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Esclavos en el siglo XXI

Domingo 29 de mayo de 2011 - En el mundo aun hay, al menos, 12,3 millones de personas víctimas del trabajo forzoso, seres humanos que mantienen condiciones de esclavitud en pleno siglo XXI. Una situación especialmente sangrante cuando esas víctimas son indígenas y el problema se vuelve invisible. América Latina y El Caribe es la segunda región del mundo con más 'esclavos modernos'.

Por Pilar Chato

“Los peones reciben como pago apenas lo suficiente para que no mueran de hambre; viven hacinados en galeras, los cuales comparado con establos y porquerizas, estas últimas son lujosas al lado de las galeras”. “Muchos llaman ‘papi’ o ‘mami’ a sus patrones, otros tienen el mismo apellido de estos y no es inusual que reciban palizas de los hacendados”. “Son enganchados o endeudados cada año antes de la zafra de azúcar. Para pagar la deuda se los traslada a las plantaciones de azúcar donde tienen que trabajar en la zafra con toda su familia. Una vez que llegan a las plantaciones se ven obligados a adquirir más bienes en los almacenes administrados por los enganchadores o sub enganchadores a precios muy alzados. Ello conduce a un círculo vicioso de endeudamiento”.

Son frases extraídas del informe que sobre ‘Trabajo Forzoso y Pueblos Indígenas’ ha presentado Naciones Unidas en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que se celebra en estos días en Nueva York. Descripciones que no difieren en nada de las que Rafael Barret recogía en sus crónicas de principios del siglo XX sobre los trabajadores yerbateros en Paraguay ('Hacia el porvernir'), o más allá, de la historia que narra Jose Eustasio Rivera, en ‘La Vorágine’, de los caucheros a caballo entre el XIX y el XX. Esclavismo.

En el mundo existen al menos 12,3 millones de personas víctimas del trabajo forzoso, cerca de 10 millones de estas personas son explotadas por la práctica del trabajo forzoso en la economía privada, y el restante por los estados, ya sea con fines políticos o económicos, así lo expresa la relatora especial Elisa Canqui en el informe presentado en el Foro. El trabajo forzoso está presente de una u otra forma en todos los continentes, en casi todos los países, y en todo tipo de economía.

América Latina, segunda región esclavista

El número más alto de trabajadores forzosos se registra en Asia, con 9,5 millones, 1,3 millones en América Latina y el Caribe, 660.000 en África al Sur del Sahara, 260.000 en Medio Oriente y África del Norte, 360.000 en los países industrializados, y 210.000 en los países en transición.

El informe señala que en América Latina, al igual que hace siglos las principales víctimas del trabajo forzoso son los pueblos indígenas, unas veces se trata de pueblos indígenas que viven en regiones aisladas, donde la ausencia del Estado es tal, que el patronazgo, la servidumbre por deuda, no es considerada como delito, sino una relación cordial entre los hacendados, patrones y los pueblos indígenas.

Los pueblos indígenas son especialmente vulnerables a las distintas formas de trabajo forzoso donde los factores determinantes -como las barreras de ciudadanía, la pobreza, y las constantes violaciones a sus derechos particulares, a la tierra y al territorio- han hecho que muchas generaciones de pueblos indígenas sean sujetos a servidumbre por parte de grandes empresas privadas y públicas tanto a nivel rural como urbano. El proceso de discriminación esta tan enraizado que en algunos el trabajo forzoso a los pueblos indígenas, es comprendido como una forma natural de relación entre indígenas y la población no indígena.

El informe de Naciones Unidas insiste en que las poblaciones indígenas son altemante vulnerables por varios factores: son víctimas propicias, por la falta de información de sus derechos, el analfabetismo, la falta de un documento de identidad, monolingüismo, su hábitat tradicional en regiones aisladas, entre otros; la presencia de infractores motivados, representada por una sociedad que tradicionalmente ha excluido y discriminado a estos pueblos, cuyas acciones, como el trabajo forzoso, no es considerada delito en cuanto se trate de indígenas. A ello se une la falta de un guardián capaz, dada la ausencia tradicional de los Estados.

