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El tema Derechos Laborales

Invisibles

viernes 08 de julio de 2011 Invisibilidad; desigualdad; discriminación salarial, de género y social; explotación; horarios abusivos y desprotección social son las señas de identidad del trabajo de las empleadas de hogar, que superan los 11 millones en Latinoamerica.

Jornadas de hasta 65 horas a la semana, salarios por debajo del mínimo, violencia física y psicológica... el trabajo doméstico en América Latina es femenino, urbano y esclavizante.

Por Pilar Chato

“Libertad, equidad, seguridad y dignidad humana”, son las bases para definir el trabajo decente. En América Latina las mujeres que laboran en el servicio doméstico superan los 11 millones, algo más de 14% de la fuerza de trabajo urbano femenina, ¿Cuántas pueden decir que su trabajo cumple con esas premisas? La situación del denominado Trabajo Doméstico Remunerado (TDR) en la región, según informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de UNIFEM, es desalentador: invisibilidad (para la legislación laboral y como fuerza productiva); desigualdad; discriminación salarial, de género y social; explotación; horarios abusivos y desprotección social.

El servicio doméstico sigue siendo uno de los sectores económicos con mayor déficit de trabajo decente y sus trabajadores y, especialmente, trabajadoras se estancan en los escalones inferiores de la jerarquía laboral y social. Bajos salarios e insuficiente protección social caracterizan al trabajo doméstico en la actualidad, una desprotección legislativa que se debe en parte, destaca la OIT, al hecho de que el trabajo doméstico, debido al lugar donde se realiza -en el hogar- permanece virtualmente invisible a los ojos públicos, siendo además extremadamente difícil su fiscalización.

El trabajo doméstico es predominantemente urbano y femenino, de hecho solo llega al 2% de ocupación masculina en el caso Paraguay, el resto está por debajo. En numerosos países constituye la primera fuente de empleo femenino no agrícola. Contrariamente al imaginario popular, en Latinoamérica la población indígena apenas representa el 3% de los trabajadores domésticos. Guatemala es la que más alcanza rondando el 25%, Panamá con un 8% también supera la media. Afecta tambien, el algunos casos concretos, a los menores.

Limosna doméstica

Las estadísticas y las comparaciones, al margen de los análisis, son demoledoras. En los países donde existe salario mínimo oficial para el servicio doméstico éste es el menor o está entre los menores de los salarios mínimos establecidos para las distintas actividades económicas. A pesar de ello, la mayoría de las trabajadoras domésticas tiene una remuneración inferior al mínimo establecido por ley en cada país. Solo a modo de ejemplo: en Panamá el 62% de las mujeres que laboran como trabajadoras domésticas gana entre 50 y 100 dólares al mes; un 23% gana entre 101 y 150; un 7% entre 151 y 200 y tan solo el 8% gana más de 200 dólares

Las trabajadoras a tiempo completo, con dormida dentro, presentan una mejor situación salarial que las que no duermen en los hogares contratantes en casi todos los países, sin embargo, esta modalidad implica trabajar muchas más horas con un promedio de 65 horas a la semana; 50 horas con tiempo completo y dormida afuera; y 30 horas en las personas con la modalidad de tiempo parcial.

Según un informe de la OIT, Argentina, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Venezuela no tienen regulado el horario laboral de estas trabajadoras. Solo Brasil, Perú y Uruguay lo fijan en 8 horas, mientras que en Bolivia, Chile, Costa Rica y Colombia oscilan entre las 10 y las 12 horas, incluido el descanso.

En la mayoría de los países latinoamericanos las trabajadoras domésticas están aún sujetas a una legislación especial que las pone en desigualdad de condiciones en relación con el resto de los ocupados. A ello se agrega la difícil fiscalización del cumplimiento de los derechos adquiridos y las limitadas oportunidades de organización y reivindicación colectiva de derechos, principalmente por el aislamiento en que se realiza esta actividad.

Violencia en silencio

El Fondo de Desarrollo para la Mujer de la ONU (UNIFEM) y Agenda Económica de las Mujeres (AGEM) realizaron un estudio publicado en 2008, basado, entre otros aspectos, en encuesta a mujeres de Centroamérica y República Dominicana. Según sus resultados, la violencia en cualquiera de sus manifestaciones parece ser un riesgo consustancial al trabajo doméstico remunerado: un 22% del total de encuestadas reportó haber vivido violencia física, un 11.2% haber sufrido acoso sexual y 6.3% haber sufrido violación, y todas estas en el hogar contratante. Las tasas más altas fueron en Guatemala y Honduras. El 45% dijo haber sufrido alguna otra situación de maltrato o discriminación, con especial fuerza el maltrato verbal.

El ingreso laboral de casi el 80% de las mujeres que participaron en el estudio de UNIFEM y AGEM representa la mitad o más del ingreso familiar total; y más de la mitad de las encuestadas reportó 3 ó más personas dependientes, total o parcialmente, de sus ingresos. Solo en Honduras y Panamá la mayoría de las trabajadoras domésticas destinan la mitad o más de sus ingresos laborales para su uso personal. Cuatro de cada diez trabajadoras domésticas encuestadas reconoció que existía conflicto entre su vida laboral y familiar (Nicaragua supera el 50%). Estos porcentajes se elevan si la media se hace solo con las mujeres que tiene hijas e hijos menores de 18 años.

Según este estudio, las horas extras no parecen ser muy frecuentes, apenas un 20% de las encuestadas reportó trabajarlas. Algo que no parece extraño viendo los horarios en el sector. Sin embargo, es importante resaltar que más de la mitad de ellas no recibía ningún pago por ellas; y que un 90% de estas trabajadoras no recibe el pago doble.

Un de cada cuatro encuestadas reportó no tener vacaciones (por encima del promedio, se ubican El Salvador, República Dominicana y Nicaragua); poco más de un 20% no las recibe con goce de sueldo (superando el 30% en El Salvador y Nicaragua); y alrededor de un 30% disfruta de menos de 14 días anuales de descanso (superando el 60% en Guatemala y Honduras). Es importante destacar que entre las encuestadas en 2008, pocas cuentan con un contrato escrito.

La continua vulnerabilidad que caracteriza al trabajo doméstico está vinculada, advierte la OIT, no sólo a la ausencia o restricción de derechos laborales, sino a la persistente subvaloración de actividades que concentran un gran porcentaje de mujeres, por una parte, y a las dificultades en la clasificación del trabajo doméstico como una actividad que genera una relación laboral entre empleado y empleador.

La situación no mejora

Su análisis es de 2008 pero no han variado mucho las cosas desde entonces. El estudio de UNIFEM y AGEM, editado por el Consejo de Ministras de la Mujeres de Centroamérica, advertía que en dos de los siete países analizados, Panamá y República Dominicana, no se identificó ninguna iniciativa orientada específicamente al mejoramiento del marco legal que regula el trabajo doméstico remunerado. En el resto de los países (todo Centroamérica), con la excepción de Costa Rica, el número de iniciativas en casi 20 años era muy escaso y el número de éxitos en estas iniciativas todavía menor.

El trabajo doméstico representa hoy en día, en el mundo, una parte importante de la fuerza laboral, especialmente en los países en vías de desarrollo. En efecto, el número de trabajadoras domésticas en el mundo ha aumentado a más de 100 millones, de los cuales cerca de 14 millones son mujeres latinoamericanas, y se proyecta que esta tendencia seguirá aumentando en el futuro.

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