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Los medios trituran nuestras complejidades

Jueves 10 de noviembre de 2011 - Las perversiones del sistema de comunicación de masas, al descubierto. Las imitaciones de los sistemas de comunicación alternos, desnudadas. María Galindo, de Mujeres Creando (Bolivia), habló en Argentina y llamó a construir alianzas indigestas, a romper la lógica del "encajonamiento" de los medios hegemónicos.

Por Redacción Ecodías

La intervención de María Galindo en el I Congreso de Periodismo Autogestionado tuvo sus particularidades que la diferenciaron, tal vez, del resto de los panelistas. De entrada, la fundadora del movimiento feminista Mujeres Creando de Bolivia lanzó al público frases como: “No hay nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda”, “Mujer, no me gustas cuando callas, porque estás como ausente” o “Mujer que se organiza no aguanta más palizas”.

Luego de ello, Galindo avisó que tenía que vestirse y así fue que con hojas de diario comenzó a cubrir su cuerpo hasta hacerse una corona de fotos. Ahora sí, Galindo ya estaba lista para hablar y su exposición fue clara, mostrando una mirada novedosa y, por qué no, incómoda. Galindo comenzó a hablar de los medios de comunicación calificándolos como un sistema de asignación de lugares e identidades. Es decir, desde una visión los medios parecerían democráticos porque brindan un espacio para todos y todas: jóvenes, discapacitados, mujeres, indígenas, desempleados trabajadores, etcétera. Sin embargo, esa capacidad de dar un lugar lejos está de ser un sistema inclusivo: “Para cada identidad un cajón, un cajón que te encajona”, señaló Galindo y agregó: “Eso de la exclusión, en realidad yo creo que no es tan así, yo creo que es mucho más perverso el sistema de inclusión porque es mucho más sutil. Te asignan un lugar y tu identidad como un lugar asignado de pertenencia”.

Luego, cada asignado utiliza ese espacio como propio cuando en realidad le fue brindado por otro, en este caso: los medios. Tal es así, que ese espacio que uno considera propio está allí para que se toquen determinados temas que también son asignados. Reflexionando, uno puede darse cuenta claramente que cada sector habla de sus temas; los trabajadores de los suyos, determinados movimientos u ONGs de trata, tráfico o violencia de género, igual. Parecería que sólo pueden tratar esas temáticas y que el resto les son vedadas: “Por lo tanto este sistema de inclusión es un sistema de asignación de lugares, pero también es un sistema de asignación de temas y de contenidos. Los lugares y contenidos constituyen juntos lo que nosotras llamamos el guión oficial. La puta tiene un guión oficial, la lesbiana tiene un guión oficial, el trabajador tiene un guión oficial...”.
Galindo resaltó que son guiones destinados a ser repetidos rutinariamente “casi en un ritmo idiota, día por día, o año por año, año tras año y día tras día. Y estás condenado a repetir tu guión oficial desde ese lugarcito de identidad nacional”.



Consecuencia jodida

Hasta aquí, el escenario planteado que ocurre diariamente. Ahora bien, ¿cuáles son los resultados de todo ese proceso que promueven los medios a través de este sistema de asignaciones? La consecuencia jodida, tal como la llamó Galindo, es por un lado la homogenización: “Todas las lesbianas, los maricones, las trans, convertidas en una”. Reducidas a la singularidad por la “homogenización violenta y triturante de tus complejidades”. El mismo ejemplo vale para los indígenas, los trabajadores y demás grupos asignados que terminan, remarcó Galindo, en una fragmentación propia del neoliberalismo: “Esa fragmentación de cajones aísla a uno del otro, a la otra de la otra, cada quien con su cajón, con su lugar de asignación y con su guión, aislados uno del otro”.

Otra de las consecuencias u operación, y aquí sí se acentúa más el papel de la mujer en este sistema, es el tema de la masculinización: “Resulta que todos estos sujetos son masculinos por lo tanto para las mujeres hay un solo cajoncito. Entonces, están los discapacitados, los gays, los afros, los indígenas y las mujeres. Es una asignación, además de otras cosas, masculinizante de los diferentes lugares de pertenencia, identidades o como quieran llamarle”.

Al ocurrir esto se produce otro problema que es la victimización y autovictimización de las mujeres: “Para poder significarte en medio de esa conga de cajoncitos, tu opción es revolcarte en el testimonio de tu dolor, de tu opresión, de tu desgracia pero sin poder verbalizar ni visibilizar lo que te ata”.