Elisa Canqui relata en su estudios casos concretos en México, como el ‘Ingenio azucarero ‘Emiliano Zapata’, donde se muestra que también el Estado comete este delito en nombre de un bien mayor, la población “No indígena”. Habla de la cría de ganado por los ayoreo y guaraníes en el Chaco Paraguayo; la explotación forestal ilegal en el Perú, donde la situación de la minería también es intolerable, o algunos de los casos más sangrantes, denunciados por la OIT, en el Chaco boliviano, donde el trabajo forzoso se da en la producción de azúcar y en la producción de nueces castañas. En todos se crea una espiral de deudas de las víctimas hacia sus ‘patronos’ que las mantiene eternamente atrapadas en esa situación de esclavitud.

“Estas formas de trabajo forzoso no respetan edad ni género, pues familias completas de indígenas en las diferentes regiones se encuentran insertas en estas formas peores de trabajo”, advierte Elisa Canqui. Así, cada componente de la familia cumple con un rol, los niños ayudando en los campos agrícolas y ganaderos junto a los hombres, y las mujeres destinadas a los servicios domésticos, sin embargo, el “pago” solo lo recibe el hombre y no así las mujeres y los niños.

Trabajo forzoso y trata de personas

En junio del 2010, el Departamento de Estado de Estados Unidos en el informe anual sobre Trata de Personas afirma que la mayoría de los casos de trata de personas en el mundo se dan en la modalidad de trabajo forzoso y reporta la existencia de trabajo forzoso que afecta directamente a los Pueblos Indígenas en el Ecuador, Colombia, República de Congo, Canadá, Bolivia, Guatemala, México y Paraguay. En este marco, los pueblos indígenas son altamente vulnerables a la trata en redes comerciales sexuales, y donde la trata de personas y pueblos indígenas es raramente estudiada y una forma de trabajo forzoso invisible.

El informe presentado en el Foro de Pueblos Indígenas señala que la quinta parte de los trabajos forzados está relacionada con el tráfico de personas; menos del 20% en el caso de Asia, América Latina y el África Subsahariana, mientras que en los países industrializados, en transición, Oriente Medio y Asia, el porcentaje de las víctimas de trabajos forzados que lo son del tráfico de personas, asciende al 75%.

Los niños y mujeres indígenas

Los niños (un 40/50% de las víctimas del trabajo forzado en el mundo, 4,9 millones) y mujeres indígenas son la población más vulnerable al trabajo forzoso. El proceso de migración rural/urbano ha incrementado las condiciones favorables que aumentan este delito.

“En el área urbana muchos niños y niñas se desempeñan en actividades domésticas, en construcción y como vendedores ambulantes. Estos niños, niñas y adolescentes se ven expuestos a una serie de peligros relacionados con la trata de personas para actividades agrícolas; trata para la explotación sexual; trata para trabajo forzoso (servicio doméstico, talleres informales o clandestinos); trata para la venta de órganos (la desaparición de niños y niñas indígenas); el reclutamiento forzado por grupos armados ilegales, guerrilla o el propio ejército; y la trata con fines de mendicidad organizada o trabajos similares”, indica Canquí, quien afirma en sus conclusiones que los abusos de cualquier tipo que sufren los trabajadores domésticos indígenas (sean hombres o mujeres) 'constituyen un modo de trabajo forzoso muchas veces invisible”.

Las niñas y adolescentes son especialmente vulnerables. Son enganchadas al trabajo doméstico con promesas de acceso a la escuela, promesas que se incumplen y las niñas y adolescentes indígenas quedan en condiciones de servidumbre y analfabetismo.

“Muchas víctimas indígenas de trabajo forzoso, son parte de los cuatro millones de personas que son vendidas en contra de su voluntad con la finalidad de trabajar como servidumbre, y en el caso de las mujeres a la explotación sexual”.

Cómo combatirlo

El informe de Naciones Unidas apunta algunas de las vías de acción para acabar con el trabajo forzado en el mundo. Unas vías que en el caso de los indígenas pasa, no solo por la prohibición de este sistema en los instrumentos legales, sino por disminución de los factores determinantes de la esclavitud: la pobreza, la discriminación y la ausencia de un compromiso serio de parte de los Estados hacia este delito.

Se recomienda que cada país no solo sancione el trabajo forzoso a través de sus códigos penales, sino que contemple medidas eficaces para garantizar la reinserción de sus víctimas de trabajo forzoso, procurando en lo posible restituir los territorios indígenas donde tradicionalmente los pueblos indígenas vivían. El informe también apuesta por la participación de las organizaciones indígenas en esta tarea para visibilizar y erradicar el problema, una participación que también exige para las víctimas.

