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¿Potencias militares o mercados potenciales?

Miércoles 18 de mayo de 2011 - Las voces de alarma se han prendido: ¡América Latina vive una escalada armamentística! Los datos y el sentido común contradicen esta tesis. Conozca el buen mercado que somos y el poco ‘daño’ que hacemos.

Por Paco Gómez Nadal

21 de agosto de 2001. La BBC en español publica una nota de alarma titulada “América Latina y la carrera armamentística”. En esa noticia se especula sobre las razones del aumento en un 59% del gasto en Defensa en Suramérica en la última década y se habla, fundamentalmente, de insurgencia y conflictos internos.

10 años después: 10 de agosto de 2009. La BBC en español vuelve a la carga con un titular más matizado aunque no muy original: “¿Carrera armamentística en Sudamérica?”. La pregunta encuentra múltiples respuestas, desde la medida conclusión de la fuente principal de ambas noticias, el Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), cuyo portavoz aseguró que “no hay carrera armamentística”, hasta la más aventurada de expertos de Estados Unidos que predicen dos conflictos binacionales: Chile-Perú y Colombia-Venezuela.

Lo cierto es que la información periodística de los últimos años (y la geopolítica) ha provocado una visión clara sobre inversión armamentística en América Latina centrando el objetivo en Venezuela y oscureciendo otros aspectos. De hecho, en enero de 2001, Ian Kelly, portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, advertía que a las autoridades estadounidenses les preocupa que Venezuela esté acumulando armas. “Creemos representa un serio desafío a la estabilidad en el Hemisferio Occidental”, según recogía la agencia AP. La realidad, como casi siempre, tiene más matices.

La primera verdad parte de la oscuridad. No sabemos el gasto real en Defensa de los países de Latinoamérica y el Caribe. La falta de transparencia de los gobiernos se suma a la difícil transición de unos gobiernos militares o militarizados, en los años 80 y principio de los 90, a unas democracias aún débiles donde los ministerios de Defensa aún no tienen control de las Fuerzas Armadas. “La cultura del secreto en el sector Defensa es una realidad en América Latina. Casi todo lo que se refiere al tema está cubierto por el manto del secreto, sobre todo en los gastos militares: las cajas negras de los presupuestos nacionales”, explica Carlos Wellington Leite de Almeida, miembro del Tribunal de Cuentas de la Unión de Brasil  y de la Red de Seguridad y Defensa de América Latina (RESDAL).

En un ensayo sobre la transparencia en el control de los gastos de Defensa publicado en la revista del Consejo de Defensa Suramericano (CDS) de Unasur, el experto brasileño va más allá: “La debilidad generalizada de los Ministerios de Defensa es un elemento central en la asimetría de la información disponible. Creados en la mayoría de los casos como órganos simplemente administrativos, no han sido capaces de ejercer control sobre las Fuerzas Armadas, establecer políticas conjuntas de empleo de fuerzas, ni coordinar eficazmente la asignación de recursos  presupuestarios para el sector Defensa”.

 

La mentira compartida

Es decir, no sabemos casi nada. Pero aún si, al igual que en los datos sobre difusión de periódicos, aceptamos que la mentira generalizada permite hacer una media sobre la que evaluar la realidad, los hechos contradicen las alertas sobre un posible rearme peligroso en la región.

Los reportes periodísticos sobre armamento en Latinoamérica y el Caribe (LAC) suelen coincidir con la presentación del informe anual del SIPRI. Informe que debería preocupar más en otras latitudes donde, por cierto, no se habla de carrera armamentística. Por ejemplo, en 2009 América Latina y el Caribe se invirtieron 53.000 millones de dólares en gastos de Defensa, mientras que Estados Unidos utilizó un cheque de 663.255 millones de dólares (12,5 veces más) y Europa se dejó unos 424.000 millones de dólares (8 veces más).

Es cierto que desde 1998, cuando LAC gastó 32.000 millones, hasta 2009, el presupuesto se ha incrementado en un 65%, pero parece moderado al lado del incremento en los mismos años del 2.769% en el presupuesto militar de Arabia Saudí ( de 1.368 millones en 1998 a 39.257 en 2009), del 178% en Estados Unidos o del 121% en Europa.

Otro elemento que suele olvidarse en la crónica de la urgencia (que no de la importancia) es que mientras en los años setenta, en Suramérica, el porcentaje del PIB destinado a Defensa llegaba a superar el 6%, en este principio de siglo no llega al 2% excepto en los casos de Chile y Colombia que en 2008 consumieron el 3,5 y el 3,7%, respectivamente. La disculpa de muchos países para volver a invertir en armamento es que en la segunda mitad de los ochenta y la primera mitad de los noventa se congeló el gasto militar para controlar a los díscolos uniformados y esta estrategia sirvió en lo político pero dejó obsoletos los recursos de las fuerzas armadas de la región.