Esta es la operación de los grandes medios de asignación de lugares, concluyó Galindo para luego hacer una crítica a la feminización del lenguaje que hacen “las tecnócratas del género” como ONGs o secretarías de gobierno. Al respecto afirmó que son operaciones inocuas y muy fáciles de incorporar en cualquier tipo de sistema de dominación.

Galindo también mencionó otras operaciones del sistema como las mujeres transformadas en un ente biológico convertido en porcentaje y despojadas de su condición política, y volvió a hacer hincapié en cómo se le asignan únicamente algunos temas para hablar “que son parte del guión oficial asignado a la mujer, se han convertido en una especie de solución inmediata, de mecanismos para conseguir fondos, en nombre de visibilizar, de territorio de domesticación de las mujeres”.



Tomar la palabra

Tenemos el escenario, las consecuencias y operaciones, ahora llega el momento de actuar para cambiar ese panorama. Ante el planteo de ¿qué hacer? ante tal situación descripta, Galindo hizo escuchar al público presente un audio de una revuelta de 2003 en el cual se podían oír mujeres llorando y rogando. “Para mí ese llanto es una constatación de que estamos mudas, de que estamos enmudecidas, de que no podemos hablar…”, destacó Galindo y agregó: “No sólo no podemos hablar sino que no podemos encontrar las palabras para hablar”.

Frente a este extravío de las mujeres en cuanto a decir lo suyo, la alternativa es tomar la palabra, construir un lenguaje… simplemente hablar: “A mí no me hablen de medios autogestivos de comunicación o de medios comunitarios de comunicación que no sean capaces de romper con todos los lugares de asignación en esa cajonería. Mientras no se rompa esa cajonería, lo que estamos haciendo desde supuestos medios autogestivos es ratificar el sistema de dominación en el lenguaje, en la comunicación y absolutamente en todo”.

Por esta razón, señaló, se debe quebrar esa lógica de asignación de lugares y ubicarse por fuera de la misma: “Si te colocas por fuera de ese lugar te colocas en un lugar incómodo, difícil, porque no es un lugar asignado, estable”.

Otra propuesta es trascender el discurso reivindicacionista (“Yo soy indígena, yo soy lesbiana”). Salir del lugar autoafirmativo y trascenderlo a través de la construcción de espacios a partir de alianzas insólitas. A modo de ejemplo, Galindo utilizó una metáfora: “Indias, putas y lesbianas, juntas revueltas y hermanadas”. Las alianzas ‘legítimas’, explicó, son las alianzas entre iguales (“Lesbianas con lesbianas, jóvenes con jóvenes”). En cambio, las alianzas insólitas son las capaces de romper el aislamiento del sujeto.

A partir de esas operaciones, “podemos empezar a hablar de tomar la palabra, de desatar voces, de interpelar al poder y además de incomodar allí donde hablemos”.



Ser subversivo


Al finalizar su intervención, la cual fue muy aplaudida, una de las presentes preguntó por aquello de trascender el espacio autoafirmativo debido a que de entrada ya es difícil decir, por ejemplo, “yo soy lesbiana” en una sociedad como la que conformamos. Galindo destacó esa teoría: “Parece una epopeya decir ‘Yo soy...’. Imagínate lo que fue decir yo soy lesbiana, lo recuerdo como si fuera ayer, o lo que nos costó decir tantas cosas justamente en ese proceso autoafirmativo porque durante mucho tiempo, incluso dentro del movimiento feminista, toda nuestra energía, nuestras ilusiones y búsquedas estaban en construir lugares de autoafirmación”.

Todo eso, reconoció, tuvo un costo político, colectivo e individual, sin embargo, recalcó que no vale la pena quedarse en los espacios de autoafirmación ya que han sido colonizados: “Han sido colonizados a través de un guión oficial, a través de políticas de derechos fragmentares, a través de metodologías que me impidan justamente eso, relacionar dónde estoy yo con dónde está, ya no la de mi lado porque la de mi lado, encima, es siempre el reflejo de mí misma, nunca estoy sentada al lado de otra distinta, es grave… Nunca la vi, nunca la besé, nunca la escuché, nunca me encontré con ella ni ella conmigo”.

Por ese motivo, Galindo insistió con la necesidad de alianzas insólitas e indigestas: “Yo no quiero hacer fila para recibir mi plato de derechos con cuatro lesbianas más”. Es subversivo ser insoportables, incómodas y no ser clientas del sistema: “Entonces, salís de la autoafirmación cuando te unes con esa con la que está prohibido unirse”.

(Redacción de EcoDías)

Las alianzas ‘legítimas’, explicó, son las alianzas entre iguales (“Lesbianas con lesbianas, jóvenes con jóvenes”). En cambio, las alianzas insólitas son las capaces de romper el aislamiento del sujeto.

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