Se pide un análisis riguroso, con censos e investigaciones, de la situación de los trabajadoras y trabajadores domésticos indígenas; y que se inste a las organizaciones indígenas a informar acerca de los casos de trabajo forzoso. Junto a ello, los Estados deberían prohibir las formas de trata de personas y fijar castigos acordes con delitos tan graves.

México: El ingenio azucarero Emiliano Zapata

(Extracto del informe sobre un caso concreto)

Generalmente, el trabajo forzoso se vincula con el área privada, pudiendo ser esta empresas y/o familias individuales, sin embargo el caso del “Ingenio Azucarero Emiliano Zapata”, México, nos muestra que también el Estado todavía comete este delito en nombre de un bien mayor, la población “No indígena”. Los indígenas nu’saavi, nahuas, ma’phaa, huastecos y otomíes, que viven en la galeras de Zacatepec en Morelos, donde se encuentra el ingenio “Emiliano Zapata”, la realidad en la que viven, no se diferencia entre un peón “acasillado” del siglo XVIII y un “jornalero libre” del XXI. Las condiciones de trabajo de los cientos de jornaleros de este ingenio esta caracterizado porque los peones reciben como pago apenas lo suficiente para que no mueran de hambre; viven hacinados en galeras, los cuales comparado con establos y porquerizas, estas últimas son lujosas al lado de las galeras; se bañan en un río que arrastra suciedad, y a la tienda de raya la conocen como el “comedor y la tiendita”10.

Los enganchadores visitan las empobrecidas comunidades de Guerrero, Oaxaca, Puebla, Hidalgo y otros estados para “prestarles” 150 o 200 pesos para que los “saquen de apuros” a sus familias. Les dicen que esa deuda la pueden pagar con trabajo. Pero para ello se deben trasladar hasta los campos, como Zacatepec, que alimentan con su producción al Ingenio. Y, como todo genera un costo, el traslado sale en 400 pesos que, por supuesto, los patrones también les “prestan”.

Los del ingenio Emiliano Zapata “no escatiman en nada” cuando se trata de “prestarle” algo a sus trabajadores. También les fían para que compren su herramienta de trabajo (machetes, lima o afilador, garrafones). Por si fuera poco, les “dan crédito” para que durante las primeras semanas puedan comprar los alimentos y el agua que se llevan a la zafra. Por ello, las primeras tres semanas de arduo trabajo no reciben nada: están pagando. A la cuarta, según el ritmo de trabajo de cada peón, ya reciben la mitad de su jornada y al mes ya pueden cobrar “completo”. Pero existen casos como de don Rafael Rivera, de 55 años, que después de tres décadas 35 años, solo tiene deudas con el ingenio y una salud quebrantada.

El Chaco paraguayo: la servidumbre por deudas

(Extracto del informe sobre un caso concreto)

Su economía continua dependiendo mucho de la agricultura y la crianza de ganado, en el ámbito rural se observan los casos de servidumbre por deudas al cual los pueblos indígenas guaraní y ayoreo se encuentran sometidos. Las estancias tradicionales dividen la fuerza de trabajo entre trabajadores permanentes y trabajadores temporales. El código laboral paraguayo le impone a los dueños de las estancias una serie de obligaciones con sus empleados permanentes (ejemplo: alimentación y alojamiento + salario “libre”), en cambio los trabajadores temporales sólo reciben un salario “seco” o en el Perú11, donde la servidumbre se da en actividades de explotación forestal ilegal, más específicamente de tala ilegal, desarrollándose la mayoría de estas actividades en tierras de las comunidades indígenas. Las actividades de tala ilegal se dan cuando los hacendados contratan a indígenas y mestizos para trabajar en sus campos a través del engaño, se atrapa a los trabajadores en un ciclo de deudas y servidumbre que puede pasar de una generación a la siguiente. Las deudas son inicialmente creadas por los llamados “adelantos” de dinero y se mantiene por las compras subsiguientes de alimentos y bienes a crédito, además del cobro de intereses.

Bolivia: quechuas y aymaras amarrados al azúcar, las nueces y las castañas

(Extracto del informe sobre un caso concreto)          

En Bolivia, un estudio de la OIT comprobó otros ámbitos de trabajo forzoso que se dan en la producción de azúcar y en la producción de nueces castañas. El primer caso, el de las plantaciones azucareras de Santa Cruz, se trata de indígenas --quechuas y aymaras-- que son enganchados o endeudados cada año antes de la zafra de azúcar. Para pagar la deuda se los traslada a las plantaciones de azúcar donde tienen que trabajar en la zafra con toda su familia. Una vez que llegan a las plantaciones se ven obligados a adquirir más bienes en los almacenes administrados por los enganchadores o sub enganchadores a precios muy alzados. Ello conduce a un círculo vicioso de endeudamiento. En algunas plantaciones el trabajador que abandona la plantación es multado por ello. Muchos quedan endeudados al final de la zafra y tienen que regresar al año siguiente.

