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El tema Análisis (II Parte)

Las incertidumbres bajo la mesa de las elecciones ticas

viernes 04 de abril de 2014 La inédita segunda vuelta electoral que va a vivir Costa Rica este domingo abre muchas incertidumbres. ¿Están las élites abandonando al PLN para pactar con el PAC? ¿Hay una resistencia activa de los caudillos del PLN ante la decisión de su candidato de retirarse? ¿Podrá Luis Guillermo Solís y el propio Tribunal Electoral evitar la deserción ciudadana de este proceso?

Una ciudadana se toma una foto con el casi seguro presidente electo, Luis Guillermo Solís.

Una ciudadana se toma una foto con el casi seguro presidente electo, Luis Guillermo Solís.

Por David Solís Aguilar

Un mes antes de la fecha para la segunda vuelta presidencial en Costa Rica (este 6 de abril) uno de los dos contendientes “tiró la toalla”: el candidato del oficialista PLN[1] Johnny Araya. Esa decisión transformó la campaña electoral y puso al país en una situación inédita. Así las cosas, este domingo 6 de abril, el TSE[2], como ente organizador de la contienda electoral sin contendores, deberá garantizar transparencia e imparcialidad; el oficialista PLN y su “retirado de campaña” deberán enfrentar su anticipada derrota electoral; y el opositor PAC[3], con Luis Guillermo Solís como hipotético presidente electo, apuesta a recibir un “mandato contundente” en las urnas. Es así que la ciudadanía costarricense irá a las urnas este domingo. Su (in) decisión electoral no ha sido estimada estadísticamente por nadie desde el 5 de marzo.

 

La ciudadanía entre-vueltas electorales

Sobre las decisiones del electorado costarricense y sus causas cabe considerar la información generada por el CIEP-UCR[4], que en su estudio poselectoral[5] de febrero pasado, o sea posterior a la primera vuelta del 2 de febrero, señala varias causas del ajustado triunfo del candidato Solís sobre el oficialista Araya, y que dejaron fuera del balotaje al candadito izquierdista, José María Villalta del Frente Amplio, con la tercera votación mayor.

El estudio del CIEP-UCR señala al “deseo de cambio”[6] de partido en la conducción del gobierno como aspecto que mayoritariamente influyó en la decisión de voto. Fue entonces que el candidato Solís del PAC logró escalar desde un quinto puesto en las encuestas del mes de diciembre a ser el ganador de la primera vuelta aprovechando, posiblemente, simpatías dispersas hacia el oficialista Araya y hacia el izquierdista Villalta que finalmente éstos no lograron consolidar[7]. También apunta el informe que “forma de pensar, de hablar e ideas”[8] de Solís lo hicieron subir rápido en la preferencia de voto. Solís logró buenos resultados en “debates” televisivos durante enero que le ayudaron a colocarse como un candidato “neutral” en medio de la campaña sucia contra Villalta, y como candidato de “centro” pero con vocación del “cambio” respecto de sus contendientes oficialistas o de derechas.

El deseo de “cambio” fue bien leido por los candidatos que fueron desde el ofrecimiento de las propuestas con más o menos vocación radical como la de Villalta, pasando por el “centrismo” de Solís, luego por el retórico “regreso a la raíces socialdemócratas” del oficialista Araya, y hasta el más gatopardista Guevara con su propuesta liberal-conservadora; este último tipo de “cambio” fue especial protagonista del proceso electoral, según el sociólogo Manuel Rojas[9]. Tal voluntad de “cambio” es colocada como una búsqueda de la ciudadanía de un gobierno que no sea corrupto y que atienda los temas urgentes para el país, según la socióloga Ciska Raventós. Pero para entender los resultados de la primera vuelta hay que sumar dos factores más a la búsqueda ciudadana del “cambio”: la debilidad y desprestigio de los partidos políticos que dificulta la negociación para establecer coaliciones/alianzas como alternativa; y el peso que poseen los poderes fácticos en el proceso electoral, en el que son actores no formales de primer orden que limitan las posibilidades reales de cambio.[10]

Esta misma ciudadanía justo después de la primera vuelta, y según las encuestas,  mantuvo la preferencia por el “cambio” que ofrecía Solís frente al oficialismo de Araya. Solís figuraba con el 64,4% de intención de voto y Araya, tan solo con el 20,9%, según el mencionado estudio post-electoral del CIEP-UCR publicado el 5 de marzo[11]. Ese mismo día, apabullado por la tendencia, el candidato oficialista Araya junto al “comando de campaña” presentó en conferencia de prensa su “retiro”, debido a razones evidentes y a otras discutibles.

