, en contra de la Declaración de Derechos Humanos y otros instrumentos internacionales que ha suscrito el Ecuador y a los que el Estado debe remitirse como mandato constitucional”.

Los enfrentamientos entre sociedad civil y gobierno de Ecuador no son nuevos. El presidente, Rafael Correa, llegó a denominar de “saboteadores y terroristas” a los líderes indígenas que protestaban contra las políticas extractivas del Ejecutivo. 

Comunicado de la Sociedad Civil (Íntegro)

LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL FRENTE A LA LICITACIÓN DEL BLOQUE ARMADILLO

 

Los ciudadanas y ciudadanos abajo firmantes, representantes de organizaciones nacionales e internacionales de la sociedad civil, defensores de los Derechos Humanos y de la Naturaleza, académicos, expresamos nuestra indignación porque el Comité de Licitación Hidrocarburífera (COLH) de la Secretaría de Hidrocarburos del Ministerio de Recursos Naturales No Renovables del Ecuador, el 16 de junio pasado, ha convocado a las empresas petroleras a participar en la licitación para la exploración y explotación de petróleo crudo en el Bloque Armadillo, que colinda con la Zona Intangible Tagaeri Taromenane.

 
Consideramos:

Condenamos la convocatoria a licitación para la explotación del bloque Armadillo, hecho que vulnera derechos fundamentales de los pueblos indígenas libres, incluyendo su derecho a la vida.

Recordamos que el país, de acuerdo a la Constitución del 2008, aprobada por el pueblo ecuatoriano, debe orientarse de acuerdo a los principios del Buen Vivir o Sumak Kawsay y de la Plurinacionalidad, que son el fundamento para garantizar la vida digna de todos los habitantes del país. Vida digna que no puede legitimarse provocando la muerte de ninguna persona, incluyendo los pueblos Tagaeri y Taromenane que viven aislados, hecho que atentaría, además, en contra de la Declaración de Derechos Humanos y otros instrumentos internacionales que ha suscrito el Ecuador y a los que el Estado debe remitirse como mandato constitucional.

Exhortamos a que se detenga inmediatamente dicha licitación que pondría en riesgo la vida de compatriotas que viven en dicha región.

Alertamos a las empresas petroleras que participen en dicha licitación, así como a las autoridades gubernamentales, a atenerse a las consecuencias jurídicas que puede provocar cualquier afectación de la vida de los pueblos indígenas libres.

Exigimos que se apliquen inmediatamente políticas económicas que no encadenen al país a ser permanentemente un productor y exportador de materias primas; situación que explica nuestro subdesarrollo y que, además, ahonda la crisis económica, social y ecológica global.

 

Firman:

Humberto Cholango, Presidente CONAIE

Defín Tenesaca, Presidente ECUARRUNARI

Alberto Acosta, Ex Presidente de la Asamblea Constituyente

Elsie Monge, Comisión Ecuménica de Derechos Humanos

Ivonne Yánez, Presidenta Acción Ecológica

Esperanza Martínez, Campaña Amazonía por la Vida

Campaña Prodefensores de los Derechos Humanos y de la Naturaleza

Las deudas de la Revolución Ciudadana

Gabriela Bernal Carrera

El recuerdo más claro que tengo de hace 20 años, son los grafitis que inundaron Quito durante y después del Gran Levantamiento de Junio de 1990. Con rojo y negro estaba escrito por todas las paredes de la ciudad: “Amo lo que tengo de indio”. Me pregunto si quienes hicieron aquellas pintas, hoy son funcionarios de la Revolución Ciudadana y cuánto siguen amando lo que tienen de indios.

En estos últimos tiempos, cuando se ha endilgado a muchas personas, especialmente dirigentes indígenas los términos de terroristas y saboteadores, vale la pena preguntarse cuánto se logró socavar en la sociedad ecuatoriana, a lo largo de los últimos 20 años, el racismo colonial que nos pesa históricamente. Porque más allá de las coyunturas que se suceden una tras otra desde hace cuatro años, hay una constante desde inicios del actual gobierno y es su total incapacidad para entender la realidad del mundo indígena, aunque para ser más precisa, debería hablar de los mundos indígenas.

Entre los adjetivos calificativos que ha usado el actual gobierno para referirse a los pueblos indígenas y sobre todo a sus dirigentes, hay una variedad interesante: ponchos dorados, roscas, terroristas, malos dirigentes, entre otros. No sé si el presidente Correa, que se ufana de haber sido voluntario en Zumbahua durante un año, compartirá el criterio de varios de sus colaboradores, algunos encargados directamente de trabajar y “negociar” con las organizaciones indígenas, de que “el problema de los indios comenzó el día que les quitamos la pata del cuello”, como se le escapó a uno de ellos, con algunas copas de más. Coincidentemente, este fin de semana me comentaba alguien su preocupación de que varias personas habían usado la misma metáfora, la de quitar el pie del cuello, para referirse a la incapacidad de establecer un diálogo real con los dirigentes de las organizaciones indígenas.

Personalmente, he sido crítica al gobierno y al “Proceso” en múltiples aspectos, pero considero que si existe una deuda que ha adquirido el presente gobierno con la historia de este país, es la reactualización del racismo. Para quienes vivimos el antes y el después del Gran Levantamiento de 1990, era plausible el cambio que se dio en la sociedad en cuanto al racismo. Hace muchos años que no oíamos decir en foros públicos: indios de mierda, indios rosca, o indios sucios, o indio has de ser. Pero la cotidianidad doméstica es otra cosa, ahí estaba el núcleo duro del racismo; ahí seguía enquistado y esperando la oportunidad de volver a invadir los espacios públicos. Y volvió, está aquí de vuelta de mano (aunque debería decir de la lengua suelta) de los discursos oficiales, de las imágenes repetidas en noticieros. ¡Qué poco aprendimos como sociedad en estos 20 años!