 El segundo caso es el de las barracas castañeras, cerca de quince mil familias trabajan en la recolección de castaña en condiciones deplorables, quienes reciben adelantos para trabajar en la zafra de la castaña en el norte de la Amazonía de Bolivia. Una vez llegados los trabajadores, de manera similar a lo que ocurre en el azúcar, pagan precios muy altos en los almacenes y sobre todo la remuneración por las canastas de castaña es muy baja. Ello conduce a un endeudamiento de los trabajadores que en algunos casos no terminan de ser pagados al final de la zafra. En otros casos, los trabajadores no reciben sus pagos a tiempo. Más aún, las dificultades para salir de las barracas son inmensas, recibiendo inclusive multas si es que las abandonan sin autorización del administrador. Estos trabajadores indígenas chacobos, yaminahuas, tacanas trabajan de 14 a 15 horas diariamente y en algunos casos son golpeados cuando no consiguen cumplir sus tareas.

Con 35 millones de dólares de aporte al Producto Interno Bruto, la explotación de la castaña se constituye en el tercer rubro de exportación no tradicional más importante de Bolivia. "El trabajo en la castaña es de tipo feudal, donde el patrón es considerado como un padre y que tiene derecho, inclusive, a escoger el esposo de la niñas de 12 a 13 años de edad"15. Hasta 2007, ni el gobierno, ni empresarios ni consumidores se han opuesto ni denunciado este delito –existen experiencias por ejemplo en los Estados Unidos, en la que se premian empresas que lideran la lucha contra el trabajo forzoso en la agricultura, o aquellos casos en que se certifican productos, los cuales no han empleado trabajo forzoso en ninguna etapa de su producción. En los últimos dos años el gobierno y la cooperación internacional han implementando programas específicos orientados a erradicar esta forma de trabajo forzoso en esta área, donde los pueblos indígenas juegan un papel importante en el proceso, es así que la Empresa Boliviana de Almendras (EBA), empresa estatal busca llegar a más de 200 comunidades indígenas, de manera que los recolectores de castaña reciban los beneficios de la zafra. Por otro lado, también los pueblos indígenas se han ido organizando para responder a este reto, la Asociación Indígena de Recolectores de Castaña Orgánica Amazónica16, es una muestra de la contraparte indígena a la iniciativa estatal.

Perú: la extracción ilegal de madera

(Extracto del informe sobre un caso concreto)

El proyecto financiado por la Fundación PUMA denominado “Manejo Sostenible de Castaña en 6 comunidades indígenas afiliadas a la CIPOAP” apoyó a la organización de la Asociación Indígena de Recolectores de Castaña Orgánica Amazónica (AIRCOA), que involucra a las comunidades Esse Ejjas de Portachuelo Medio, Portachuelo Alto y Portachuelo Bajo; las comunidades Tacanas de Miraflores, Trinidacito y Sinaí; las comunidades indígenas Yaminahua y Machineris. Los beneficiarios recibieron capacitación en organización, planificación, producción, conservación y comercialización de nuez amazónica.

En el Perú, una forma de trabajo forzoso documentada por la OIT, es el trabajo de trabajadores reclutados y retenidos para las labores de extracción ilegal de madera bajo la modalidad de habilitación y enganche que eventualmente se transforma en servidumbre por deudas. Una segunda modalidad de habilitación y enganche sucede en los campamentos madereros que practican la tala ilegal. Se trata de campamentos ilegales resguardados por personas armadas, donde trabajan adolescentes menores de edad y donde las posibilidades de fugarse de los campamentos son reducidas. No obstante, son muchos los campamentos madereros legales que tratan dignamente a sus trabajadores libres; y una tercera modalidad, quizás la más perversa que se haya encontrado en la extracción de madera, y de la cual se tienen informes escritos, fotográficos y orales es cuando grupos de madereros ilegales capturan grupos de familias indígenas de contacto reciente y los obligan a trabajar en los campamentos madereros

La Relatora Especial Erica Canqui es la autora del informe sobre Trabajo Forzoso y Pueblos Indígenas que la ONU ha presentado en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que se desarrolla en estos días en Nueva York.

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