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El tema La otra mirada

Juan Pablo II: La ortodoxia contra la Teología de la Liberación

domingo 01 de mayo de 2011 El beatificado Papa Juan Pablo II devolvió a la Iglesia la ortodoxia que el Concilio Vaticano II trató de flexibilizar y, en su particular guerra contra el comunismo, frenó y cercenó la expansión de la Teología de la Liberación.

Juan Pablo II

Juan Pablo II

“Hubo una gran contradicción entre las actitudes del Papa y sus enseñanzas. Hacia afuera, se presentaba como un paladín del diálogo, de las libertades, la tolerancia, la paz y el ecumenismo. Pero dentro de la Iglesia acalló el derecho de expresión, prohibió el diálogo y produjo una teología con fuertes tonos fundamentalistas”. Leonardo Boff

Por Redacción Otramérica

Detrás de la imagen del Papa viajero, del Papa amable, del Papa de los jóvenes, del Papa ‘de todos’, hay otras realidades. La beatificación de Juan Pablo II no ha gustado a todo el mundo católico ni a todos los católicos. En los últimos meses surgieron también las voces en contra, solapadas o silenciadas por la ‘historia’ oficial del Vaticano y el espectáculo mediático diseñado en torno a la ceremonia del domingo 1 de mayo. El apoyo del hoy beato al fundador de los Legionarios de Cristo, el padre Maciel, denunciado por abusos sexuales a menores y por mantener  una doble vida con dos mujeres y varios  hijos, o su férrea oposición a la Teología de la Liberación y sus implicaciones para el destino político de Latinoamérica son parte de las historias contadas en voz baja.

“¿Cómo va a ser declarado santo el que protegió al padre (Marcial) Maciel y  su orden los Legionarios de Cristo?", se preguntaba el pasado mes de enero el sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, uno de los pilares de la Teología de la Liberación, cuya imagen arrodillado en el aeropuerto de Managua reprendido por Juan Pablo II en 1983 dio la vuelta al mundo. Este mismo mes de abril de 2011, cincuenta destacados teólogos de Alemania, entre ellos Hans Küng, firmaban una carta en contra de la beatificación de Juan Pablo II por no haber prestado el debido apoyo, siendo Papa, al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado hace 31 años y cuyo expediente de beatificación no ha contado con el vertiginoso trámite del del Papa viajero. Los firmantes, que critican su especial cercanía con el Opus Dei y con Escrivá de Balaguer, consideran que con su postura hacia la Teología de la Liberación y su falta de apoyo a Romero "traicionó" a la población más pobre y reprimida de Latinoamérica.

En esta misma carta, el político de la Unión Cristianodemócrata (CDU) Heiner Geisler, reconoce el papel desempeñado por Karol Wojtyla en la caída del bloque del Este, pero considera que su anticomunismo le cegó a la hora de reconocer el abuso de poder de la Junta salvadoreña que asesinó a civiles indefensos en nombre de la causa antisoviética.

Precisamente, Benedicto XVI, durante la ceremonia de beatificación del 1 de mayo, se refería a la lucha de Juan Pablo II contra el comunismo al afirmar que "devolvió a la fe la esperanza usurpada por el marxismo". No hizo referencia, por supuesto, a los detalles oscuros del largo papado del polaco.

Los cierto es que Juan Pablo II inició su papado en un momento en el que la Iglesia se centraba por fin más en el hombre que en los asuntos místicos, influida por el ‘revolucionario’ Concilio Vaticano II (1962-1966), y en unos años en los que ese viraje hizo que muchos cristianos ingresaran en los movimientos sociales de liberación y hasta en frentes armados, mientras numerosos obispos y cardenales asumían un papel destacado en el combate a las dictaduras militares y en la defensa de los derechos humanos, entendidos principalmente como derechos de los pobres. Su nombramiento generó aplausos y esperanzas en América Latina con sus mensajes en favor de los pobres. Pero en realidad, su pontificado se sitúo desde del inicio en el lado opuesto, frenando unas tendencias que se estaban haciendo dominantes y que esperanzaban a los latinoamericanos católicos.

La Teología de la Liberación no pudo tampoco cambiar la posición ortodoxa que Juan Pablo II hizo suya desde el Vaticano. Este pidió a la Congregación para la Doctrina de la Fe (la heredera contemporánea y edulcorada del Tribunal de la Inquisición) un extenso estudio sobre este movimiento que se tradujo en dos textos de 1984 y 1986 (Libertatis Nuntius -Instrucciones sobre Algunos Aspectos de la Teología de Liberación- y Libertatis Conscientia -Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación) que, aunque dirigidos a sistematizar este movimiento dentro de la Iglesia, expresan la seria reserva del establecimiento católico hacia la Teología de la Liberación y plantean que sus planteamientos marxistas son erróneos.

Hay quienes creen que si bien no llegó a enterrarla, Juan Pablo II sí detuvo la expansión de la Teología de la Liberación, que él interpretó alineada con el comunismo. El obispo Bernardino Piñera, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile en la década de los 80, cree que sí frenó la Teología de la Liberación, mientras el arzobispo Tomás Balduino opinaba en una entrevista en 2005 que con Juan Pablo II “retrocedió”, porque creó una iglesia “mucho más clerical, masculina, ortodoxa, centralizadora, sin visión de pueblo de Dios”.

Sin embargo, el teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los más conocidos abanderados de la Teología de la Liberación, está convencido de que la ‘iglesia de los pobres’ está aún vigente, principalmente en América Latina, África y Asia. Sostiene que no fue frenada y continuará extendiéndose, porque no depende de la jerarquía de la Iglesia, sino de sus bases. "La teología [de la liberación] está viva en aquellas iglesias que hicieron la opción por los pobres y la justicia social, en aquellas iglesias que tienen comunidades de base, que trabajan con los sin tierra, con los negros, con los indios”.

El teólogo brasileño fue uno de los muchos castigados por el Vaticano de Juan Pablo II a raíz de la Teología de la Liberación. En 1984 la Congregación de la Doctrina de la Fe lo juzgó por uno de sus numerosos trabajos y lo condenó a un año de silencio.

A su juicio, Juan Pablo II organizó la restauración conservadora en todo el continente Latinoamericano: “desplazó a obispos proféticos y designó a obispos distanciados de la vida del pueblo, cerró instituciones teológicas y sancionó a sus docentes”. “Hubo una gran contradicción entre las actitudes del Papa y sus enseñanzas. Hacia afuera, se presentaba como un paladín del diálogo, de las libertades, la tolerancia, la paz y el ecumenismo. Pero dentro de la Iglesia acalló el derecho de expresión, prohibió el diálogo y produjo una teología con fuertes tonos fundamentalistas”.

Juan Pablo II oficializó el pensamiento único dentro de la Iglesia y todo ello lo indujo a una fundamental incomprensión de la Teología latinoamericana de la Liberación. A juicio de Leonardo Boff, el Papa tuvo una visión “corta y simplista” de este tipo de teología, que interpretó con la lógica de sus detractores. “La interpretó como un caballo de Troya del marxismo que él estaba obligado a denunciar, en razón de la experiencia adquirida sobre el comunismo en su Polonia natal. Se convenció de que el peligro en Latinoamérica era el marxismo, cuando el verdadero peligro siempre ha sido el capitalismo salvaje y colonialista con sus élites antipopulares y retrógradas”.

Hay quien dice que si su actitud hubiera sido la de apoyar a los pobres y comprometer a la Iglesia con las reformas en nombre del Evangelio otro hubiera sido el destino político de América Latina. Y de la Iglesia.

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