Políticamente la famosa partidocracia se acostumbró a que el Movimiento Indígena se convirtiera en la caja chica de cualquier movida política: se necesitaba gente para apoyar cualquier causa: ahí estaban ciertas ONGs (cuyos directivos hoy forman parte de la burocracia del siglo XXI), trayendo a “sus indios” para generar presión, de acuerdo con sus intereses. Y lo escribo porque lo oí y lo viví. Pero ¿cuántas de estas personas, que laboraron y usufructuaron a nombre de los proyectos de desarrollo, aprendieron algo del mundo indígena? ¿cuántas aprendieron a amar lo que tenemos de indios e indias, sobretodo? Muchos pasaron por Zumbahua, pero Zumbahua pasó por muy pocos de ellos, como me decía alguien hace tiempo. De resistir al neoliberalismo realmente se ocupó el Movimiento Indígena; de cambiar los soportes del racismo no se ocupó nadie, porque era más fácil vivir del cuento y llegar a la casa y mantener al patrón, macho y blanquito al frente de los asuntos de la casa, como siempre.

Lo del terrorismo es una innovación del 2001, que no se agradece y que se suma al discurso desarrollista de los más insignes pensadores de este país. Pero hoy, los discursos oficiales reproducen la idea que a la democracia, se oponen los terroristas, de que el mundo indígena está opuesto a la modernidad y que en suma lo indígena está estático e inmutable. Las visiones racistas que ubican al mundo indígena enfrentado a la modernidad, desconocen las riquísimas dinámicas internas que promueven otras modernidades; fecundos procesos que  han planteado y vivido, contra o por debajo del estado, otras formas de ser modernos. 
Dice el refrán: no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. La reactualización del racismo es una deuda que indudablemente será cobrada, más temprano que tarde.

Dos pueblos que han resistido a la colonialidad

Por Walter Trujillo

Los Taromenane y Tagaeri viven en el aislamiento voluntario del mundo moderno, son un tesoro humano y cultural, al igual del entorno ecológico donde ellos viven, en la selva todavía no conquistada de Ecuador; se calcula que hay unos 300 Taromenane y unos 20-30 Tagaeri sobrevivientes. Estos pueblos no han sido evangelizados por los misioneros, pero su Hábitat ha sido destruido paulatinamente desde hace 30 años por los petroleros y desde hace 15 años por los Madereros. Los madereros talan los bosques en el corazón del parque nacional Yasuní, de manera ilegal e incontrolado, en muchos casos protegidos por la policía y militares.

Los Taromenane y Tagaeri son un clan descendiente de los Huaorani y hablan la lengua huarani Wao-Terero. Tanto los Tagaeri y Taromenane son reconocidos por sus gigantes lanzas y son considerados como uno de las tribus más bravas de la Tierra. Hay una sangrienta historia de los encuentros entre estos dos grupos y los trabajadores de las empresa petroleras, los madereros y colonos.

El sacerdote capuchino Miguel Ángel Cabodevilla viene estudiando desde hace 30 años la situación de los indígenas de la Amazonia y ha denunciado la matanza de 30 Taromenane y Tagaeri en el año 2006, con muy poco resonancia y solidaridad. Recién el 15 de Febrero del 2008 el gobierno ecuatoriano ha ordenado la investigación de la matanza irracional del 2006, matanza efectuada por los Huaoranis y pistoleros pagados por los madereros. Hasta ahora no se han tomado medidas urgentes de protección de este tesoro humano viviente.

*Tagaeri eran parte de los Huaorani,. Después de la evangelización agresiva de los 60, los Tagaeri al mando de Tagae, renunciaron al contacto con el mundo moderno, con las petroleras y otras comunidades indígenas y se propusieron defender su territorio, al comienzo fueron unas 30 personas, pero fueron aumentando con los Huaorani que renunciaban a la evangelización.

Se han dado muchos enfrentamientos con los petroleros, con indígenas que intentaron varias veces apoderarse de sus mujeres, como en el caso de Omatuki, muchacha Tagaeri, secuestrada por un grupo Huaorani. Los Tagaeri tuvieron enfrentamientos con los madereros que explotan los árboles de aguano ilegalmente en zonas o territorios que pertenecen exclusivamente a los Tagaeri. En la época actual quizá no existen Tagaeri,
tal vez algún niño tagaeri integrado algún grupo indígena, en la década de los 90 los petroleros utilizaron a los Huaorani, para defenderlos de los Tagaeri y forzarlos al contacto con los mismos.

*Taromenane, un grupo cercano a los Huaorani, pero con características diferentes en el lenguaje y la forma de trabajar las casas y sus armas, estos dos pueblos han tenido encuentros bélicos unos cien años atrás. Los Taromenane están instalados en la frontera con el Perú, en zonas totalmente despobladas. Se sabe muy poco de los Taromenane, solo relatos antiguos de los Huaorani, donde los pintan como guerreros tan rápidos como el jaguar y con unas armas precisas y muy grandes.

En abril del 2003 Taromenane fueron masacrados por un grupo de Huaorani, el clan Babeiri, alentados por los petroleros y madereros, incursionaron en territorios antiguos de los Tagaeri, pero no encontraron a ningún Tagaeri, a cambio encontraron a una familia Taromenane, la cual fue masacrada, murieron 15 personas, entre niños y mujeres, este crimen étnico fue interpretado como un acto tradicional, "justicia indígena"

El bloque de Armadillo colinda con la Zona Intangible Tagaeri-Taromenane. El Ministerio de Ambiente de Ecuador habla de al menos 11 evidencias de presencia de indígenas voluntariamente aislados en la zona petrolera.

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