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El tema Panamá

Colón, entre la incertidumbre y la esperanza

sábado 11 de octubre de 2014 La ciudad caribeña de Colón nació como un pueblo ferroviario y se convirtió en una urbe de referencia por el trazado de sus calles y la monumentalidad de sus edificios. Golpeada por décadas de abandono, pobreza y delincuencia, sus habitantes se preguntan hoy si los planes de renovación del centro histórico traerá la prosperidad que anhelan, o se convertirá en un proyecto útil para los intereses del mercado inmobiliario.

Maison Blanche

Maison Blanche Ana Teresa Benjamín

Por Ana Teresa Benjamín

La ciudad de Colón es un espacio que sorprende por sus desigualdades. Por un lado tiene al mar Caribe, de un turquesa que embelesa, y a los barcos que esperan turno para transitar por el Canal de Panamá. Desde  allí también alcanzan a verse las grúas del puerto de Manzanillo: brazos gigantes que levantan miles de contenedores cada año, provenientes de todos los rincones del planeta.

Pero si una se da la vuelta y mira hacia dentro de la ciudad, más allá de la iglesia Cristo a Orillas del Mar, del Hotel Washington y del puerto de cruceros Colon 2000, se va abriendo ante los ojos un centro urbano desgastado por el abandono, maloliente por las precarias condiciones de su sistema pluvial, y atravesado por cables y tuberías que se enmarañan y aprietan por las paredes y entre balcones, buscando la luz o el agua que no llega a los caserones porque buena parte de las viviendas de Colón están condenadas.

Colón es una de las nueve provincias de Panamá, la segunda en importancia desde el punto de vista económico. Los datos oficiales indican que allí se produce el 15% del Producto Interno Bruto del país, pero solo en el centro histórico -16 calles, 35 mil habitantes- el desempleo afecta a entre el 10% y 12% de la población económicamente activa.

 

Esplendor y decadencia

La ciudad de Colón nació en 1850, cuando la empresa estadounidense Compañía del Ferrocarril de Panamá  empezó la construcción de una vía férrea para unir el Atlántico y el Pacífico panameño, con el propósito de ofrecer una ruta más rápida y segura a California, donde se había desatado la llamada “fiebre del oro”.

Los primeros edificios que se levantaron fueron apenas barracones de madera, pero con los años fue alzándose una urbe que se convertiría en una muestra de la mejor arquitectura de varias épocas, con edificios de líneas neoclásicas, art déco, neogóticas y streamline, entre otras.

La población, por su parte, fue desde el principio una mezcolanza de afroantillanos, europeos, estadounidenses, suramericanos, chinos, judíos y árabes, que dejaron su huella no sólo en las edificaciones sino en la comida, los ritmos y, por supuesto, en la manera de vivir.

En la campaña electoral panameña que terminó en mayo de 2014, el hoy presidente del país, Juan Carlos Varela (del conservador Partido Panameñista), prometió a los colonenses que  remozaría el centro histórico, y desde entonces las preguntas y comentarios no cesan…

“Se han creado expectativas, y las expectativas crean sueños”, dice el sociólogo colonense Gilberto Toro, sentado en medio del Parque Central, un espacio público abierto que recorre las 16 calles de la ciudad. “El problema es que cuando las expectativas son muy altas puedes crear frustración, y ya tenemos la experiencia del engaño…”, agrega.

Colón fue, hasta entrados los años 70, una ciudad a la que llamaban “la tacita de oro”. Su auge empezó con la puesta en funcionamiento del ferrocarril transístmico, en 1855, y en la Front Street o Avenida del Frente se instalaron comercios pequeños que atendían a los miles de aventureros y turistas. Unos años más tarde – hacia 1880- los franceses intentaron construir un canal marítimo, pero la fiebre amarrilla, la envergadura de los trabajos y la bancarrota terminaron por acabar la empresa.

Estados Unidos retomó la construcción del canal a principios del siglo XX, y en medio de la negociación para la construcción se le otorgaron derechos para administrar tierras a ambos lados de la ruta canalera, donde establecen bases militares. De alguna forma, la presencia de las bases, y sus soldados, fueron un motor para la ciudad: los viejos de hoy recuerdan la abundancia de teatros, salas de cine y cabarets; y de cómo, durante  la II Guerra Mundial y la de Vietnam, Colón se abarrotaba de marines buscando descanso y diversiones…

Hay quienes dicen que la ruina de la ciudad empezó cuando las bases se fueron, con sus soldados. Otros aseguran que Colón perdió su importancia cuando las familias dueñas de grandes fortunas se mudaron hacia la ciudad de Panamá. Muchos señalan que la marginación se ha dado porque la inversión en la provincia no es proporcional a sus aportes fiscales y los más escépticos aseguran que hay un trasfondo racial. Hace poco una autoridad eclesiástica planteó una razón interesante:  El problema es que en Colón desapareció la clase media.

“Toda nuestra historia pesa en la ciudad. Colón ha tenido sus oleajes, pero lo importante del plan de renovación es que siga siendo la ciudad que siempre ha sido”, recalca Edgardo Voitier, dirigente del Frente Amplio Colonense, organización bajo la cual se reunieron diversos sectores sociales durante las protestas del 2012, cuando el gobierno de Ricardo Martinelli intentó vender las tierras de la Zona Libre de Colón.

Para Voitier, sin embargo, los planes de restauración no deben ser solo arquitectónicos.  No basta con construir edificios para reducir el déficit de viviendas en el centro, afirma, sino que se hace necesario contemplar políticas de empleo y  resolver el tema  de los servicios públicos, por ejemplo. “El Frente plantea una visión integral del desarrollo”, explica, que no se reduce a rescatar y embellecer un patrimonio, sino a proporcionarle al colonense una mejor calidad de vida.

 

Nuevos edificios y ¿gentrificación?

Por ahora, sin embargo, las cosas parecen ir por un camino distinto. Hace poco el diputado colonense Miguel Salas dijo que ya se ha elegido el lugar para construir nuevos edificios de apartamentos:  El área de Los Lagos, en Cristóbal, en las afueras de la ciudad.

“Son 25 mil personas las que tendrán que salir de allí”, explicó el reelecto diputado del Partido Panameñista, uno de los más fuertes críticos a la venta de las tierras de la Zona Libre. “Se harán 5 mil viviendas para todas estas personas damnificadas o subsidiadas”, agregó, refiriéndose a las víctimas de incendios que han vivido en caserones derruidos durante años.

Toro advierte un riesgo en este plan. “Aquí ya existen precedentes perversos de reubicación, como los proyectos de Río Alejandro y La Feria”, que terminaron convirtiéndose en nuevos guetos.

El remozamiento de la ciudad contempla revivir el proyecto de “Colón Puerto Libre”, que consiste en promover el uso mixto del espacio de antaño: tiendas en las plantas bajas de los edificios y viviendas en la parte superior, con la idea de generar movimiento comercial en un centro urbano que hoy palpita entre la pobreza, la delincuencia y la incertidumbre.

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