 

El retiro de Araya y ¿de su partido?

El “retiro” de la campaña electoral del candidato oficialista Johnny Araya para la segunda vuelta de la elección presidencial se anunció en vivo por noticieros televisivos con argumentos que incluían la falta de presupuesro del PLN de cara a la segunda vuelta electoral, el reconocimiento a la voluntad de “cambio” del electorado, y la aparente irreversibilidad del creciente apoyo a Luis Guillermo Solís. La holgada diferencia en la intención de voto entre ambos candidatos (de casi 3 a 1) fue un hecho que hablaba por sí solo, pero no sería justificación suficiente para que un candidato desista de competir por los votos mediante acciones de campaña.

Hay que tener en cuenta que la renuncia es más formal que real, ya que el Art. 138 de la Constitución Política indica que la ésta no es posible para los candidatos presidenciales y sus vicepresidentes en disputa en la segunda vuelta. Por tanto, en lo formal, la campaña continuó normalmente hasta ayer jueves, cuando inició la “tregua” electoral. El izquierdista Frente Amplio y su excandidato presidencial Villalta se encuentran al margen de la segunda vuelta de este domingo porque no existe mecanismo legal para "reemplazar" a un candidato por el candidato con la tercera mayor votación en la primera vuelta. Recordemos: la "renuncia" no existe legalmente.

La difuminada voluntad de “cambio” del electorado y, por tanto, el rechazo al continuismo del PLN estuvo tras la decisión de Araya, tal como reflejó su caída libre en las encuestas, tanto la post-electoral del CIEP, como por resultados arrojados en varios estudios contratados por el PLN de forma privada a empresas encuestadoras. A todos ellos, se sumó un último estudio que el diario La Nación contrató a la firma Unimer pero que, a horas del cierre de la campaña electoral de primera vuelta, el tradicional periódico de las élites ticas decidió de manera no publicar[12].

Si ya el panorama pintaba mal para Araya,  debió terminar de convencerlo su disponibilidad escasísima de recursos económicos del aporte de ley que el Estado a través del TSE hace a los partidos políticos para la campaña electoral. Los malos resultados de la primera vuelta (29.7% para las presidenciales y 18 escaños en el Congreso) limitó la asignación al PLN y no llegabaa los gastos de más de 11 millones de dólares en los que estimaba el presupuesto de campaña hasta el 5 de marzo. Las deudas de la primera vuelta, que esperaban cubrir con donaciones privadas que no cubrieron sus expectativas, tambien lastraron su candidatura. Araya estaba casi solo: además del alejamiento de sus donantes tradicionales –empresas privadas locales-, las más influyentes fracciones de la burguesía local lo abandonaron en medio del declive electoral.

Parecería ser incuestionable el retiro de Araya ante del cese de sus actividades públicas, pero lo cierto que su candidato vicepresidencial, así como diputados del PLN y dirigentes  territoriales han continuado la campaña en todo el país, aunque sin los millones que tuvieron para la primera vuelta. Esta actitud parecería reflejar no solo el descontento de partidarios más “orgánicos” del PLN, sino también las divergencias por la decisión del candidato Araya. De hecho, esta es la prueba de las conocidas disputas en dicho partido entre camarillas lideradas por pequeños caudillos que arrastran cuotas de poder interno desde la década de 1980, a partir de su posición en gobiernos anteriores, su representatividad de grupos de la burguesía, o su financiación sistemática para el funcionamiento y campañas del PLN. Parece entonces que la maquinaria electoral del PLN que llevó a Araya al segundo puesto en la primera vuelta no se ha apagado, y que espera propinar sorpresas al PAC, tal vez más a niveles regionales que en el resultado presidencial que conoceremos el domingo por la noche. El PLN, mayoritariamente, no se retiró de campaña electoral.