 

La potencia chilena

En el juego de los números donde se descubren elementos interesantes. Chile es, sin duda, el país que más gasta en sus fuerzas armadas. La Ley de Cobre, heredada de la dictadura de Pinochet, indica que el 10% de los beneficios que deja esta actividad minera al país deben invertirse en la renovación y equipamiento de las Fuerzas Armadas. Por esa razón, Chile invirtió en 2009 un total de 5.683 millones de dólares (el 12,5% del presupuesto nacional) en el sector Defensa, a pesar de que la ex presidenta Bachelet trató de derogar esta Ley y de que tras el terremoto del 27 de febrero de 2010 muchas voces pidieron que el excedente de la Ley de Cobre  (3.450 millones en 2009) se utilizara para la reconstrucción. No logró la reforma.

En comparación con Chile, la inversión en armamento de Venezuela parece menor ya que en 2008 fueron 3.250 millones (el 1,4% del PIB del país y el 5,18% del presupuesto nacional). Por tanto, el miedo a Venezuela se debería extender a otros países ya que el mayor crecimiento en la inversión armamentística de los últimos cinco años ha sido el de Ecuador (1.821 millones en 2009), Colombia (10.055 millones), Chile y Venezuela, sin olvidar al gigante, Brasil, que ha aumentado en un 50% su gasto de Defensa entre 2006 y 2009 (27.124 millones de dólares en 2009).

¿Quieren desactivar las alarmas? Para hacerlo solo tienen que hacer dos cosas. La primera es fiarse de los datos oficiales (lo cual ya hemos señalado como peligroso). Lo segundo es fijarse en el destino de esas inversiones. Si se pone la vista en ese rubro podría ser que el gasto en defensa de Suramérica sea, en realidad, parte de políticas populistas de generación de empleo público y clientelismo ya que la mayoría de los países gastan la mayor parte del presupuesto en el pago de personal y no en inversión (cuando los expertos internacionales consideran que las fuerzas armadas modernas no deben gastar más del 30 o 35% en salarios). Venezuela gasta en personal un 76.8% de su presupuesto de Defensa y solo el 2.34 en inversión directa, al igual que Brasil (75.3%/9%), Argentina (72.7%/2.9%) o Ecuador (80.1%/7.5%). Solo Colombia y Chile dedican el 25% del presupuesto a inversión y bajan los capítulos de personal al 44 y al 61% respectivamente.

Los datos de Centroamérica y el Caribe son absolutamente marginales en esta ecuación si se tienen en cuenta los montos y que hay varios países que formalmente no tiene ejército (como Costa Rica o Panamá) y que otros lo tienen reducido a la mínima expresión necesaria para desfiles y alboradas.

Lo que está fuera de la ecuación, y también forma parte de la “caja negra” informativa, es el tráfico ilegal, que el Centro para la Información de la Defensa calcula en  80 millones de armas, o el impacto que tienen el narcotráfico o los ejércitos paramilitares.

 

El registro suramericano

Oficialmente, Unasur, el intento independiente (ajeno a Estados Unidos) de integración y entendimiento de 12 países suramericanos, trata de ordenar la casa con el Registro Suramericano de Gastos de Defensa. Este mecanismo es uno de los objetivos del Consejo de Defensa Suramericano para 2011. Verónica Gómez, secretaria ejecutiva del Consejo de Defensa Suramericano asegura a Otramérica que “se han logrado avances en el tema y que el Plan de Trabajo se está cumpliendo de manera oportuna, incluso con adelantos en el calendario. Existe voluntad de los países de participar en el ejercicio y presentar datos que puedan ser validados y constituyan información pública y oficial”. Para Gómez, “contar con cifras oficiales, que puedan ser verificadas, será fundamental para demostrar si se trata de modernización o rearme”. Si los plazos del CDS se cumplen, a mediados de 2011 los ministros de Defensa habrán consensuado la metodología y los criterios de verificación del Registro.

Aunque se avance en el registro. la profesionalización y la transparencia de las Fuerzas Armadas en el hemisferio es, aún, una de esas asignaturas pendientes de la que no se habla mucho y sobre la que se especula todo. Los compromisos alcanzados en la Cubre de Bariloche están lastrados de nacimiento y las tensiones con países como Colombia, enfrascada en el conflicto interno que ya salpica a los vecinos, no facilitan las cosas.

Los conflictos entre países parecen poco probables, incluso en los calientes casos de Colombia y Venezuela o Chile y Perú, pero el incremento de la inseguridad relacionada con el narcotráfico, el resurgimiento de algunos movimientos guerrilleros (como en Perú o Paraguay) o las tendencias golpistas nunca olvidadas en la región (véase Honduras, Bolivia o Ecuador) pueden lustrar los mismos sables que han sumido en el terror a Latinoamérica en momentos recientes de la historia. De momento, el hemisferio no es una potencia militar, sino un mercado potencial. La transferencia de armamento de países ricos hacia Suramérica se ha incrementado un 150% entre 2005 y 2009 y países como Rusia o Francia, sin olvidar a Estados Unidos, no renuncian a firmar contratos para dotar a Venezuela de protección antiaérea o a Brasil de submarinos, todo ello muy práctico en un hemisferio sin guerras.

 

¿Sabía que el país que más armas compra en América Latina es Chile? Sabe que en la región se invierte 12.5 veces menos en armas que sólo en Estados Unidos u 8 veces menos que en Europa?

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