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El semestre milagroso de Macri no llega

Martes 19 de julio de 2016 - Mauricio Macri llegó al poder en Argentina en diciembre de 2015 prometiendo algo parecido a un milagro económico. Situó su inicio en el segundo semestre de 2016 pero parece que las cifras y la realidad no hacen prever el milagro. Las reformas económicas han disparado la inflación y no logran reactivar la economía.

Por Equipo Otramérica

Cuando Mauricio Macri recibió la banda presidencial de Argentina el 10 de diciembre de 2015 habló de diálogo, de pobreza cero y de lucha contra la corrupción. El que ahora es su ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, fue un poco más contundente unos días antes al dar por terminada “la tiranía del populismo autoritario” de los Kirchner.

Uno de los principales retos del Gobierno Macri era reactivar la economía argentina, que desde 2012 entró en una fase de desaceleración que se tradujo en un crecimiento anual acumulativo del 1,8% en el período 2012-2015 (aunque su vecino gigante Brasil vio al tiempo como su economía se hundía en 2015 con un crecimiento del -3,45%) y que estaba aquejada de una inflación del 20%. Para dar un giro copernicano a la situación Macri confió en los de su entorno: banqueros y empresarios que entraron al gobierno cargados de soluciones radicales de corte neoliberal.

El propio Prat-Gay fue presidente del Banco Central Argentino y director de estrategias del banco estadounidense J.P. Morgan en los años noventa. En el gabinete de Macri también entraron el presidente de Shell Argentina, Juan José Aranguren, como ministro de Energía (aunque conserva 16 millones de acciones de la compañía) o Andrés Ibarra, el empleado y hombre de confianza del grupo de empresas Macri, que es ministro de Modernización.

La llegada del nuevo gobierno supuso la puesta en marcha de políticas duras y polémicas como el levantamiento del llamado “cepo” al dólar (devaluando sensiblemente la moneda y eliminando el control de divisas); la reducción de los derechos de exportación de la soja (del 35% al 30%) y sus derivados (del 32% al 27%) y la eliminación de retenciones a cereales (maíz, trigo, etc.) y productos agroindustriales; un aumento brutal de las tarifas de servicios públicos (conocido ya como el “tarifazo”), la negociación de la deuda con los fondos buitre, o el decreto presidencial que modificó de un plumazo la ley de 2012 destinada a frenar la acumulación de tierras en manos de inversionistas extranjeros.

 

LA RUEDA NO SE MUEVE

Se trataba, según los voceros del Gobierno, de “sincerar” la economía ya que el ejecutivo saliente había falseado datos. Aun así, hasta el pasado mes de mayo, Macri era optimista y repetía su letanía: “El segundo semestre [de 2016] va a ser mejor, créanme. La inflación va a bajar drásticamente. La rueda se está empezando a mover, confíen que vamos por el camino correcto y las cosas van a funcionar”. El ministro de finanzas, por esos mismos días, situaba la percepción negativa en los medios de comunicación y no en la calle: “Todas las medidas que estamos tomando tienen su tiempo de maduración, entiendo la ansiedad, lo veo en la cara de ustedes (los periodistas), no tanto en las caras de la gente, pero lo veo en la cara de ustedes, estas medidas las vamos tomando porque creemos que es el camino correcto”.

Por mucho que el milagro cambie de nombre, lo cierto es que la rueda no parece tomar velocidad, a pesar de que la presidenta del bloque de senadores del PRO (Propuesta Republicana, el partido de Macri), Laura Rodríguez Machado, se atrevió a comparar los primeros meses del gobierno con el denominado “Milagro Alemán”: la rápida reconstrucción económica de Alemania Occidental tras la Segunda Guerra Mundial. Rodríguez Machado no le apostó al segundo semestre milagroso con mucho entusiasmo pero sí dijo que “no vamos a pasar a la maravilla de un día para otro, pero habrá situaciones que van a permitir que no haya inflación ni más aumento de tarifas”.

 

SE AGOTA LA PACIENCIA

La realidad es que Macri tuvo que enfrentar su primer cacerolazo masivo el pasado 14 de julio por cuenta del “tarifazo” y que los empresarios comienzan a impacientarse porque ni ha llegado nueva inversión extranjera ni sienten una reactivación de la economía. De hecho, consultores del grupo Contexto explicaban a Página 12 que “se ha perdido ya el 70% de las ganancias en competitividad generadas por la devaluación de diciembre”.

“Todos estamos monitoreando cuándo llega el segundo semestre; si no viene claramente se licuará el poder político y la mirada se reenfocará en las próximas elecciones”, se lamentaba un alto ejecutivo ante el conservador diario La Nación protegido por el anonimato. “La paciencia local está directamente atada al bolsillo de la clase media y son las expectativas las que hoy están manejando las variables. Pero si la inflación no mejora, la paciencia se reduce”.