 

¿Por dónde viene? ¿Hacia dónde iría?

El retiro de Araya ha sido interpretado por algunos como una maniobra del PLN  y de la burguesía que aglutina como un esfuerzo por “perder lo menos posible”. Pero hay otras hipótesis que van tomando cuerpo.

¿Cómo la burguesía, en sus distintas fracciones, estarán dispuestas a perder a su candidato, al de su partido histórico? Esto puede empezar a explicarse con base en la interpretación de que en esta contienda electoral abrió un nuevo camino para la reconfiguración de la hegemonía política en el país ostentada por dichos grupos socio-económicos y que pasaría por cambiar al PLN como principal instrumento político-electoral y de gobierno para poner la atención en el PAC como nuevo instrumento, aprovechando la influencia de los sectores derechizados del partido y, por otra parte, incrustando sus demandas como puntos de prioritaria atención en el próximo gobierno de Luis Guillermo Solís.

Sobre ese viraje en la política de los “poderosos” con relación al PAC y la asimilación de esta por el inminente –pero aún por definirse- gobierno de Solís hay múltiples hechos durante campaña electoral que tienen significativa importancia. Por ejemplo, el alejamiento y ataque de “baja intensidad” de Solís al izquierdista Villalta durante enero o la negativa de Solís para dialogar con el partido de Villalta de cara a esta segunda vuelta, hecho que de no ser por “retiro” de Araya le costaría una fuerte derrota este domingo al PAC en las zonas periféricas (costas y fronteras) del país donde el Frente Amplio de Villalta fue la segunda fuerza electoral. El otro hecho es que Solís, después de la primera vuelta, dedicó el mes de febrero a establecer los más variados diálogos con sectores empresariales del país, abriéndoles las posibilidades de hacer abiertamente incorporación de sus intereses en la agenda de su eventual gobierno con el supuesto fin de “negociar” con sectores sociales, lo cual nunca pasó de reuniones a puerta cerrada bañadas en retóricas democráticas pero motivadas por fuertes intereses económicos.

 

El día de la votación

De cara a la elección presidencial del domingo surgen distintas discusiones para cada actor, así el PLN pretende generar una sorpresiva movilización de simpatizantes que le permita obtener una victoria a pesar de tener un candidato “retirado” como adelanto a ser derrotado. El TSE procurará superar los cuestionamientos por la pérdida de papeletas en la fase de impresión mediante nueva “medidas de seguridad” pero, más aún, el TSE procurará abrir y cerrar sin contratiempos todas las juntas receptoras de votos (JRV) –misma cantidad que en la primera vuelta-, ya que teme la ausencia de los delegados que contrató para la elección febrero y que podrían no presentarse el domingo por desinterés.

En esta recta final, el PAC y Solís apuestan de manera algo irreal a obtener un millón de votos, tal vez atados a la esperanza que las giras del candidato por el país durante marzo y la escasa campaña de publicidad pautada en medios sean lo suficientemente efectivas para que la ciudadanía salga de una apatía electoral aumentada después de percibir a Solís como “casi-presidente”. Tal votación estimada no solo sería un mágico antídoto al abstencionismo que crecerá, sino como insuficiente justificación de “a más votación, más legitimidad del mandato” de Solís, lo cual sería tan solo un adorno procedimental, según el politólogo Gerardo Hernández. O sea, la legitimidad del nuevo gobierno deberá ser construida en el diálogo como ejercicio político con los sectores que urgen de cambios reales y no con el patrocinio a los que por décadas han inflado sus bolsillos a costas de disparar la desigualdad social.



[1] Partido Liberación Nacional, al que pertenece la presidenta Laura Chinchilla (2010-2014), y el expresidente Oscar Arias (1986-1990, 2006-2010), fundado en 1951, otrora socialdemócrata pero con consolidada praxis neoliberal.

[2] Tribunal Supremo de Elecciones.

[3] Partido Acción Ciudadana, fundado en 2000, autodefinido como “progresista”, socialdemócrata, socialcristiano y anti-neoliberal.

[4] Centro de Investigaciones y Estudios Políticos, de la Universidad de Costa Rica.

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