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Juntas cruzarán la frontera

Jueves 27 de octubre de 2016 - Se calcula que este mes estarán llegando a la frontera de Tijuana entre México y Estados Unidos unas 7.000 personas migrantes de origen haitiano. Este éxodo, plagado de trabas burocráticas, criminalización policial y mafias, tiene rostro e historia. Conoce a Wilenda y a Dani. Juntas cruzarán la frontera.

Por Texto y fotos: Heriberto Paredes Coronel

“Tienen que conocer la historia de esta muchacha, hablen con ella, fíjense en las historias y no sólo en los bordes”, pidió emocionada la madre Margarita –responsable del Desayunador del Padre Chava en Tijuana– a mitad de una entrevista en los primeros días de este octubre. Se refería a Wilenda Nicolas. Con 24 años de edad y originaria de Puerto Príncipe (Haití), esta sonriente chica tenía una historia que contar y nadie había querido escucharla. Al igual que miles, es una mujer que espera ser recibida en Estados Unidos para ser refugiada, empezar una nueva vida y mantener el sueño.

Bastaron un par de llamadas para concertar una cita y poder hablar con ella tranquilamente. Al llegar al Desayunador, encontramos directamente a la madre Margarita en medio de un tumulto de mujeres que estaban arremolinándose para conseguir un mejor turno y bañarse primero. Por muy laxas que pudieran parecer, las reglas en este albergue se cumplen a cabalidad y se respetan, por lo que nuevamente se hace una fila para que cada una pase a tomar una ducha. Al vernos, la madre Margarita nos pide unos minutos y al lograr controlar la situación nos indica dónde encontrar a Wilenda. Tras un saludo rápido, tomamos unas sillas y nos dirigimos al patio trasero de la nave. Tras pasar varias filas y estrechas puertas por fin logramos sentarnos bajo la sombra de un árbol.

Todo pasó en Nicaragua. Dani estaba llorando mucho, estaba sola. Estábamos en la selva y había unas 15 personas, busqué a su familia y no la encontré, así que decidí llevarla conmigo para cuidarla”, cuenta mientras sonríe y Dani manosea un gatito de peluche pegada a su nueva mamá: Wilenda. “La madre fue detenida por la policía de Nicaragua con Costa Rica y no ha podido continuar”, relata la joven haitiana.

De formación enfermera, trabajó en Brasil durante un año, pero no se convenció de las condiciones laborales. Mientras que en Estados Unidos un salario bajo está rondando los 500 dólares a la semana, Wilenda afirma que en una ocasión trabajó un mes y sólo recibió 1.000 reales a cambio, algo así como 300 dólares. Es por eso que decidió cambiar de vida y, junto con su novio, emprender el largo camino hacia el norte, hacia los Estados Unidos.

 

La travesía imposible

Para llegar a la frontera de Tijuana las y los haitianos tienen que cruzar 9 países, atenerse a robos, extorsiones, el pago de coyotes (entre 3.500 y 7.000 dólares cuesta ser transportados o guiados), y las adversas condiciones de alimentación y climáticas en las que se envuelven. Uno de esos trayectos resulta el de mayor peligro, no porque exista una banda criminal acechando (eso puede llegar después) sino porque se trata del cruce de la selva que comparten Colombia y Panamá, un lugar que pocos resisten. Otro de estos tramos peligrosos es el cruce de la selva entre Costa Rica y Nicaragua, lugar en donde la mamá de Dani fue detenida por la policía nicaragüense para ser regresada a Costa Rica. Fue en este punto en donde Wilenda encontró a la pequeña niña y decidió cuidarla.

“Estuve preguntando a todos en el grupo en el que estábamos, éramos como 15 personas y no estaba su mamá, por eso decidí hacerme cargo de ella. Después pude hablar con la familia por teléfono y me agradecieron pero también me pidieron que continuara con ella hasta los Estados Unidos, allá posiblemente me busquen, si logra llegar su mamá, mientras tanto estamos juntas en este camino”, remata Wilenda con tono tranquilo.

El novio de Wilenda también fue detenido por la policía nicaragüense y fue regresado a Costa Rica, pero en la comunicación que mantienen por teléfono, los dos están ilusionados con la idea de que ahora ya tienen una hija de tres años a quien van a cuidar y formar mientras trabajan en los Estados Unidos. La familia de Wilenda que todavía sobrevive en Haití también está al tanto de la nueva situación de su hija enfermera. “Amo a mi país, pero allá no se puede trabajar, no se puede estudiar, hay mucha pobreza y mucha violencia, además, después del terremoto las cosas se pusieron más complicadas, es por eso que decidí salirme para trabajar en Brasil, pero guardo la esperanza de que algún día pueda regresar a Haití”.

Tuve esta plática con Wilenda un día antes de que ella partiera a la entrevista fijada por la CBP (Customs and Border Patrol) meses atrás, ahí ella deberá explicar sus razones para pedir refugio. Las cosas en las políticas migratorias estadounidenses hayan cambiado desde el 22 de septiembre de este año, fecha en la cual la entrada masiva de haitianos se detuvo para entrar en una suerte de entrada selectiva en la que parece ser que mujeres y menores de edad tienen mayores posibilidades de recibir el beneficio de quedarse en EEUU en tanto se define claramente su estatus migratorio; en esta misma fecha se suspendió hasta nuevo aviso el estatus legal que trajo a miles y miles de haitianos, el Temporary Protected Status (TPS).

Wilenda es una sirena, o como lo marca la nomenclatura del vudú, ella es Lasirene, aquella diosa protectora de las y los niños que se representa ante nuestros ojos como Santa Marta. Wilenda es una mujer muy fuerte que no dudó en proteger a una niña que había perdido a su madre en una redada por haber cometido el penoso crimen de migrar hacia lo que consideran una oportunidad para salir adelante, aunque nuestro mundo considere esto como un delito que tiene que ser perseguido, de lo contrario resultaría ilógico el actuar de las policías en cada país que miles de haitianos cruzan hasta llegar a la frontera con Estados Unidos. Esta es la lógica que domina, la que criminaliza a las personas que luchan por vivir.

 

7 mil al mes

Tanto la madre Margarita como el Instituto Nacional de Migración (INM) calculan que este mes llegará un total de 7 mil personas de origen haitiano, las cuales tomarán alrededor de una semana para cruzar México, desde Tapachula hasta Tijuana. Lo que ya empieza a despuntar en medios de comunicación como un complejo proceso migratorio es también la materialización de las pésimas estrategias que el gobierno estadounidense aplica a su homeland security; por otro lado, el gobierno mexicano mantiene una actuación operativa en la que las declaraciones de funcionarios –en todos los niveles de gobierno– son tan sólo palabrería cosmética.

Por cuarta vez fueron suspendidas las elecciones en Haití, un clásico de la política de la isla, que frente a terremotos y huracanes no ha logrado siquiera fortalecer su política interna; no falta ni un mes para que en Estados Unidos se lleven a cabo unas de las elecciones más polémicas y, por tanto, entren en juego las políticas migratorias, sea para cambiarlas del todo o para mantenerlas en el mismo sentido que ahora, lo cierto es que todo parece estar en pausa menos la necesidad de una vida mejor para miles de personas que cruzan una decena de países motivados por el sueño americano. Tal vez Wilenda logre establecerse en Florida y formar una familia junto a Dani y su novio, o tal vez, en medio de todo el huracán migratorio, sea deportada luego de que los reflectores políticos dejen de considerarla capital político, junto con sus paisanos.