Y la inflación no va a bajar. El informe Latin Focus Consensus Forecast, que reúne las estimaciones de diversas consultoras sobre Argentina, estima que 2016 terminará con una inflación del 38,4% (12 puntos superior a la diciembre de 2015), aunque Goldman Sachs la eleva a un 44,6%. El mismo compendio estima que la economía pasará del estancamiento a la caída de un 1%, aunque pronostican un crecimiento en 2017 del 3,9%.

El Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra) considera un fracaso el paquete de medidas implantadas por Macri. Para este centro de análisis, el Ejecutivo realizó “un giro copernicano en el tipo de Estado a través de la implementación de un fuerte shock ortodoxo de carácter neoliberal. La política económica sustenta sus acciones en: por un lado, reemplazar las políticas regulatorias por el libre juego de la oferta y la demanda (es decir, su delegación a aquellas fracciones del capital que tienen mayor incidencia en la estructura de los mercados), y, por el otro, poner en marcha una política de ‘ajuste económico’ que implica un salto significativo en el ritmo inflacionario, reducción del nivel de actividad económica y una profunda transferencia de ingresos del trabajo al capital y, dentro de éste, especialmente hacia el sector financiero y los terratenientes pampeanos”.

Lo que Cifra denuncia ya está ocurriendo. La devaluación y la eliminación de controles cambiarios ha animado la evasión de capitales que, entre diciembre de 2015 y marzo de 2016, ascendió a USD 6.218 millones (el 364% respecto al mismo período del año anterior). El Gobierno también ha llegado a un acuerdo con los fondos buitre (sólo quedaba un 7% de la deuda por reestructurar) que implica la emisión de bonos por 12.500 millones de dólares y “el inicio de un ciclo de endeudamiento externo para cubrir como mínimo el programa de reducción gradual del déficit fiscal anunciado por el ministro de Hacienda y Finanza”. En los primeros cuatro meses de 2016, la producción industrial ha caído un 3,4% y el sector construcción (el más golpeado) se ha desplomado un 22,7%.

“Sobrestimaron el amor de los mercados y su capacidad para compatibilizar favores a grupos de poder con las necesidades de la economía nacional”

Detrás de todo ello está la caída del consumo interno alimentada por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, que ha mermado un 12,1% entre enero y abril de 2016, y por el aumento de tarifas de servicios públicos. Sólo en el Área Metropolitana de Buenos Aires, la electricidad residencial ha aumentado un 365% y la comercial e industrial un 588; el recibo del agua se ha incrementado un 200%; el gas, entre un 194% (residencial) y un 595% (el comercial e industrial), y el transporte público ha visto duplicar su costo. Las cifras del ‘tarifazo’ llegan a los miles en regiones como la Patagonia, donde los comercios e industrias pagan un 1.245% más por el gas que hace seis meses.

El economista Mariano Kestelboim concluía esta semana en Página 12 que “sobrestimaron el amor de los mercados y su capacidad para compatibilizar favores a grupos de poder con las necesidades de la economía nacional”. Y advertía que  “si no hay un cambio de rumbo rápido, no solo va a subir el desempleo por el incremento de los despidos. La contracción del poder adquisitivo obliga en muchos hogares a que más integrantes deban salir a buscar empleo, lo cual acrecienta el universo de trabajadores activos desocupados”. Kestelboim cree que el Gobierno se equivoca al apoyar al sector financiero sobre el productivo porque es en este último en donde reposa la generación de empleo y la posibilidad de redistribuir riqueza.

La respuesta de la calle es tímida aún, aunque la unificación de la CGT (ahora rota en tres vertientes) que arranca en agosto hace pensar en un final de año 'caliente' ya que Juan Carlos Schmid, su posible nuevo líder y actual cabeza del sindicato de Dragado y Balizamiento, ya ha anunciado su posición a favor de paros territoriales y nacionales en contra de la política económica de Macri. En el mismo especial de Página 12 sobre la situación económica, Diego Rubinzal explica que hasta ahora la que denomina como “revancha clasista” [de las élites con el liderazgo de Macri] se viene produciendo con escasas resistencias sociales, más allá de algunas protestas sectoriales. La reacción más contundente fue el multitudinario acto del 29 de abril pasado convocado por las cuatro centrales sindicales”. Rubinzal, para dibujar el mapa del futuro próximo de las resistencias y de la política gubernamental, apelaba a la repetida frase del diputado del Partido Solidario, Carlos Heller: “¿Cuál es el límite del ajuste? La capacidad de resistencia de los ajustados”.

"La paciencia (...) está directamente atada al bolsillo de la clase media y son las expectativas las que hoy están manejando las variables. Pero si la inflación no mejora, la paciencia se reduce”

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